La cultura de la delgadez comenzó a invadir la sociedad hace varios lustros y no precisamente entre los pobres, que la aceptan porque no tienen otro remedio. Las "gorditas renacentistas" que lucen bellas y sensuales en las pinturas y esculturas de Fernando Botero, se fueron convirtiendo en escuálidas sirenas. La moda cambió y la comida "chatarra" pasó a ser el pan nuestro de cada día en miles de hogares. El culto por la flacura, estimulado por la publicidad constante, trajo consigo, entre otras cosas, la discriminación a los gorditos y los obesos.
Marginados por una gran parte de las fábricas de ropa y con frecuencia maltratados por los vendedores, los rellenitos pasan "las de Caín" cuando van a comprar indumentaria. "Hasta cuando iba a comprar ropa para mis primas, que son delgadas, sin preguntarme nada las vendedoras me miraban de arriba a abajo y me decían 'no tengo talles grandes'", le contó a nuestro diario una joven de 24 años, que padece obesidad en grado 3.
Si bien desde 2005 Tucumán posee una Ley de Talles para evitar este tipo de segregación con las personas que sufren sobrepeso, esta no se cumple porque "es inaplicable", según una legisladora y el subdirector de comercio Interior. "La ley no preveía sanciones. Debido a ese, entre otros factores, era necesario reemplazarla. El proyecto actual prevé sanciones y hace obligatorio el registro de comerciantes y fabricantes, que actualmente es voluntario", dijo la legisladora. La nueva norma obligará a las fábricas y comercios de ropa a contar con prendas en todos los tamaños, y que estas se ajusten a las normas IRAM sobre medición del cuerpo, medidas de identificación, designación de talles y etiquetado de artículos. Se contemplarán sanciones que van desde multas hasta la clausura del local. Por su parte, el funcionario de Comercio Interior opina que es muy difícil efectuar el control. "Si un inspector va al establecimiento y no encuentra talles grandes pueden decirle que se vendieron todos. ¿Y cómo se comprueba eso? La facturación no sirve porque no incluye el talle que se vende", afirmó.
Al parecer, también es ignorado el artículo 8 bis de la Ley de Defensa del Consumidor, que señala: "Los proveedores deberán garantizar condiciones de atención y trato digno y equitativo a los consumidores y usuarios. Deberán abstenerse de desplegar conductas que coloquen a los consumidores en situaciones vergonzantes, vejatorias o intimidadoras. Tales conductas, además de las sanciones previstas en la presente ley, podrán ser pasibles de la multa civil".
En mayo de 2008, dos negocios de la calle Mendoza al 600 y 700 decidieron mostrar los talles grandes en maniquíes más gorditos que los habituales en las vidrieras e incrementaron las ventas. "Hemos comprobado la presencia de estos maniquíes ayudó a levantar la autoestima de las clientas. Ellas mismas nos dicen que se sienten tenidas en cuenta e incluidas en la sociedad", contó entonces una vendedora.
Si tanto a las fábricas como a los comerciantes les interesa vender, no se comprende el porqué de esta discriminación. Se trata, por cierto, de una actitud inhumana con estos conciudadanos, víctimas de una absurda segregación. ¿Qué sucedería si las personas con sobrepeso fuesen mayoría o si la moda fuera la de las "rellenitas"? El Estado debe garantizar la igualdad de derechos y no permitir esta exclusión aberrante que debería avergonzarnos.