¿Qué pasa en Tucumán? Tal vez esa sea la pregunta que más incomode al gobernador José Alperovich cuando hoy visite a la presidenta Cristina Fernández, para compartir un acto oficial en la Casa Rosada. A lo largo de esta semana, ya hubo contactos telefónicos con el kirchnerismo, que sigue de cerca la evolución de conflictos que ni siquiera estaban en los cálculos de los más opositores a la gestión.
Un gobierno que se había dado el lujo de reservar cierta parte de un presupuesto cercano a los $ 10.000 millones (equivale a la misma pauta anual de gastos prevista por Mendoza) para atender las mayores demandas salariales, hoy ingresa a la antesala de las elecciones en un cono de dudas sobre la evolución de las protestas estatales. La historia se repite y no se aprende de los errores pasados. En 2009, le restó importancia a las demandas de los médicos y le dio forma al movimiento de autoconvocados que sigue en pie de lucha por mejores salarios. En el medio, cada inicio del año lectivo, son los maestros los que ponen en vilo el comienzo de las clases, con paritarias que terminan acordándose sobre la hora. Esta vez son los policías los que salieron a la calle a reclamarle al Gobierno un aumento.
El Poder Ejecutivo destina casi la mitad de su presupuesto a los salarios. Pero, a juzgar por las demandas en tres de los servicios esenciales del Estado, no parece suficiente. Ni siquiera los $ 26 millones anuales que el Ministerio de Economía declara como gasto adicional para mejorar las remuneraciones a los policías han servido para calmar un conflicto que ya trascendió allende Tucumán. Alguien ha dicho -en marzo pasado- que el aumento a las fuerzas de seguridad había sido histórico. Los hechos actuales cambian lo histórico por insuficiente.
No hay calma en la Casa de Gobierno. Y se nota en el estado de ánimo de Alperovich. "Tenemos los nervios de punta", confiesa un funcionario cercano al mandatario. La campaña electoral no es la misma, pese a que el gobernador está convencido de que el piso de intención de votos a su favor no perfora el 55%. Claro está, antes de que los uniformados abandonaran la vigilancia callejera.
El tema del momento
La inseguridad se cuela en la campaña proselitista tucumana. Y es un tema de charla recurrente en los bancos (algunas entidades dejaron ayer de atender al público), en los cafés o en los comercios céntricos. Sin policías, es otra la sensación, usando la jerga que más le gusta al gobierno. Esa misma sensación se coló también en la sede del Poder Ejecutivo. Hubo orden de restringir el acceso al público y a cerrar las puertas del Palacio. Concidencias: la ministra de Industria de la Nación, Débora Giorgi, aplazó su visita de mañana a Tucumán. Adujo cuestiones de agenda. Tal vez la explicación se encuentre en los roces con Brasil por las barreras comerciales y la necesidad de hallar salidas para evitar una pelea con el socio estratégico. Capaz que tuvo que ver con la imposibilidad de conseguir un avión que la trajera hacia esta ciudad. O, en alguna medida, la situación tucumana haya incidido para aplazar la visita.
La inseguridad se atrevió a pasar a un segundo plano a la inflación, esa que se oculta en la alfombra roja oficial.
Los feudos territoriales están resguardados de cualquier amenaza financiera. Más allá de las clásicas y desacopladas disputas comarcanas, los empleados municipales tienen asegurado que cobrarán, en tiempo y en forma, los salarios -por lo menos- hasta fines de junio. El Ministerio de Economía otorgó un préstamo de $ 220 millones por los salarios de abril a junio, incluyendo los $ 26 millones previstos para el aguinaldo, en el Pacto Social con los municipios. Habrá calma preelectoral en el interior.
Por si algo le faltaba al gobierno, los obreros azucareros también endurecieron sus posturas frente a los industriales que no aceptan pagar un 35% de reajuste en las remuneraciones. Es un buen año para la actividad, interpretan los sindicalistas, por los precios externos. Pero la rentabilidad no se toca -contestan los industriales- en pleno proceso de reconversión productiva. El Ejecutivo también ha decidido convocar -en privado- a los sectores en conflicto para que el ruido y el reclamo nacional no sea tan grande como hasta ahora.
¿Alguien pensaba llegar a mayo con tantos conflictos salariales irresueltos? Esa es otra pregunta que incomoda al poder.