Aída muestra las manos. "Miren", dice con una sonrisa, y exhibe palmas curtidas por el trabajo en el campo. La piel bellamente trabajada por la tierra. Los dedos felizmente exhaustos de tanto escarbar raíces y enderezar tallos. Aída muestra sus manos y vale reconocer que son un trofeo.
Había que verla entre el gentío. Charlando con cada transeúnte, aconsejando cómo cuidar los plantines, eligiendo la especie adecuada (para el fondo, el balcón, el living), organizando, abrazando a la Pachamama, atendiendo el celular. Estaba ansiosa, tal vez desconfiando del éxito de la iniciativa. Pero el optimismo aventó los nubarrones y se vino de Río Seco con 5.000 plantitas para regalar.
¿Por qué? Porque sí. Porque está bien. Porque es un poquito educación y otro poquito ejemplo. Así. Con la decisión de una gringa corajuda. Las 5.000 plantitas volaron en un abrir y cerrar de ojos. Aída, por si hace falta apuntarlo, es de esas personas que hacen de Tucumán un lugar en el que vale la pena vivir.