Tres historias marcadas por la búsqueda de un mundo mejor - LA GACETA Tucumán

Tres historias marcadas por la búsqueda de un mundo mejor

Sus luchas son distintas, pero las unen la convicción y el compromiso de hacer ya de este planeta un lugar más óptimo para sus hijos.

17 Oct 2021 Por Lucía Lozano
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“¿Qué mundo queremos dejarles a nuestros hijos?”, hemos escuchado siempre. A ellas, esta cuestión les parece obsoleta. No hay mañana. Es hoy. El planeta dice basta. Sus recursos se agotan y el tiempo de reacción se reduce cada día que pasa.

Están convencidas de que tienen un rol fundamental desde la maternidad, tanto en educación como en consumo. Son muchas las mamás que reivindican los valores basados en el respeto a la Tierra y sus recursos. Para esta nota elegimos tres historias: las de Magdalena, Jesús y Beatriz.

Sus luchas son distintas. Sin embargo, la convicción es la misma: cualquier aporte que pueda hacerse, por más pequeño que sea, es esencial ante los retos que plantea el cambio climático. Por eso, el hogar es para ellas el principal campo de acción. Y en esa lucha cotidiana, han encontrado una conexión mas que especial con sus hijos.

Doble tarea

Magdalena Sorondo es la mamá de Amanda, de nueve años, y de Nío, de cuatro. Es fotógrafa y es una de las fundadoras de SOS Tierra, una ONG que nació hace seis años con el objetivo de alentar a las personas a replantearse hábitos cotidianos y a elegir opciones que cuiden nuestra salud y la del medio ambiente. Se encargan de promover el consumo consciente con charlas, talleres y actividades para sus seguidores, abiertas al público en general.

A Malu, como le dicen sus conocidos, siempre le interesó la ecología. Pero sobre todo, el poder hacer algo para ayudar a cambiar lo que no le gustaba o lo que creía injusto. “La idea es no quedarse en la queja, sino tomar una posición activa”, reflexiona la mamá, de 41 años. Antes de movilizarse por el ambiente, se desempeñaba en un merendero adonde hacía tareas de alfabetización.

“Ser mamá y ser ambientalista al mismo tiempo es hermoso. En nuestro caso eso hizo que tengamos una conexión especial”, señala. En su casa los chicos saben perfectamente cómo separar la basura, tienen en claro que deben cuidar cada gota de agua que sale de las canillas y hasta preparan su propia pasta de dientes. Cada vez que salen de paseo, llevan una bolsita en la que levantan basura.

“Todas nuestras salidas son para aprovechar la naturaleza, para estar en contacto con ella. Pienso que disfrutarla es la mejor forma de valorarla”, sostiene.

Plantan árboles y flores, cuidan una huerta de donde sacan el alimento que ponen en los platos. Y tratan de llevar una alimentación muy saludable. “Desde que eran muy chicos opté por hacer todas las actividades ambientalistas con ellos. Aunque fue mucho más trabajo, una doble tarea, quería que sean parte de eso”, confiesa la mamá, que es oriunda de Buenos Aires. Llegó por primera vez a Tucumán los 22 años. Entonces, conoció Amaicha del Valle y se quedó a vivir ocho meses ahí. Después de un tiempo, volvió para instalarse en nuestra provincia.

Malu confiesa que no siempre es fácil ser mamá ecológica. “Algunas veces mi hija me dice que se siente diferente cuando, por ejemplo, lleva su propia comida saludable en un tupper mientras todos sus compañeros compran en el kiosco. Pero ellos se van amoldando. Y esos valores que incorporan desde pequeños se vuelven inquebrantables”, remarca, orgullosa de que sus niños disfruten y cuiden su gran hogar, el planeta tierra.

Un modo de vida

Beatriz Velásquez llegó hace 11 años desde Colombia. Se mudó a Tucumán por amor y en sus valijas también trajo su pasión por la ecología y el cuidado del medio ambiente. Para ella es un modo de vida, y desde que es mamá también se ha convertido en una forma especial de conectarse con sus hijos, Juliana, de ocho años, y Santiago, de cuatro.

Beatriz es bióloga, docente y coordinadora del Área de Biodiversidad en la Fundación ProYungas, una ONG que promueve el Desarrollo Sustentable a través de distintas acciones. Desde ese lugar, hace planes de manejo de áreas desprotegidas, sobre todo para cuidar la flora y la fauna local.

Sobre la misma base, intenta educar a sus hijos. En su casa hacen reciclaje, separan la basura y tienen una huerta. Además, ponen frutas en el patio para que se alimenten los pájaros. “Hay que preparar a los chicos para sean más conscientes del cuidado del planeta y tengan más valores relacionados a la naturaleza”, señala.

El modelo de consumo actual es insostenible. Por eso, según Velásquez, hay que consumir y tirar lo menos posible. Y enseñarles a reciclar. También incentivar el debate sobre el clima y sobre lo que uno puede hacer en las conversaciones cotidianas. Cree que la maternidad y el cuidado del medio ambiente son más que compatibles. Tanto, que en su caso, ya se ha convertido en una forma de vida.

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