Los unió el amor, los separa el Mundial de Qatar: la historia de un tucumano que está casado con una polaca

La pareja seguirá el duelo clave del Grupo C en habitaciones diferentes.

Juan Pablo Cazón y Natalia Stodulska. Juan Pablo Cazón y Natalia Stodulska.

Cada Mundial de fútbol es una excepcionalidad que cada cuatro años rompe las reglas del espacio-tiempo y pone al mundo de cabeza. Pero no es solo eso: también es el hilo conductor con el que se tejen un sinfín de historias. Una de ellas tendrá lugar a miles de kilómetros de Qatar y del estadio 974, donde Argentina y Polonia se cruzarán en un partido que para ambos -sobre todo para la Selección- se puede considerar una final. Los protagonistas son Juan Pablo Cazón, tucumano de 29 años, y Natalia Stodulska, polaca de 28. Unidos en matrimonio desde hace un año, durante un par de horas estarán separados por el Mundial. La clasificación o la eliminación en primera fase están en juego, así que hoy estará permitido gritarse los goles en la cara.

“Lo veremos en casa, pero creo que lo mejor será que lo hagamos en habitaciones separadas porque si no va a ser para quilombo. Hasta ahí llegó la historia de amor, ja ja”, bromea “Juampi”, aunque en el fondo sabe que cuando la pelota empiece a rodar aflorarán los nervios y la tensión. El escenario ideal, el que garantizaría la paz, sería la clasificación de ambos equipos, pero la combinación de resultados para que eso ocurra es algo compleja. Además, está la cuestión de salir primero para evitar cruzarse en octavos de final con Francia y el indomable Mbappé.

Pero antes de hablar de pálpitos y análisis futbolísticos, hay una historia de fondo que contar. ¿Cómo fue que Natalia, oriunda de Legionowo (ciudad situada a solo 23 kilómetros de Varsovia) terminó en San Miguel de Tucumán y casándose con un tucumano?

“Después de un viaje a República Dominicana, quise aprender español. Siempre me gustó estudiar idiomas y ya había estudiado ruso y alemán usando aplicaciones. Y a través de una llamada y tándem conocí a unas chicas de Santiago del Estero, que siempre me compartían cosas de Argentina. Desde imágenes hasta música. Recuerdo estar en Polonia caminando bajo la nieve escuchando cumbias de El Polaco. Yo quería conocer Argentina y empecé a buscar alguien que me acompañara, porque siempre viajé mucho, pero nunca sola y no me animaba. No conseguí a nadie, así que decidí venir sola de todos modos, porque  nunca lo iba a hacer”, cuenta Natalia en un español muy fluido y por momentos tucumanizado.

Resultó que las santiagueñas eran estudiantes de Abogacía en la UNT, por lo que la visita fue en Tucumán. Al cabo de unos días, y justo antes de emprender un recorrido por Salta, sus amigas la llevaron a un cumpleaños en una cervecería de Barrio Norte. Entre los invitados estaba Juan Pablo. “Charlamos un ratito nomás, pero pegamos buena onda y nos agregamos a Instagram. Ella me había dicho que después de Salta iba a volver por un par de días a Tucumán antes de regresar a Polonia, así que cuando volvió salimos un par de veces”, continúa “Juampi”. Suficiente para que el destino quedara sellado. Era abril de 2019.

Menos de tres meses después, en los que siguieron en contacto por videollamada, Natalia estaba otra vez en Argentina. “De no haberlo conocido a él hubiera vuelto de todos modos, porque me encanta Buenos Aires”, aclara. Pero como sí lo conoció, se vino a Tucumán y se hospedó en la casa de su familia. El plan era el siguiente: una vez que Juan Pablo se recibiera, se irían juntos a Polonia. Pero una materia se le trabó más de la cuenta y en el retraso llegó la pandemia y el cierre de fronteras. A ponerse cómodos en Tucumán nomás.

En noviembre de 2021 se casaron y en abril de 2022 se enteraron que Argentina y Polonia iban a ser rivales en el Grupo C del Mundial. Y a eso se le suma otra genial vuelta de tuerca del destino: esta noche, después del partido, enfilarán hacia el aeropuerto para dejar Tucumán e irse a Polonia a pasar las Fiestas.

“Estaba re caliente el día que sacamos el pasaje. Ella me decía: no te vas a hacer tanto problema por un partido de fútbol. Hasta mi viejo, que es más enfermo de fútbol que yo, le daba la razón. Les decía que no, que un Mundial pasa cada cuatro años, que para nosotros no es un simple partido. O sea, por el debut de la Selección se cambiaron los horarios de ingreso a clases y al trabajo. Para los argentinos, primero está el Mundial y después lo demás. Encima es el último partido del grupo, se define todo. Incluyendo el humor con el que voy a viajar a Polonia. Para bien o para mal”, admite Juan Pablo.

“Sí, creo que en el fondo prefiero que gane Argentina. Porque a mí me va a afectar menos que a él y porque si Argentina se queda afuera me lo voy a tener que bancar todo el viaje con mala cara”, se ríe ella, que en estos tres años aprendió de primera mano lo pasionales que podemos ser los argentinos con el fútbol. Al punto de confesar que le cuesta acompañar a su marido cuando ve los partidos de San Martín. “Me estresa. Se pone loco, grita, salta. Aparte es muy cabulero. Una vez estábamos en Tafí del Valle viendo Argentina-Brasil por la Copa América y yo me fui a la habitación. Como entonces empezaron a atacar los brasileños, me pidió que por favor volviera al sillón hasta que terminara. Lo mismo con San Martín: una vez empezó a prender mis velitas de soja junto a la camiseta antes de cada partido”, describe Natalia. “Si funcionaba esa, la seguía”, admite “Juampi”.

Sobre el partido de mañana, coinciden en que será difícil para ambos equipos. “Se está viendo en todo el Mundial que cada partido es como una final. Y a este habrá que jugarlo como tal. Me quedo con el segundo tiempo ante México, se vio otra actitud del equipo sobre todo a partir del gol de Messi, la defensa estuvo firme y los cambios entraron bien. Enzo Fernández demostró que no le pesa para nada y el tucumano Exequiel Palacios también, corrió mucho. Tengo mucha fe de que vamos a ganar, aunque sería lindo que Polonia también se clasifique”, desea “Juampi”.

Natalia acepta que Argentina tiene un equipo mejor, y confiesa que hay algo que desea más que ver ganar a Polonia: ver perder a Alemania. No porque sean países vecinos ni porque haya una rivalidad futbolística, sino por la oscura historia que los une: en 1939, el ejército nazi invadió Polonia, hecho que desencadenó la Segunda Guerra Mundial. Y Natalia se vale de una expresión muy tucumana para graficarlo: “nos hicieron aca. Por eso no me importa tanto quién gane como que pierda Alemania. Y sé que muchos polacos piensan igual que yo”, asegura.

Sea como sea, la polaca insiste en que a ella le dolerá menos una eventual derrota que a Juan Pablo: “es que los argentinos tienen esperanzas de ganar el Mundial. En Polonia sabemos que no lo vamos a ganar. No tenemos un equipo tan bueno como el de ustedes. Recuerdo que en una época, cuando Polonia recién salía del comunismo y vivía una situación económica muy difícil, teníamos un esquiador muy bueno llamado Adam Małysz. Cuando él iba a saltar, chau clases. En las aulas se ponía la tele y se lo veía a Adam. También en los trabajos. Y eso porque sabíamos que tenía muchas chances de ganar. Es lo que acá pasa con el fútbol. La gente le tiene mucha fe a la Selección. Y por eso, más allá de haber vivido estos años aquí, quisiera que Argentina fuera campeón por esa ilusión que veo en la gente”.

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