Cómo llevar adelante un duelo y acompañar en el momento final

Gaby Pérez Islas afirma: “sobre la muerte hay muy poco que hacer; sobre la vida: todo”.

“La mejor manera de honrar a quien se ha ido es seguir su legado: si se esforzó por hacernos felices ¿por qué pagarle su muerte con nuestra infelicidad?”, esta es la primera cita de Gaby Pérez Islas (foto pequeña) en su libro “Cómo curar un corazón roto. Ideas para sanar la aflicción y la pérdida” (Sello Diana de Editorial Planeta).

La voz de la mexicana especialista en tanatología endulza los conceptos que dispara sobre la muerte y la pérdida, con una esplendorosa claridad: “Tanatología es una disciplina de acompañamiento. Sobre la muerte hay muy poco que hacer, sobre la vida: todo”, reflexiona.

Durante 25 años Pérez Islas (@gabytanatologa) acompañó a personas que han sufrido pérdidas y a enfermos terminales y durante su carrera elaboró esta guía útil para poder transitar las pérdidas en todo sentido: una mudanza, enfermedad, cambio de trabajo, un hogar y la muerte de un familiar o amigo cercano. “El libro, que cumple 10 años, busca estar ahí, acompañando en ese proceso doloroso”, explica la autora. “Porque la tanatología es eso, acomodar las emociones que duelen en el alma para ubicarte en una nueva realidad”.

- ¿Cuáles son las etapas de un duelo y por qué es importante transitarlo?

Se conocen como etapas “Kübler Ross” por Elisabeth Kübler Ross (psiquiatra y escritora suizo-estadounidense), madre de la tanatología. Esas etapas siguen estando muy vigentes y no se recorren de manera lineal, ni tampoco se pasa una sola vez por ellas. Son más bien como un plato de spaghetti, todo revuelto. Las etapas que ella propuso son cinco: la negación es cuando no me lo creo y siento que no es cierto, están equivocados y voy a consultar otra opinión. Tu mente se protege y niega lo que sucede, hace que no lo creas. Cuando pasa la negación aparece el enojo, porque a todos nos enoja perder. Nos duele, molesta y ahí aparece la rabia furiosa contra los médicos, el gobierno, Dios. Hay que tener cuidado con la rabia porque esa rabia vuelta contra mí, se llama depresión. Después viene la negociación que es todo lo que hacemos para transar con la vida: medicina alternativa, pensamos que vamos a cambiar y hacemos promesas con la vida: ´bueno me quitaste esto pero ya no toques nada más mío´. Estamos en un tire y afloje. Después aparece una depresión reactiva -que no es química ni crónica porque ahí ya debería involucrarse un psiquiatra-. Nos sentimos tristes.

- ¿Cómo nos damos cuenta que necesitamos ayuda externa para salir de la depresión que genera una pérdida?

- La depresión del duelo es reactiva, mientras que la química me inhabilita a realizar cualquier tarea. En una depresión reactiva estoy triste, pero sigo atendiendo a mis hijos, realizo las tareas básicas. Diferenciamos a la depresión en cómo te inhabilitar para retomar un ritmo en tu vida. La depresión reactiva por una pérdida puede durar 15 días. Si después de eso no puedas pararte de la cama, no te puedes bañar, no te puedes hacer cargo de tus hijos, ya puede haber un desequilibrio químico. La depresión se mide no por la profundidad del dolor, sino por lo que inhabilita a hacer.

Luego, cuando ya transitamos la depresión llegas a la última etapa del duelo que es la aceptación que no quiere decir que te guste lo que pasó, es simplemente que te dejas de pelear con la realidad. Ya sabes que sí pasó y tengo que seguir adelante.

- ¿Qué más se puede hacer ante un duelo?

- En Estados Unidos, un discípulo de Elisabeth Kübler Ross, David Kessler, un conocido tanatólogo habla de una sexta etapa del duelo que sería darle un significado a la pérdida, darle un sentido al dolor. En México hay un caso muy conocido para ejemplificar esto. La periodista Virginia Sendel perdió hace 25 años a su hija Michelle y a su nieto Mau en un incendio. En medio del dolor, creó una fundación para ayudar a niños quemados. De esta manera puso su dolor al servicio de los demás y le dio un nuevo sentido a la experiencia que ella había vivido.

- En un video de tu canal de YouTube hablás de qué hacer con las fotos de quien falleció ¿qué sugerís hacer con las redes sociales y los recordatorios de Google Fotos de quién ya no está?

- Las fotos son nuestro tesoro cuando alguien falleció; ya no habrá más fotos. Y cuesta mucho creer que ya no están contigo y es doloroso a veces ver de nuevo esas fotos en donde están llenos de vida. El duelo y la modernidad nos traen ahora este mundo virtual. Yo recomiendo avisar a Facebook e Instagram, por mencionar dos redes sociales como ejemplo, que la persona murió y que queremos quitar su página. Lo ideal sería tener las claves de las redes sociales en un librito al que puedan acceder cuando uno no esté y así poder darles de baja uno mismo.

También hay que saber que estas redes tienen una opción de avisarles que una persona murió y dejan esa página como “in memoriam”. Lo ideal es respetar esa intimidad porque, Facebook es como el diario de alguien y no tendrías por qué meterte ni inspeccionarlo si esa persona ya no está. Lo más correcto es, si murió la persona, dar de baja esas redes sociales, respetar su teléfono, guardar en un archivo o disco rígido las fotos para que ya no te aparezcan en tu teléfono como recordatorio.

- ¿Qué sucedió con la covid-19 y las pérdidas de seres queridos?

- La covid-19 vino a cambiar todos nuestros rituales con respecto a la muerte y las despedidas porque no se pudieron hacer como se hacían antes. Estuvimos aislados, no pudimos ver a nuestros seres queridos, no pudieron darte un abrazo ¡ni siquiera decirte una frase incorrecta o trillada!

En México hubo 300.000 muertes por coronavirus y puse en práctica toda mi experiencia de 25 años con mis pacientes. Algo importante a saber es que no existieron las condiciones ideales para despedirse de un ser querido, pero ¿cuándo las hay? Rara vez en la vida una persona muere como en una película: en su cama y rodeado de sus seres queridos. Tenemos y tuvimos que adaptarnos a esa circunstancia y hacer lo mejor que podemos con los recursos que tenemos. ¿Mi consejo? No dejar cosas pendientes con nadie. Hay que vivir despedidos porque si luego la vida no nos da otra oportunidad ya lo hayamos dicho todo. Los “te quiero” y los “perdón”. No porque esté pensando que ya me voy a morir, sino porque quiero vivir bien.

- ¿Existe alguna pérdida que sea “peor” que otra?

- Durante generaciones se han puesto etiquetas a las pérdidas. En tanatología no comparamos una pérdida con otra porque la peor pérdida de todas, la más dura, es la que tú estás viviendo en este momento. Simplemente porque es la tuya. Entonces no hay que minimizar ningún dolor porque alguien que puede haber perdido su mascota puede sentirlo tan profundo como otra persona.

Hemos creído durante años eso que decían que alguien que pierde a un hijo no tiene nombre y claro que tiene nombre: cuando una madre pierde a un hijo se llama madre porque ser madre es un cargo vitalicio. Tengo que seguirle llamando madre o padre porque tú tienes que seguir siendo esa persona de quien tu hijo se sentiría orgulloso.

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