En 1973, Boyce Díaz Ulloque dirigió una pieza musical que marcaría un hito en la historia del teatro tucumano. "El Hombre de La Mancha" logró que miles de espectadores se conmovieran hasta las lágrimas con la historia de Cervantes, preso por orden de la Inquisición, y con las desventuras de Don Quijote y su entrañable escudero, Sancho Panza. No participé de esa puesta en escena, pero fui testigo directo del impacto que causó en una generación de amantes del teatro, que aún la recuerdan. Boyce acometió la empresa con el ímpetu y la convicción que teñían todos sus emprendimientos; las dudas de quienes pensaban que se encaminaba a un sonoro fracaso contrastaron con la adhesión incondicional que la pieza encontró en una multitud de espectadores, muchos de los cuales todavía recuerdan la noche en que la vieron. Ricardo Salim era Cervantes-Quijote y entonaba "El sueño imposible", uno de los números musicales más conmovedores de la puesta. Con ese espíritu encaró, después de la muerte de Boyce, la aventura de prolongar el impulso creador que dejó el desaparecido Teatro Universitario. Dos décadas de tarea continua demuestran que el sueño era posible.