Y sí, dale nomás. Mové las caderas, cambiá el paso para aquí, para allá y cantá el 3 a 0. Festejá la victoria, los tres puntos y el nacimiento de una realidad totalmente opuesta a esos nubarrones que a veces manchaban el andar de Atlético. A disfrutar, señores. El "decano" hizo bandera de su apodo: jugó al fútbol como el paladar del hincha añoraba, le pegó un baile criminal al complicadísimo Almirante Brown y ya se puso en campaña para escalar en la tabla del campeonaro. La victoria tiene ese sabor indescriptible, tan dulce y venenoso que nadie está dispuesto a dejarlo escapar.
Por esa misma razón, el dueño de casa entró a romper caderas desde el vestuario. La "fragata" de Blas se olvidó las velas en casa y Atlético se lo hizo saber. De entrada, el "Negro" Chávez se encargó de avisarle al invitado la pesadilla que iba a vivir. Su tiro libre desde un ángulo mezquino hizo astillar el travesaño de Monasterio. Ni hablar de los nervios ajenos, no daban para más. Lejos de inquietar la noche de "San Lucas", Rodrigo Díaz intentó mandarse en una cruzada solitaria. Imposible para el "Rengo". No era su día, tampoco el de los suyos, por culpa de 11 enemigos siempre atentos, seguros y dispuestos a destruir cualquier sueño pasajero.
Y después de un tiempito de probar la pista, Fondacaro salió de la cueva y empezó a bailar. Cruzó el medio, miró a Becerra y entregó la bocha. "Pitu" la pidió y "Cucho" la entregó. Héctor pidió cartel, Ramos no dudó. Le tenía tanta fe a su amigo... que no falló. Álvarez vio el hueco, calibró la mira al galope y sacó una bomba tremenda. Golazo.
Ese fue el principio del fin para el "marino". El fondo del mar era su destino; el brillo, las luces y el premio mayor, el del anfitrión. Bien justificado por un frentazo letal del artillero Barone. 2-0 y a cobrar. La cosa parecía juzgada, aunque restaba un tiempo por delante.
Como suele suceder en toda historia con final feliz, primero hubo que sufrir un poco. En el arranque Brown se animó, pero falló. Entonces, "Pitu" levantó la cabeza, vio al "Negro" y él sentenció el cuento. El baile continúa...

1 Nació un nuevo Atlético
Desde el minuto 0 al 92 el equipo dejó en claro que sabe jugar, atacar y defenderse. El público, por supuesto, se marchó agradecido por la gran producción.

2 Y volvió la valla invicta
El mérito de haberle cerrado la persiana a la visita fue conjunto. Cuando Ischuk necesitó de sus compadres, ellos estuvieron. Y viceversa. Gran partido de la zaga.

3 Una racha para creer en serio
Después de varias turbulencias, los de Hrabina hilvanaron siete puntos de nueve. Por eso hay motivos para creer. Ahora hay que mantener la cabeza fría y pensar en los sanjuaninos.