El viaje de ida desde el centro al aeropuerto le cuesta alrededor de 20 pesos. De regreso, el viajero debe pagar más de 40 por el mismo trayecto. ¿Indignante, no? Mucho más cuando los argumentos que esgrimen los taxistas y remiseros -que generalmente conducen un vehículo desvencijado- no tienen sustento oficial; se escudan en el hecho de que al estar detenidos en el aeropuerto pierden el dinero que podrían estar ganando en la ciudad. Si bien es una explicación lógica, tiene un trasfondo arbitrario ¿Quién determina el valor de esas tarifas (que generalmente varían según el vehículo que uno aborda)? Si al tucumano eso lo indigna, mucho más al turista que, ni bien pisa la provincia, ya se siente estafado (a diferencia de lo que ocurre en Aeroparque, por ejemplo, en el Benjamín Matienzo uno no puede contratar un remise de una empresa debidamente identificada y pagar el viaje por anticipado). El hecho de que el municipio y el Ente Tucumán Turismo reglamenten los valores que se cobrarán por los viajes desde el aeropuerto a la ciudad es importante, porque, si bien esto no implica que el pasajero vaya a pagar menos, ahora lo hará de acuerdo con lo que establece una norma. Para muchos esto puede ser solamente un detalle. Pero en turismo, los detalles son las semillas de la calidad.