Por donde alguna vez carretearon las avionetas, ahora camina Felipe Torres. Asegura tener 57 años, pero la espalda encorvada, las piernas cortas y arqueadas, y la piel marrón del rostro repleta de pequeñísimas grietas le suman, al menos, una década más. Avanza por la ex pista de aterrizaje con un termo verde lleno de agua caliente con el que su mujer, Juana, preparará unos mates para distraer al tedio y al hambre que les hacen compañía junto a la carpa iglú verde desde hace una semana.
Mientras que día a día más usurpadores abandonan los predios y las viviendas que habían tomado en distintas zonas de la capital, en Alto Comedero la historia es distinta; nadie parece estar dispuesto a irse.
El mejor ejemplo: las más de 300 familias que aún acampan en el viejo Aeroclub y cuyos miembros cuentan -con una mezcla de orgullo y de temor- que les dijeron que no a los enviados de Milagro Sala cuando les fueron a comunicar (por pedido del Gobierno provincial) que debían levantar la toma del predio.
El taxista dice que se llama "Seba" y apresura la marcha cuando se entera de que formará parte de una cobertura periodística. Mientras maneja desde el centro de la ciudad hasta Alto Comedero, el gigantesco barrio ubicado al suroeste de San Salvador, pregunta si puede hacer un aporte: "en Alto Comedero hay muchas casas tomadas y de ahí no se va a ir nadie. Yo he visto cómo las patotas sacaban a las mujeres que estaban solas y metían a los familiares de algunos punteros políticos".
De todo, menos aviones
Junto al predio de unas 60 hectáreas en el que hace muchos años funcionó el Aeroclub, ahora hay una feria de ropa, un supermercado y muchas casas, unas iguales a las otras. Adentro, los arbustos secos rodean la pista de asfalto sorprendentemente aún en buen estado, a lo lejos se ven los galpones que alguna vez fueron los hangares, hay cientos de carpas desperdigadas y muy poca esperanza.
Según la Policía provincial, en las últimas horas la cantidad de asentamientos y de viviendas tomadas se redujo en un 30%. Y el titular del Instituto de Vivienda y Urbanismo de Jujuy, Facundo Figueroa Caballero, advirtió que quienes continúen ocupando terrenos y casas serán inhabilitados de por vida para recibir viviendas sociales o lotes fiscales. Pero la amenaza del funcionario no asusta a los que están acostumbrados a pasar las noches sumidos en la oscuridad pesada del Aeroclub. "A mí me preocupa más saber que estoy a punto de perder mi trabajo por estar cuidando este terrenito desde hace una semana que lo que pueda decir ese señor", responde David Churquina, un mecánico de 39 años.
"Vino la gente de la Milagro a decirnos que nos teníamos que ir. Pero nosotros les respondimos que no, porque necesitamos una casa donde vivir. Yo estoy sola en mi carpa; a mi hija la dejo en lo de un hermano. No tengo trabajo y si mis parientes no me traen algo de comer, paso hambre. Así como estoy ¿usted cree que yo puedo ir a hacer cola para esperar un lote que no sé cuándo me van a dar?", pregunta Florencia Aramayo. Según la Municipalidad capitalina, más de 12.000 personas ya se anotaron en el plan "Un lote para cada familia jujeña que lo necesite". Sin embargo, en el Aeroclub nadie parece estar dispuesto a llenar los formularios.
Esta no es la única usurpación en Alto Comedero: muchas viviendas que estaban a punto de ser adjudicadas fueron ocupadas por oportunistas o por sus preadjudicatarios, que intentan defenderlas.
"¿Le puedo decir una cosita más?", pregunta el tachero. "Seba" mientras el auto recorre las calles terrosas de esos barrios donde todos se miran con desconfianza. "Tal vez en el resto de la ciudad o de la provincia los usurpadores se van a terminar yendo. Pero en Alto Comedero no. De acá no los va sacar nadie, porque aquí no hay autoridad y cada uno hace lo que quiere", concluye, pesimista, antes de enfilar el auto hacia el centro de la ciudad.