La creciente de El Blanquito: La tragedia de San Guillermo

15 Ene 2022 Por Gustavo Rodríguez

El aluvión de El Blanquito fue uno de los desastres naturales más importantes de los Valles Calchaquíes de todos los tiempos. Pero no fue el único. Varias décadas después de haberse registrado, el joven periodista oriundo de Tafí del Valle Javier Astorga, lo bautizó con un nombre. Era la deuda que tenía la historia con ese caso que pasó rápidamente al olvido. Le puso “La tragedia de San Guillermo”. Y eligió ese nombre para rescatar lo que ocurrió ese 24 de diciembre de 1967, cuando un aluvión se llevó puesto un camión que transportaba a futbolistas y simpatizantes del club San Guillermo. El resultado fue 17 muertos y más de 16 lesionados “La idea es rescatar todos los hechos que marcaron a los habitantes del valle. Y es con la mirada de sus pobladores y no de los hacendados, como normalmente ocurre”, explicó el colega.

El fútbol siempre unió a los habitantes de ese sector de la provincia. San Guillermo, que usa los colores de la camiseta de San Lorenzo, era el equipo de la zona de Casas Viejas, que está a mitad de camino entre El Mollar y Tafí del Valle. Ese día debía jugar por un partido clave para sus aspiraciones de campeonar. Como era habitual en esa época, jugadores y simpatizantes, se reunían en algún punto de encuentro para dirigirse al estadio del club rival. Cualquier vehículo era bueno para cumplir con la cita. Camiones o camionetas atestadas de gente transitaban esos precarios caminos para llegar al destino. Otros, directamente, se movilizaban en caballos. “Esta fue la tragedia más grande de la historia de los valles. Murieron 17 personas, de entre 10 y 50 años. Hombres y mujeres perdieron la vida y dejaron una marca imborrable, pese a que muchos no conocen la historia”, indicó Astorga.

El percance

Después de haber cargado combustible en la estación de servicio de la villa de Tafí, el Ford 350 conducido por Antonio Mamaní, se dirigió hacia Rodeo Grande, donde debían disputar el encuentro. En la caja, tapado con una carpa, viajaban unas 40 personas. “No obstante que el cerro estaba completamente cubierto hacia la zona donde se dirigía, el conductor siguió la marcha cruzando el badén, sin inconvenientes, puesto que en ese momento el agua que pasaba por el mismo era normal”, cronicó LA GACETA.

Media hora después, siempre según lo publicado por nuestro diario, el camionero no pudo subir las cuestas, porque el camino estaba fangoso por la intensa lluvia, por lo que decidió regresar a la villa. “A unos 900 metros de El Badén, en el lugar denominado El Alto, el camión se detuvo y se bajaron más de 10 personas asustadas por el tronar del aluvión que bajaba por el río La Banda. A pesar de la proximidad de la creciente, Mamaní aceleró para pasar por el lugar antes de que llegara la correntada. Así llegó al badén que ya llevaba un caudal apreciable. Una de las ruedas trepó a una enorme piedra y las aguas mojaron el motor, que se detuvo. Entonces arremetió contra el vehículo. Entre los gritos de espanto de los pasajeros, el frente de aluvión que traía árboles y arrastraba enormes piedras. El camión, en segundos, se desplazó de punta hacia la caída del badén, dando una vuelta completa. Luego giró en otros tumbos y fue arrastrado en un promontorio de arena, prácticamente atascado, sin rueda, con enormes piedras a su alrededor”, se editó en esos días.

Un periodista anónimo de LA GACETA viajó hasta Tafí del Valle para reconstruir lo que había sucedido en esa víspera de Navidad. “La tragedia tiene ciertas características inexplicables si se tiene en cuenta que el conductor del camión es nativo de la zona y conocía perfectamente la peligrosidad de la creciente de los ríos de esa región. Solamente el afán de retornar rápidamente explicaría el hecho de que entablara una verdadera cerrar con la vertiginosidad de la corriente”, analizó el cronista. “Antes de ser trasladado al Padilla, el chofer explicó que había intentado el cruce porque unos metros antes, unos jóvenes que bajaron del vehículo a su pedido, le indicaron que la creciente venía a unos 500 metros atrás. Entonces, convencido que tenía tiempo para atravesar el vado. Entonces, convencido de que tenía tiempo para atravesar el vado, se detuvo. Dijo que un árbol que traía la correntada dio de lleno contra el camión, produciéndose la catástrofe”, añadió el cronista explicando que el conductor del camión logró salir a unos 100 metros del badén ayudado por otro sobreviviente.

Nicolás Miguel y Roberto Vicente Felipe, propietarios del surtidor donde cargó combustible el camionero, dijeron a LA GACETA que le advirtieron de los peligroso que resultaba proseguir el viaje hasta Rodeo Grande con la lluvia que caía en esos momentos. “Algunos de los pasajeros trataron de hacerlo quedar bajo las galerías del surtidor. El camión se fue y aproximadamente a las 13.30, los Felipe se dirigieron hasta el badén para ver el paso de la creciente. Al llegar al lugar vieron como el camión regresaba metiéndose a fuerte velocidad al agua. Dio varios tumbos hasta que el aluvión lo hizo dar una vuelta completa. Había un estruendo terrible. A ratos se veían las ruedas del camión y otras de las cabezas de la gente que iba en la caja, cuya capota fue arrancada por las aguas”, se editó.

El periodista también habló con Ángel e Hipólito Tolaba y Oscar Chaile, tres jóvenes que decidieron por su cuenta bajar del camión antes de que intentara cruzar el río. “Nos bajamos a unos 300 metros, momentos antes de que el camionero emprendiera rauda velocidad para ganarle a la creciente”, relataron. Mamerto Vital Contreras, chofer de la ambulancia de Tafí del Valle, fue un testigo presencial de la tragedia. “El camión entró muy fuerte y se subió a una enorme piedra. Logró pasarla, pero el motor se le paró”, explicó el hombre que había ido a buscar a una enferma a Las Carreras y que no se atrevió a desafiar a la creciente.

Dolorosa escena

Los Felipe, y otras personas anónimas, hicieron lo imposible para rescatar a cuatro personas. Mientras seguía con esta tarea, su sobrino fue a avisar a la Policía y a los médicos del hospital lo que había ocurrido. En cuestión de minutos, la mayoría de los habitantes se congregaron en el lugar. “El cura párroco Hugo Lamaissón y el vecino Gonzalo Paz sacaron con el lazo a muchos heridos. La fuerte correntada duró alrededor de una hora. El comisario Armando Esteban del Puerto y los médicos Silvio Rodríguez y Suárez también trabajaron intensamente en las tareas de rescate”, publicó LA GACETA.

“El valle de Tafí aparecía sumido en el estupor que sigue a las pavorosas tragedias. Centenares de veraneantes paseaban por el lecho del río mirando los despojos del camión que quedó varado a unos 800 metros del terraplén, sin ruedas y completamente deteriorado. Había manchas de sangre en las piedras y pedazos de ropas colgadas de las ramas de los árboles que quedaron en pie tras el paso del aluvión”, relató el periodista en la crónica publicada el 26 de diciembre de 1967. “Esta es la tercera vez en el mes que crecen los ríos La Banda y el Churqui, los cuales al unirse al oeste de Tafí del Valle forman el río La Angostura”, agregó. A muchos el relato les parecerá extraño, pero el hecho se desencadenó cuando aún no existía el dique. Otro dato: como ocurrió con El Blanquito, antes de que se registrara “La tragedia de San Guillermo”, hubo otras dos crecientes.

“Casi todo Tafí del Valle se volcó a la zona del desastre colaborando en el rescate de los heridos y los muertos. Algunos de los primeros consiguieron llegar a la orilla por sus propios medios y otros fueron enlazados mientras luchaban contra las aguas. Entre las piedras, al promediar la tarde, luego que de que decreció la correntada, se encontraron los cadáveres de Andres Güanco (45), obrero de vialidad y de su hijo Oscar (20), quien este año acababa de recibirse de maestro en Santa María; de René Mamaní, (20) años y el de su esposa María Cristina González (18). Según una versión, Mamaní logró llegar a la orilla, pero al ver que su mujer era arrastrada por las aguas, se lanzó tras ella. El cuerpo de la mujer fue hallado cerca de la confluencia con el río El Mollar. También murieron golpeados y ahogados Carina Álvarez (15), Dionisio Mamaní (40), Luis Mamaní (10) -hijo del conductor del camión), Manuel Antonio Mamaní (45), Román (40) y Humberto Ríos (16), David Guanco (26), Ángel Pereyra (17), Cosme Olarte (17), Demetrio Marcial (16) y Pedro Lizárraga, que vivía en Santa Lucía y que fue visitar a una tía de El Mollar.

“El crepúsculo sorprendió a los vecinos de Casas Viejas rastreando en busca de sus familiares. Un centenar de ellos, metidos en un remanso del río, a unos dos kilómetros del badén, mientras cumplían la macabra tarea, prorrumpieron, entre lastimeros gritos, con el canto del ‘joi-joi’. La viejísima letanía india que los naturales del valle de Tafí entonan en carnaval o en los entierros, pobló de ecos esa tierra abonada por la carne de sus antepasados”, editó nuestro diario.

El último adiós

Los heridos y fallecidos fueron trasladados al hospital de Tafí. Pasada la medianoche, un camión del ejército trajo los 16 ataúdes para que fueran sepultadas las víctimas de la tragedia. En el campo de juego del club San Guillermo, rodeados de cerros y de un paisaje único que la transformó en la capilla más linda del mundo, se realizó el velorio. “A las 14 comenzó a llover sin que decreciera el dolor de la gente. Viejos y jóvenes lloraban aferrados a los féretros”, publicó nuestro diario. Esa lluvia impidió que el cura Lamaisson oficiara una misa y participara del sepelio. Lo mismo le sucedió al gobernador Fernando Aliaga García que se había trasladado en avión hasta Tafí del Valle. La Pachamama jugó a su favor, ya que los habitantes de Casas Viejas esperaron en vano la llegada del general retirado para exigirle más y mejores caminos para los habitantes de Casas Viejas.

“Hace unos años decidí reconstruir la historia de nuestro pueblo”, se justificó Astorga al dar detalles sobre el trabajo que realizó con “La tragedia de San Guillermo” en su blog. “Ya casi no quedan testigos directos de ese hecho. Una de las personas que entrevisté por este hecho falleció a fines de diciembre”, explicó el colega. El joven periodista, que cada vez es más conocido como la “Voz de los Valles”, no sólo logró recoger testimonios de sobrevivientes, sino que se topó con un material histórico. “El caso fue cubierto por la revista ‘Así’, que fue fundada por Roberto García, el creador también del diario Crónica. Le dedicaron ocho páginas al episodio. Y en los valles sólo hay dos ejemplares que fueron adquiridos por personas allegadas a las víctimas. La conservan hace más de 55 años porque es uno de los casos más dolorosos que se vivieron en el valle. Se lo recuerda, al igual que el aluvión de El Blanquito. Son hechos que no se olvidan más, y esperemos que no vuelvan a ocurrir”, concluyó.

Esta nota fue anteriormente contenido exclusivo, sólo accesible para suscriptores.

 

Comentarios