Dinamarca y Túnez aburrieron de lo lindo

Un empate con pocas emociones Un empate con pocas emociones @fifaworldcup_es

Había mucha expectativa en torno a lo que podría ofrecer Dinamarca en su estreno mundialista. Pero no, defraudaron los daneses. No estuvieron a la altura de los que muchos esperaban.

Los dirigidos por Kasper Hjulmand habían arribado a Qatar como uno de los grandes favoritos del grupo D; tal vez, un escalón por debajo de Francia, pero muy por encima de Túnez y Australia.

Sus antecedentes lo avalaban. Dinamarca venía de clasificar primera en su grupo en las Eliminatorias europeas con nueve partidos ganados y uno solo perdido; en la Eurocopa 2020 había caído en semifinales con Inglaterra y en la última UEFA Nations League relegó a Francia en su zona.

Además, con Christian Eriksen (su gran figura y estandarte) recuperado de su problema cardíaco daba la sensación que podía llegar a potenciarse y que sería demasiado para un Túnez, que llegaba precedida de muchos altibajos.

Pero los africanos marcaron la cancha; impusieron su juego y supieron llevar el partido para el lado que más le convenía: el del roce, el del juego trabado, apretado y sin tantos lujos.

La primera jugada del duelo marcó lo que iban a proponer uno y el otro. Eriksen encaró por derecha y Aïssa Laïdouni lo barrió en seco para mandar la pelota al lateral.

Ni bien se puso de pie, volante tunecino se golpeó el pecho, levantó los brazos hacia la tribuna y gritó con todas sus fuerzas. Claro, esa era la señal que Túnez iba a jugarse la vida en cada pelota; por eso el grito de “guerra”, por eso sus muecas, por eso la arenga para los suyos que llegó antes del apoyo popular que bajó desde las gradas.

Fuerza, vehemencia, tenacidad, garra, ímpetu, valentía, pierna fuerte, roces. El partido semejó ser más una lucha titánica; una guerra sin cuartel entre dos enemigos acérrimos que el debut mundialista de dos equipos que necesitan sumar victorias para intentar dar el golpe en un grupo que (salvo Francia en los papeles) pinta muy parejo; camino a definirse por pequeñeces.

Contra todos los pronósticos previos, los africanos dominaron el primer tiempo. Con garra, fue llevando el duelo al trámite que más le convenía y comenzó a llevar peligro sobre el arco de Kasper Schmeichel. Y los tunecinos parecieron locales; porque cada entrada ruda hacía explotar a los fanáticos y aflorar las ovaciones.

Así logró ponerse 1-0. Pero el gol Issam Jebali, a los 23 minutos de la primera mitad, fue anulado por off side. Y un ratito más tarde fue Schmeichel quien se hizo gigante para ahogarle el grito al propio Jebali.

En el complemento, los daneses tomaron el control y tuvieron chances para desnivelar. Pero tampoco hubo caso.

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