Por Jorge Estrella
Para LA GACETA - Tucumán
Borges ha sostenido una refutación del tiempo que combina argumentos de Hume y de Berkeley. Pero que los rebasa. Porque Berkeley se las ingenió (sacerdote al fin) para conservar la realidad reiterada de los fenómenos: si nadie los percibe, Dios lo hace y esa mirada sostiene su esse es percipi. Y persistió en defender también la existencia continua del yo.
Más afilada, la navaja de Hume disuelve al yo y al mundo en una "colección de percepciones". Mundo y conciencia se disgregan en una "sucesión de momentos indivisibles".
Más escéptico aún, Borges cuestiona a Berkeley y a Hume haber conservado la serie temporal y, en consecuencia, haber puesto un injustificado fin a la orgía negadora: "Lo repito: no hay detrás de las caras un yo secreto, que gobierna los actos y que recibe las impresiones; somos únicamente la serie de esos actos imaginarios y de esas impresiones errantes. ¿La serie? Negados el espíritu y la materia, que son continuidades, negado también el espacio, no sé qué derecho tenemos a esa continuidad que es el tiempo"... "Dicho sea con otras palabras: niego, con argumentos del idealismo, la vasta serie temporal que el idealismo admite. Hume ha negado la existencia de un espacio absoluto, en el que tiene su lugar cada cosa; yo, la de un solo tiempo, en el que se eslabonan todos los hechos". (Otras Inquisiciones, en Obras Completas, Emecé, Buenos Aires, 1985).
Las repeticiones
¿Qué del hombre y la vida en esta aniquilación? ¿La esquirla del instante es su único nido? ¿Acaso podemos habitar ese fragmento escueto del presente?
Hay una salida borgeana: cierto que no está la serie, pero nos constan también las repeticiones; iguales ocasos ante el mar, el mismo estremecimiento ante una bella metáfora, el parejo modo que nos sumergimos en el sueño. Borges propondrá, en ese manoteo que es apenas un aleteo ante lo inefable: "Esos idénticos momentos ¿no son el mismo? ¿No basta un solo término repetido para desbaratar la serie del tiempo? ¿Los fervorosos que se entregan a una línea de Shakespeare no son, literalmente, Shakespeare?... Las ruidosas catástrofes generales -incendios, guerras, epidemias- son un solo dolor ilusoriamente multiplicado en muchos espejos" (op.cit.). Luego usa este texto de Bernard Shaw en su apoyo: "Si mueres de inanición sufrirás toda la inanición que ha habido o que habrá. Si 10.000 personas mueren contigo, su participación en tu suerte no hará que tengas 10.000 veces más hambre ni multiplicará por 10.000 el tiempo en que agonices. No te dejes abrumar por la horrenda suma de los padecimientos humanos; la tal suma no existe. Ni la pobreza ni el dolor son acumulables" (Op.cit.).
Volvamos a la pregunta filosófica sobre lo que hay. Y a la discusión sobre la naturaleza unidireccional (asimetría) o ilusoria (simetría) del tiempo. La negación borgeana lo aproxima a los defensores de un trasfondo estable de mismidad. Si la única muerte es la propia, la de cada cual; si ella es la misma "ilusoriamente multiplicada en muchos espejos", entonces "la vida es demasiado pobre para no ser también inmortal" (Op.cit.). Pero nótese que se trata de una eternidad del instante, del fragmento. La serie rechazada del tiempo es reemplazada ahora por momentos humanos cuyo número no es infinito: "Esa pura representación de hechos homogéneos -noche en serenidad, parecita límpida, olor provinciano de la madreselva, barro fundamental- no es meramente idéntica a la que hubo en esa esquina hace tantos años; es, sin parecidos ni repeticiones, la misma. El tiempo, si podemos intuir esa identidad, es una delusión: la indiferencia e inseparabilidad de un momento de su aparente ayer y otro de su aparente hoy, basta para desintegrarlo" (Op.cit.).
¿Hay aquí una suerte de platonismo que encumbra hacia la identidad sólo un puñado de momentos humanos elementales -"los de sufrimiento físico y goce físico, los del acercamiento del sueño, los de la audición de una sola música, los de mucha intensidad o mucho desgano" (Op.cit.)- sustraídos al cambio pero cuya huella indeleble está inscripta en el tiempo presente? Náufragos en la ilusión del tiempo continuo ¿nuestras vidas acceden a esa eternidad del fragmentario presente que pierde así su condición fugaz pero conserva el colorido vigoroso de la sensación?
El otro, el mismo
Navegando desde una orilla distinta de la metafísica, Karl Popper arriba a una situación análoga. Pues ha comenzado defendiendo la consistencia del yo como algo más que un haz de sensaciones. Y ha terminado en su propuesta de tres mundos para responder a la pregunta sobre lo que hay. En su respuesta hay tres realidades: fenómenos, conciencias y hay también culturas generadas por el intercambio de las dos realidades precedentes. El yo es autor del mundo 3 (la cultura, las ideas) pero queda entrampado en su propia red y se agota en la reiteración de algo idéntico. Así, quien recorre el razonamiento de Pitágoras en la demostración de su teorema es, literalmente, Pitágoras. El yo, la conciencia, ese estado atencional sobre el mundo que somos, desdibuja su perfil propio y acaba siendo lo mismo que el otro, lo otro. Fugado del tiempo pero vivo como la llaga del presente.
¿Cómo ve Ud., lector, este asunto? Aceptará que desde que inició la lectura de este texto hasta estas líneas finales ha transcurrido por estados diferentes. No es el mismo en esos dos instantes del comienzo y el fin. Y su vida se está yendo en el mismo estilo que esta lectura suya. ¿Hay sólo cada instante presente o hay la serie de su vida?
Acaso fue rozado por el argumento de Borges, quizás intuyó su comunión con ese mundo extraño de la idea que seduce desde fuera del tiempo. Quizás fue Borges en ese fragmento.
© LA GACETA
Jorge Estrella - Escritor, doctor en
Filosofía, ex profesor de la Universidad
de Chile.