Argentina, 1985: Mirá la entrevista exclusiva de LA GACETA con Darín y Lanzani

Se estrena el filme que representa al país en los Oscar, centrado en la labor de los fiscales Julio César Strassera y Luis Moreno Ocampo en el juicio a las juntas militares por crímenes de lesa humanidad.

Recibió el premio de la Federación Internacional de Críticos a la mejor película del Festival de Venecia; y en el festival de San Sebastián le otorgaron el del público. El lunes (mientras 30 suscriptores de LA GACETA la veían en una avant premiere exclusiva) la Academia Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina la eligió como la representante a los Oscar a la mejor producción extranjera. Y finalmente hoy llega a las salas de Tucumán y todo el país, como el estreno más importante y esperado del año.

“Argentina, 1985”, el filme de Santiago Mitre, está centrado en la historia de los fiscales Julio César Strassera (interpretado por Ricardo Darín) y Luis Moreno Ocampo (Peter Lanzani), quienes en el año de referencia del título fueron los responsables de investigar y enjuiciar a los miembros de las juntas militares que ordenaron los crímenes de lesa humanidad durante la dictadura militar más sangrienta de la historia nacional. LA GACETA habló con ellos.

- Hubo un proceso de investigación para el guión. ¿Cuánto tiempo te tomó la escritura?

- Santiago Mitre, SM: El trabajar sobre el juicio de las Juntas es una idea que tenía hace muchísimos años. Mi vieja trabaja en la Justicia desde muy joven y me había hablado de Strassera. Y yo intuía que este hombre podía, además de ser una persona de una relevancia histórica enorme, también ser a través del cual contar una película que narrara este hecho tan importante. Con Mariano Llinás, el guionista con el que trabajo siempre y un gran amigo y director que admiro además, empezamos a trabajar sobre un argumento y rápidamente nos topamos con el límite de nuestro conocimiento y recuerdo y frenamos la escritura. Decidimos que teníamos que hacer un proceso de investigación muy largo, así que se sumó Martín Rodríguez a comandarlo. Tuvimos un proceso de que fue muy enriquecedor y muy interesante, duró cerca de dos años y pudimos hablar con mucha gente vinculada al juicio, sean sus protagonistas o gente que los había conocido directamente. Fue muy conmovedor entender cómo fue haber hecho este juicio. Ahora pareciera que es algo evidente, que había que juzgar y condenar a los que comandaron esa dictadura en momentos en que en la Argentina había una democracia muy débil. Hubo mucho coraje por parte de los que hicieron el juicio y por parte de los testigos que se sentaron a declarar y a contar las atrocidades que vivieron, en una sociedad donde las personas que los habían secuestrado y torturado todavía estaban libres.

- Las formas de hacer política y la dinámica del poder son recurrentes en tu filmografía. Pensamos en “El estudiante” o “La cordillera”, por ejemplo. ¿Por qué te importan estos temas?

- SM: La verdad es que no lo puedo explicar. Es un tema que me atraviesa y me atravesó siempre por circunstancias personales. Lo empecé a abordar en mi primera película, “El estudiante”, en ese microcosmos que me daba la universidad y luego lo fui desarrollando de distintas maneras en las otras. Me interesa el detrás de escena del poder, por decirlo de alguna manera. Por otro lado, es un tópico muy clásico en la literatura, el teatro y el cine. En este caso quería trabajar sobre la Justicia, que era una de las aristas del poder con la que no me había metido. Y además quería trabajar una película que, a pesar de la dureza de lo que retrata, sea un poco más optimista.

- ¿Cómo es componer un personaje que forma parte de la historia argentina?

- Peter Lanzani, PL: En principio con respeto, porque se trata de una persona que en mi caso que existe. Después lo más inteligente que tiene el guión y la historia es que no busca hacer una película documental. Entonces no buscamos copiar a Moreno Ocampo o a Strassera; en base a eso teníamos un poco de libertad. Así agarramos algunas características que nos ayudaron a entrar un poco en la historia y saber más o menos cómo movernos, en base a ensayos con Santi (Mitre) o lecturas del guión y charlas con Richard (Darín), para de una manera u otra acercarnos en la relación. Fuimos encontrando qué es lo que queríamos contar a partir de lo que nos pedía el guión.

- Ricardo Darín-RD: La línea inicial es el guión. Si bien admitía cierta modulación, trazaba claramente la ruta de lo que teníamos que hacer y todo el tiempo buscamos desacralizar momentos tan trascendentales. Lo que contamos es la parte humana de estas personas y los obstáculos con los que se fueron encontrando, todo lo que les costó llevar adelante esta tarea titánica. Elegimos un vector para trabajar nuestro personaje que está sugerido en el guión y que con Santiago lo potenciamos: la parte humana; es decir, fuimos muy prudentes respetuosos y cariñosos con los personajes porque aprendimos a quererlos en el transcurso del trabajo.

Argentina, 1985: Mirá la entrevista exclusiva de LA GACETA con Darín y Lanzani

- ¿Cómo se llevaron en el rodaje?

- RD: Bien, muy bien, obviamente no podía ser de otra manera. La corriente afectiva entre nosotros hizo que el piso de la relación fuera muy nutritivo. Lo pasamos bien. Nos ayudamos. Nos contuvimos. Nos acompañamos. Hicimos un trabajo de conocimiento y relación paralelo al que teníamos que hacer efectivamente durante el rodaje.

- PL: Y nos llenamos de anécdotas que nos acompañaron para toda la vida.

- ¿Cómo lo recibe el público extranjero?

- PL: Impresionante. En mi caso en Venecia fue la primera vez que vi la película con público, y tener una sala con el 70% de extranjeros que se emociona, que disfruta la película y que la entiende, es uno de los puntos más altos de lo que nos pasó.

- RD: Fue una revelación además, porque era la gran incógnita. ¿Qué iba a pasar con esta historia hiperlocalista cuando salga a recorrer el mundo? ¿Iba a ser entendida, abrazada, respetada y demás? Y lo que recibimos como devolución fue absolutamente sorprendente.

- Aparecen la madre de Moreno Ocampo, la esposa de Strassera, Alicia Calvo de Laborde. ¿Cuál es la mirada sobre las mujeres?

- SM: No sabría decirte. Eran personajes fundamentales de la historia. Intentamos entender quién era Strassera, pero nadie nos hablaba de la relación que tenía con su esposa. El testimonio de Calvo de Laborde derribó una pared, fue la primera patada a la puerta de la verdad. Era imposible no contar la crudeza y el nivel de contundencia con el que ella habló. La madre de Moreno Ocampo se dio cuenta de que lo que pensaba estaba equivocado.

- RD: Verlo desde hoy es revelador, porque en los últimos 40 años ha cambiado mucho la consideración del mundo respecto a la posición femenina. No deja de asombrarme porque estamos aquí básicamente gracias al universo femenino que es el gran gestador de todo. Las reflexiones de cada uno de los personajes son aportes muy impactantes y empuja hasta el fondo el nivel emocional del relato.

- ¿Cómo se filmó el alegato final?

- RD: Todo estaba orientado hacia ese punto, todos los personajes están al servicio de llegar a esa instancia. Una vez que tienen en claro que muchas cosas dependen de eso, te diría que fue natural y eso se debe a que la escritura de ese texto, para mí, es muy prodigiosa. Cuando como actor tenés la posibilidad de tener un texto de semejante envergadura, con altos impactos pero que al mismo tiempo suena lógico y natural, es tranquilizador. Tenés que acompañarlo, sentirlo, permitir que te atraviese y que exista la posibilidad de que puedas transmitirlo de la misma forma. La rodamos muchas pero muchas veces; la reiteración a veces atenta contra el plano emocional porque uno ya lo escucha y sabe qué es lo que viene, pero no ocurrió esta vez, al contrario. Nos mirábamos mucho entre nosotros, estábamos siempre conectados y también con los extras que hacían de audiencia. Muchas veces sobrevolé con la vista sus caras, sus ojos, sus gestos y estaban enganchados. Me podían pedir que lo hiciera 100 veces, no 30 como lo hice, e iba a pasar exactamente lo mismo.

- PL: Hubo mucho compromiso. Hasta el último segundo antes de empezar a rodar, seguían cambiando palabritas y cositas. Exactamente igual que lo que pasó en el hecho histórico, que siempre estaban minuciosamente eligiendo las palabras correctas.

- RD: Hay una escena que finalmente no quedó en la edición final y era muy cortita. Strassera está en el baño escribiendo sobre la tapa del inodoro unas cosas que se le ocurrieron a último momento para incorporar al alegato. Me gustaba mucho, pero no quedó.

- PL: Algo de eso se ve en un momento, en el papel que estás leyendo hay tachaduras. Era lindo.

- RD: Habla de la parte, no naif, pero sí desestructurada de cuando hay un aporte humano y una sensibilidad que está puesta al servicio de transmitir un sentimiento y una idea. Me gustaba la idea de un tipo que, se supone, tenían tan planeado durante días, semanas y meses lo que iba a decir, y a último momento se le ocurre una cosa y va al baño y escribe sobre una servilleta.

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