"Salgo de mañana
a tumbar la caña,
lucero del alba
siempre me acompaña".

"Machete en mano
corazón de vino,
el río, mi hermano,
zafra mi destino".

Las estrofas pintan las entrañas profundas de la identidad de Tucumán. Pero la guitarra no lamenta una zamba; al contrario. El arpegio transporta al norte, más allá de los límites de Argentina, y aterriza en Perú, donde Daniel "Kiri"Escobar supo ponerle una música de colores, esperanza y sensaciones a la zafra desesperada. Es que América Latina es así: en el fondo hay más similitudes que diferencias. Y a fuerza de ritmos, Fulanas Trío se encargó de confirmarlo.

Lo de estas cuatro chicas (sí, cuatro) es para aplaudir a rabiar. Hicieron sonar unos 25 instrumentos en un escenario mínimo (el del MUNT) y hasta lograron que un manojo de llaves -¿hay algo más molesto que el ruido de un montón de llaves?- suene como mil campanitas.

Con 40 minutos de demora (lo único para criticar), Silvina Cañoni, Cecilia Picaroni (las dos integrantes fundacionales), Adriana Leguizamón y Victoria González Scotti (se sumaron luego de la partida de Vilma Wagner) arrancaron con "Azúcar de Caña". Y, al terminar, recordaron que el año pasado visitaron el Museo de la Industria Azucarera "Casa del Obispo Colombres". "Ahí vimos la historia de los trapiches y le encontramos más sentido a la canción", reflexionó Cecilia.

Volvieron a la Argentina con el "Huayno del olvido" e inmediatamente partieron hacia México. "Dignificada" (de Lila Downs y Paul Cohen) cumplió su digno objetivo: homenajear a Digna Ochoa (una abogada mexicana que defendía a pobres, indígenas y a presos políticos y que fue asesinada) y, de paso, a todas las mujeres.

Escuchar a Fulanas Trío causó un embrollo de sentimientos: con la alegría quebradeña del bailecito "El Salinero" le arrancaron a uno la ternura que acababa de sentir con la "Canción de cuna costera". Y de ahí, otro sacudón rítmico. Cuando interpretaron el "Candombe del yo no sé" (Hugo Nadalino y Nora Benaglia), las cuatro sonaron como una murga multitudinaria.

Durante el recital, tocaron teclados, guitarra, charango, bombo, platillo, uñas, cajas peruanas, acordeón, melódica, redoblante, armónica y la lista sigue... En realidad, hicieron de cada canción una sorpresa.

Vino el bloque de amor ("A primera vista" y "La Jardinera") y remataron con una criolla peruana de Pepe Vázquez: "No, Valentín". El bis es un viajecito a México: "Arenita azul". Todos se levantaron para aplaudir, más latinoamericanos que nunca.