La fórmula de la movilidad es clara: lo que busca es proteger el valor real de la jubilación. Si se toman en cuenta los dos valores del reajuste en los haberes, el aumento para este año será del 26% para la clase pasiva. Eso es consistente con la inflación verdadera, que está entre un 25% y un 30% anual. Por lo tanto, los aumentos no implican necesariamente una mejora real del poder adquisitivo.
Un alza en el mínimo, vital y móvil no es demasiado relevante si se toma en cuenta que los salarios formales se definen mediante convenios colectivos. Pero sí por el lado de la informalidad, en el que el promedio de ingresos está por debajo del mínimo. Según los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), es de $ 1.160, un ingreso muy lejos de los $ 1.700 que podría definir el Consejo del Salario.
En definitiva, este escenario es el engaño que produce la inflación, que trae un aumento de la recaudación (IVA y Ganancias) y de las prestaciones sociales. La misma inflación se encarga de quitarle esa mejora a la gente.
Los países organizados (por caso Brasil, Chile y Uruguay), combaten la inflación con mejoras reales de las prestaciones de seguridad social y de los salarios. En la Argentina, no se sabe si la gente gana o pierde, por más que la mejora parezca mucho, porque los precios también crecen, y a veces más. Por eso no percibe una mejora real de su ingreso.