Una noche en Munich, una botella que estalla en mil pedazos, una Nº 1 del mundo caminando sobre los vidrios y el tenis femenino que se queda por varios meses sin su mayor figura. Sólo a Serena Williams puede pasarle algo así. Muchos de sus compatriotas no terminan de creer la fabulosa historia que derivó en su ausencia en el US Open. "Honestamente, no leo la prensa. No sé lo que dicen, sólo veo las fotos", dijo molesta Williams a la edición de ayer de "USA Today". La historia de su accidente en la noche del 7 de julio fue relatada así por la tenista. "Salíamos de un restaurante y, de repente, sentí dolor. Pero seguí caminando. Y me dolió más. Miramos al piso y había vidrios por todas partes. Entonces a mi sparring se le cayó su celular y vimos que había una enorme mancha de sangre. Me dije: ?¡oh mi Dios! No creo que esto sea bueno..." Williams recibió una cura de urgencia en un hospital. El balance final fueron puntos de sutura en el pie derecho y otros en la planta del izquierdo. Para los escépticos, dos datos: al día siguiente Serena jugó una exhibición con Kim Clijsters en Bruselas, y cinco días más tarde fue fotografiada en Los Angeles en la inauguración de su nueva casa vistiendo zapatos de altísimos tacos.