El jesuita tucumano Diego León de Villafañe (1741-1830) fue testigo de la batalla del 24 de setiembre de 1812. En carta a su amigo de Córdoba, don Ambrosio Funes, hermano del célebre Deán, hizo una breve crónica del combate. El historiador Guillermo Furlong ha publicado la misiva, fechada el 9 de noviembre.
"El ejército enemigo vino por la parte de los Lules y se acercó, abriéndose en dos alas, una hacia el Norte de la ciudad y otra por el Sur. El Barón (de Holmberg) sin darles tiempo para bajar, de sobre las mulas, ni siquiera un cañón, empezó la acción con un cañonazo, y sin dar lugar al enemigo se fueron acercándose los nuestros, de modo que se vino a las armas blancas. Esto se evidencia por los muchísimos heridos que se recogieron, los más de sables, lanzas, etcétera: pocos de balas", escribe.
"Nuestra caballería de los guardamontes los desconcertó. Ayudó a desconcertarlos una partida de vallistas que llegaron, aunque desarmados, por las espaldas. El enemigo creyó otra cosa y se desordenó. Los vallistas recibieron su descarga, murieron algunos y los demás echaron a correr", decía otro párrafo.
La interesante carta narraba que Belgrano fue arrastrado por el desbande hasta El Rincón y otras incidencias. Apuntaba que toda la noche posterior a la batalla, los realistas "estuvieron haciendo fuego, como dando tiempo para la retirada", y que "si el ejército enemigo viene esa noche de ataque a la ciudad, la toma sin remedio". En suma, "Dios ha querido humillar el orgullo del enemigo, y como me lo dijo el general Belgrano, ?deposuit potentes de sede, et exaltavit humiles".