Organizar un salón temático conlleva un riesgo, porque desde su propio título el espectador sabe o intuye de qué va; es un verdadero desafío, ciertamente, ante la siempre presente tentación de la obviedad. Este riesgo existe en el programa de la Asociación de Prensa, en esta su tercera edición, dedicado a "Los derechos de la mujer". La muestra puede apreciarse en la sala Spilimbergo del Museo Timoteo Navarro. Previsible, la imagen de Eva Perón y de Susana Trimarco, o sus nombres, aparecen en algunos trabajos, como así también los temas actuales que sufre la mujer y que, desde hace meses, están en la agenda nacional: torturas, vejaciones, trata de personas y hasta la infibulación, presentada en un conmovedor trabajo de Alejandro Gómez Tolosa ("Donde el amor es solo dolor y la nada"): la niña joven retratada nos mira casi resignadamente ante el hecho consumado. El rostro de Evita ("Mujer regando el jardín") en la pintura de Martín Guiot, marca, tal vez, uno de los puntos más elevados del salón, al igual que la obra de Ximena Foguet. En "Yo soy mi mujer", la artista no plantea la condición de la mujer explotada, sino por el contrario, es toda una afirmación -ya desde el mismo título- que, expresamente con escrituras sobre la tela, señala leyendas como "Yo decido", "Ni mercancía ni objeto". En "Esclavas de un deseo ajeno", el barroco se adueña de la composición, y la neofiguración en "Marita, sentimientos desgarrados", una sólida pintura de Ricardo Heredia, que obtuvo el primer premio. María Fernanda Madrid le da una vuelta pop a una joven cuya mano se esconde en su pantalón, y en un mismo estilo se posiciona Leonel Marchesi. Los pañuelos blancos están presentes en el trabajo de Susana Ale, en tanto que lo abstracto y constructivo conviven en el imaginario de Leonor Asar. Se podrá advertir, entonces, que gran parte de los artistas aceptaron el desafío de la convocatoria y se corrieron en sus márgenes.
Un salón dedicado a retratar grandes dramas de las mujeres
MUESTRA. A la derecha, la obra abstracta y constructiva de Leonor Asar. LA GACETA / FOTO DE EZEQUIEL LAZARTE