Estaban tensos, ansiosos, tenían los puños apretados, sólo querían fútbol. Pero el satélite los estaba gambeteando. Néstor, el conductor de la camioneta de LA GACETA del Mundial, movía la antena de un lado para el otro, pero la señal de televisión le tiraba caños y le hacía sombreritos. Lo que exigían los chicos que se habían congregado en la plaza nueva de Los Sarmientos era simple: disfrutar del más lindo de los deportes. Por eso, la ansiedad los impulsó a alentar como si estuvieran en el estadio. "¡Vamos, vamos, dale!", le gritaba Darío Córdoba, de 12 años, a Néstor. De pronto apareció la primera imagen del partido entre Ghana y Serbia. Fernando Masmut hizo sonar su corneta (la vuvuzela de Los Sarmientos) y la alegría se manifestó en gritos, risas y corridas.

El pueblo apenas supera los 7.000 habitantes. Desde cualquier ubicación se pueden ver los alambrados que separan las casas de las fincas. Pero por estos días, en esas pocas manzanas sólo se respira fútbol. Hay banderas argentinas por todos lados, los chicos andan con las caras pintadas y usan la albiceleste hasta para dormir. Ayer ese fervor era palpable. Mientras los niños observaban el Mundial en las pantallas de LA GACETA, a dos cuadras, los adultos vibraban con el clásico local: Los Sarmientos contra Villa Nueva.

"Che, estos son unos muertos", opinó con crudeza Matías Varela, un chico de 10 años que miraba atentamente el aburridísimo segundo tiempo que disputaban Serbia y Ghana. Santiago Farías, de 8 años, agarró una botella de plástico vacía y comenzó a patearla. Fernando desarmó su vuvuzela, armó el arco y se desató un furioso picadito.

Casi al mismo tiempo, los adultos comenzaron a arrimarse a las pantallas. El clásico local ya había terminado y, antes de volver a casa, varios habían decidido recibir una dosis extra de fútbol. El policía, el miembro de la comisión directiva del museo, el desocupado y el empleado de la comuna celebraron el gol de penal de Ghana ¿Por qué festejaron el mismo tanto todas estas personas tan distintas entre sí? Quizás porque en Los Sarmientos la pasión mundialista está más allá de las diferencias.