En Tucumán, y en fecha no establecida, probablemente el 31 de julio de 1862, nació el sabio Miguel Lillo. Estudió en la vieja escuela de los Padres Dominicos y -con una beca del Gobierno de la Provincia- se graduó de bachiller en el Colegio Nacional, en 1881.
Lillo fue un absoluto autodidacta. No cursó estudios universitarios: se hizo con el propio esfuerzo, con la lectura de obras científicas y la observación de campo. Inició la tarea muy joven. En 1882 era ayudante en la farmacia de Puccio, y fue ayudante de Física y Química en el Nacional, de 1883 a 1889. En 1885, lo designaron ayudante de la Oficina Química Municipal. Al darse rango provincial a ésta, en 1889, lo nombraron subdirector. Fue el director, Federico Schickendantz, quien lo alentó en los estudios tanto de Química como de Botánica, Zoología y Mineralogía. A la vez, se interesaba por los fenómenos meteorológicos y astronómicos.
En mayo de 1892 asumió la dirección de la Oficina y la desempeñó durante casi cuatro décadas, simultáneamente con una tenaz labor de investigación y de búsqueda de material para las colecciones, sobre todo botánicas, que iba formando. Expresa Juan B. Terán que "se perdía en matorrales y arroyos en busca de pájaros y plantas, y catalogaba (1887) la primera de éstas, la ?tragea volubilis?, número primero de su herbario", que llegó a sumar miles de ejemplares.
También dictaba cátedras en la Escuela Normal (desde 1889) y en el Colegio Nacional (desde 1890). Un ex alumno, Pablo Rojas Paz, lo recuerda "vestido de negro, con su paraguas mal envuelto, cuello palomita, ineludible corbata negra y saco de breve solapa cuidadosamente abotonado hasta arriba". Terminada la clase, "se retiraba presuroso". Dedicado a la ciencia, Lillo tenía total desinterés por la vida mundana y era tímido y huraño. Con contadas personas aceptó relacionarse: Juan B. Terán, Alberto Rougés, Ernesto Padilla, Antonio Torres y muy pocos más.
En 1897 hizo un viaje de estudios a Europa, y en 1905, la Facultad de Ciencias Físicas y Naturales de La Plata le otorgó su título en Química. En 1914, al inaugurarse nuestra Universidad, fue designado integrante del Consejo Superior y catedrático de la casa.
Ya por entonces, su silenciosa tarea de investigador había trascendido las fronteras de Tucumán y del país. Intercambiaba cartas y experiencias con científicos de todo el mundo, y se clasificaban con su nombre especies vegetales. Empezaron a llegarle grandes distinciones: doctor "honoris causa" de la Universidad de La Plata, miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, de la Sociedad Astronómica de Francia, Medalla Científica Internacional de la Academia de Le Mans, para citar algunas. Lillo no daba importancia a estos títulos: ni siquiera ponía en marco los diplomas, que constituían justo reconocimiento a su tarea múltiple y original sobre el clima, la flora, la fauna y la gea de la región. Ella consta en un medio centenar de eruditos trabajos publicados con su firma.
Antes de morir, y por sugerencia de su amigo Alberto Rougés, el sabio resolvió legar a la Universidad sus colecciones botánicas y zoológicas, su biblioteca y la propiedad en que se encontraban. Puso la condición de que ese patrimonio científico de altísimo valor, fuera cuidado y administrado por una Comisión Asesora Vitalicia. Falleció el 4 de mayo de 1931. Terán lo consideró "una de las más grandes figuras del país", con "una vida ejemplar, que en la más exigente sociedad del mundo atraería sobre sí los mayores honores".