"Me parece que todavía muchos hombres no se sienten embarazados desde un principio. Hay poco estímulo social para darnos cuenta de que el embarazo es de la pareja y no solo de la mujer", afirma Sergio Sinay, siempre dedicado a estudiar los vínculos humanos y a indagar en los problemas de los hombres y de la familia.

Autor de 23 libros, buena parte de ellos vinculados con la paternidad, Sinay conversó con LA GACETA desde Buenos Aires. "Hay hombres que sueñan con ser padres y que se dan cuenta de la paternidad desde antes de concebir. Pero hay otros que no lo hacen hasta pasada la pubertad de sus hijos, ya que solo fueron padres desde la provisión económica (y a veces ni eso)", advierte el especialista.

"Con un padre que se asumió a tiempo -continúa-, probablemente crezca una persona mucho más segura de sí misma. Con un padre presente se construye una masculinidad más rica, que expresa libremente sus emociones y eso le permite a un varón desarrollarse como hombre y no como macho, que no es lo mismo. Para las mujeres también es importante, porque se sienten más valoradas: la mirada del padre es importantísima, es el primer hombre de su vida, es una mujer que crece más firme y que tiene menos riesgo de fracaso afectivo, o de ser una persona que ceda fácilmente en cosas con las que no está de acuerdo".

Sinay sostiene una visión bastante particular y original sobre el machismo y afirma que el hombre muchas veces está desplazado en la crianza de los hijos y, de alguna forma, la "víctima" termina siendo él mismo: "una de las características del machismo es decir que el varón trabaja y proveé y la mujer es madre y nada más que madre. Si bien las consecuencias laterales de este modelo las sufren las mujeres y los hijos, los primeros afectados son los hombres, porque no tienen lugar y se pierden del enorme alimento afectivo que es participar de la crianza de los hijos. Eso tiene consecuencias físicas directas; no por nada nos morimos antes que las mujeres...", señala. Esto es lo que desarrolla en profundidad en su libro "La masculinidad tóxica".

El autor, padre de un solo hijo, discute aquella visión que sostiene que las madres están más preparadas naturalmente para serlo: "es muy discutible, creo que es algo que se instala culturalmente y que deriva en que los hijos terminen 'siendo más' de la mamá que del papá, que las mujeres 'sepan más' de los hijos; es por una cuestión de cercanía. El psiquiatra norteamericano Frank Pittman dijo que esta sociedad padece de 'hambre de padre', a lo que yo agrego empacho de madre", afirma.

Según Sinay, o hay instinto para los dos o no lo hay para ninguno. "El padre no puede tener el lugar de ser solo un proveedor económico -enfatiza-. Incluso eso se volvió precario ya, porque las mujeres también aportan, entonces el hombre estaría quedando como un donador de esperma y nada más".