Alimentación: consejos populares, pero ineficaces

De lo que comemos depende buena parte de nuestro bienestar. Sin embargo, muchas veces se hacen virales consejos falsos que pueden poner nuestra salud en riesgo.

LA VERDADERA CLAVE. Una vida saludable depende del equilibrio en la distribución de nutrientes, y del resto de nuestros hábitos, como la actividad física. LA VERDADERA CLAVE. Una vida saludable depende del equilibrio en la distribución de nutrientes, y del resto de nuestros hábitos, como la actividad física.

Que los modos de informarnos, aprender y difundir han cambiado es indudable, y no es nuevo. Algo de lo mucho que cambió (y nos enseñó) la pandemia es la fuerza de la penetración de las redes sociales. Y también su doble cara: facilitadora e invasiva; reveladora y siniestra máquina de fabricar fake news.

Así las cosas, cualquier opinión personal puede convertirse en consejo de salud. Y, lo que es peor, tansformarse en “mito” que después es muy difícil reconducir. Otras veces se presentan como “sabiduría popular” a través de las generaciones... y sabemos lo que cuesta modificar  lo arraigado en el imaginario cultural.

Pasa con los tratamientos, con la vacunas, con las enfermedades (para agravarlas o minimizarlas)... también con la alimentación. Y hay muchas creencias sin fundamento. Por eso, con especialistas tucumanas, vamos a analizar algunos consejos sobre nutrición que son populares, pero no funcionan...

• Si es light puedo comer todo lo que quiera.

Según el Código Alimentario argentino la etiqueta light debe aparecer en productos (mermelada, crema de leche, yogur, galletas) que tienen, como mínimo, un 25 % menos de calorías, carbohidratos, azúcares, grasas, colesterol o sodio que la versión tradicional del mismo alimento, explica Laura Cordero, nutricionista y especialista en Salud Social y Comunitaria, y explica que puede pasar que restrinjan carbohidratos, pero añadan grasas, o sodio (por dar un ejemplo). “A veces estas confusiones las promueve la  propia industria alimentaria, y pueden ser graves; porque al pensar que son alimentos saludables mucha gente los consume más, y más frecuentemente que alimentos típicamente poco saludables, cuando en realidad son iguales”, resalta.

• Una dieta saludable exige eliminar grasas.

“Si no se consumen grasas, el cuerpo tiene dificultad para absorber vitaminas liposolubles (A, D, E y K), que son fundamentales. Además, un 20% del colesterol alimentario, mayoritariamente grasa animal, se captura en el intestino y por la sangre se pone en contacto con la piel; allí, con los rayos solares, genera vitamina D, fundamental tanto en la infancia, para crecer, como en la vejez, para combatir la osteoporosis”, advierte Mariela Córdoba, especialista en Nutrición del Centro de Salud Ramón Carrillo, de Yerba Buena. “El déficit de vitamina D se asocia además con síndrome metabólico, que incluye hipertensión arterial, y alteración de lípidos y de glucosa”, agrega.

“Por otra parte, las grasas les dan palatabilidad a los alimentos (cualidad que los hace agradables al paladar), nos dan sensación de saciedad, y ayudan a regular la glucemia. Además hay ácidos grasos que son esenciales y el organismo no puede elaborarlos; sí o sí necesita que le lleguen con los alimentos -añade Cordero-. En definitiva, una dieta saludable depende de la armonía en la distribución de nutrientes, y los resultados se ven  en la medida en que el resto de nuestros hábitos también sea saludable”.

• La masa muscular necesita sólo proteínas.

“Las proteínas reponen y mejoran la estructura del músculo, pero la masa muscular necesita también la energía que viene de los carbohidratos -explica Córdoba, y eso no es todo: “por ejemplo, la yema del huevo aporta los omega y el colesterol necesarios para formar las hormonas sexuales que intervienen sí o sí en la formación de la masa magra del músculo”, agrega.

• Tomar agua tibia con limón en ayunas ayuda a regular el peso.

Ambas especialistas coinciden en que “es un disparate”. Y lo toman con humor: “si fuera cierto, no habría gente con sobrepeso, especialmente en Tucumán, donde los limones abundan...”, cometa Córdoba. “El agua tibia con limón en ayunas ha tenido un efecto de remoción de grasas sólo comprobado en sartenes y ollas”, responde entre risas Cordero.

• Los huevos son malos porque aportan colesterol

“El huevo es uno de los alimentos más completos: alto el contenido de proteínas en la clara, y, entre otros nutrientes, de carotenoides (muy rico en vitamina A), que da el color amarillo”, explica Cordero. “En realidad es enorme la biodisponibilidad de nutrientes de los huevos: calcio, sodio, hierro, potasio, vitamina B, B12, D y K, entre otros; y es una forma muy barata y muy accesible de aportar proteínas de alto nivel biológico”, añade.

A la hora del postre

También las frutas, según pasan los paradigmas alimentarios, sufren “demonizaciones”.

Y lo cierto es que -coinciden las expertas- son uno de los pilares de la alimentación saludable, así que veamos...

• Comer fruta como postre es mala idea

“Nuestro metabolismo no funciona diferente si las frutas las comemos antes o después de la comida”, resalta Córdoba. Explica además que azúcar de las frutas, al consumirse junto con la fibra, no produce picos de glucosa en sangre tan elevados como cualquier otro postre después de las comidas. Y hay otro dato interesante: “después de un tiempo de comer fruta las papilas gustativas y el cerebro interpretan ‘entró dulce’, y no diferencian entre chocolate y fruta. Si se mantiene la costumbre en el tiempo, el cerebro deja de preferir la carbograsa presente en helados, facturas, tortas...”, explica.

“Lo importante es que se logra el aporte de frutas (y verduras) necesario (cinco raciones diarias entre ambas) y que el perfil de frutas sea variado, cosa que no ocurre entre nosotros”, añade Cordero.

• Las bananas no son buenas para la salud

“Las bananas aportan micronutrientes muy importantes (potasio, magnesio, ácido fólico) y, según su grado de madurez, nos brindan almidón (las más verdes)  que es resistente, tiene función prebiótica,  y es bueno para el intestino. A mediada que maduran, los almidones se van transformando en azúcares. Y entonces las bananas son un buen recurso en la alimentación cotidiana,  en algunos preparados (licuados, helados, galletitas panqueques), para aprovechar el dulzor de la fruta y no usar azúcares añadidos”, explica Cordero, y destaca su versatilidad: “podemos ponerlas en una mochila como parte de una vianda, y no se pondrán feas”.

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