No era secreto para nadie que el partido ante los subcampeones del mundo sería difícil, pero pocos lo habrán imaginado tan emocionante. Los Pumas impregnaron de sangre la camiseta y se quedaron con el primer duelo ante Francia, por 23 a 21. El score final da una idea de lo apretado que fue todo.
El arranque fue de color azul Francia. Los galos tuvieron el control de la pelota y con ella manejaron los hilos del partido. El 15 argentino sólo atinó a defenderse poniendo el corazón, y eso permitió que el tanteador se mantuviera equilibrado.
A "les bleus" les sobró paciencia durante los primeros 40 minutos, pero les faltó sorpresa y claridad en los últimos metros. Al no poder capitalizar su dominio, debieron conformarse con irse al descanso ganando apenas 14 a 13.
Terminar el primer tiempo con ese margen mínimo fue lo mejor que podía pasarle a Los Pumas. En la segunda parte, los locales se posicionaron en campo francés, pero sin demasiada profundidad para atacar. Su rival parecía conformarse con lo hecho, aunque siempre atento para aprovechar los espacios que dejaba la defensa argentina.
Al partido le fueron quedando pocas luces. En el scrum, ambos se las ingeniaban para obtener con claridad y en el line se alternaban buenas y malas. Todo estaba dado para que en algún descuido apareciera la picardía individual, y Los Pumas tomaron la posta de la mano de Felipe Contepomi, que jugó con el pie y permitió la carrera de Manuel Montero. El velocísimo wing, con la audacia propia de la juventud, se largó a un galope soñado para cualquier debutante: hacia el ingoal y para apoyar el try que significaba la victoria. El "mellizo" aportó la conversión y el resto fue anecdótico.
Al margen de la gran cuota de sufrimiento, fue un triunfo inobjetable el conseguido por los argentinos. La revancha se jugará el sábado en Tucumán...