Fernández Meijide: “Este 24 de Marzo pensaré en Formosa” - LA GACETA Tucumán

Fernández Meijide: “Este 24 de Marzo pensaré en Formosa”

La nonagenaria activista por los derechos humanos y ex dirigente frepasista lamenta que la juventud vaya perdiendo conciencia de lo que significó la dictadura.

24 Mar 2021 Por Irene Benito
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ACTIVISTA DE DERECHOS HUMANOS Y DIRIGENTE POLÍTICA. La ex secretaria de denuncias de la Conadep, que hace unos días cumplió los 90 años.

Pasaron 45 años del comienzo de la última dictadura: la mitad exacta de la edad de Graciela Fernández Meijide. Para ella el 76 fue el meridiano que dividió su vida: tras el secuestro y la desaparición forzosa de su hijo Pablo, que tenía 17, Fernández Meijide dejó la docencia, y se volcó al activismo en la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos (APDH) y, luego, a la política en las filas del Frepaso. Protagonista del Gobierno fugaz de la Alianza como ministra de Desarrollo Social de Fernando de la Rúa, padeció las ingratitudes de la escasez material y las amarguras de la ingobernabilidad. Lúcida y memoriosa, a los 90 recién cumplidos sigue sorprendiéndose. Por ejemplo, dice que le llamó la atención que viralizaran una imagen suya mientras se vacunaba como cualquiera. “Lo normal ha llegado a ser anormal en este país”, opina.

Luego de atender el teléfono fijo en el horario pactado, Fernández Meijide pide imperativamente a quien la acompaña que apague la radio para oír mejor. Hace las cuentas: murieron casi todos los integrantes de la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas (Conadep) creada por Raúl Alfonsín para recopilar información acerca de los delitos que cometieron las autoridades de facto, de donde salió el informe “Nunca más”. En ese equipo encabezado por el escritor Ernesto Sabato ella se desempeñó como secretaria de denuncias. “Entre los que quedamos en pie están Magdalena (Ruiz Guiñazú) y Daniel Salvador (dirigente radical y ex vicegobernador bonaerense)”, enumera con su voz grave de profesora.

A Fernández Meijide la mirada retrospectiva la deposita en el presente. “Es muy difícil para mí vivir este 24 de Marzo sin pensar en Formosa”, propone. También razona que proveer impunidad a quienes cometieron delitos de corrupción administrativa implica una especie de contracara del Juicio a las Juntas. “Indultar a los corruptos es justo lo opuesto a juzgar a los militares”, dice. Y llama la atención acerca de que, pese al tiempo transcurrido, los criminales de los años 70 no se hayan disculpado. “Es notable que ni guerrilleros ni militares pidieran perdón: lo atribuyo a la soberbia de creer que hicieron las cosas bien”, medita.

-¿Qué es lo que le aflige en este 24 de Marzo?

-Este año y por lo menos para mí, va a ser muy difícil pensar en el 24 de Marzo sin tener presente lo que está pasando en Formosa. Es un lugar donde alguien decidió adueñarse de la vida de la gente y manejarla de la manera que quiera con la excusa del virus, como si Formosa no fuese parte de la Argentina. Y lo más grave es que fue hasta allá un secretario de Derechos Humanos (Horacio Pietragalla) y justificó lo que estaba sucediendo. Esto nos hace pensar en la eficacia de que ese funcionario de control sea nombrado por el Presidente de la Nación. Salvo que esta figura tenga una moral y una dignidad muy altas, difícilmente criticará al Gobierno, con lo cual se torna inútil. Toda la vigilancia sobre el ejercicio de los derechos humanos, donde cuando hay violación, siempre hay que buscar a la institución estatal por detrás, ya sea a la Policía o a los núcleos de poder, necesita ser independiente y autónoma tanto en términos económicos como políticos. Yo lamento, porque respeto mucho el trabajo que hicimos con Madres y Abuelas (de Plaza de Mayo) durante los años difíciles de la dictadura, que aquellas hayan decidido y manifestado con todas las letras ser partes de un partido político. Eso les quita la calidad de organismos no gubernamentales y los convierte en militantes sin espíritu autocrítico.

-¿Cómo llevó ese paso del activismo de los derechos humanos a la política?

-Yo me aparté de la APDH. No es que renuncié, pero sí me hice a un costado para no influenciar. Personalmente sentía que estar en los dos planos podía llegar a ser incompatible.

-En la Argentina se festeja como logro democrático que un Presidente termine su mandato y que los militares ya no puedan dar un Golpe. ¿Le parece suficiente tras 45 años de historia?

-Lo fue hasta ahora. Hay una convicción en la sociedad de que la interrupción de la democracia no va más. No debemos olvidarnos de que el del 1976 fue el sexto Golpe desde 1930. Esto quiere decir que la Argentina toleraba bastante bien este tipo de rupturas del orden constitucional. Después del desastre de Malvinas, y del conocimiento de lo que había ocurrido con los desaparecidos y los presos, la sociedad dijo “nunca más”. Y eso fue un consenso general de rechazo a la violencia política y a la entrega de la democracia. Este “no” tuvo una fuerza muy intensa durante los años iniciales del Gobierno de Alfonsín.

-¿Alcanza con esto para tener una democracia respetuosa de los derechos humanos?

-Tiene que alcanzar. Es nuestra obligación que alcance. Hoy nadie cuestiona seriamente la democracia y los ciudadanos siguen yendo a votar, pero sí es cierto que en los últimos tiempos existen grandísimas confusiones como consecuencia de la pandemia y una pelea interna en el Gobierno que resquebraja la confianza de la gente. Todo esto lleva a un descrédito de la política y eso es de lo que hay que cuidarse. Por ello en las próximas elecciones, en especial la oposición, ya que está en ese lugar, debe exponer sus mejores propuestas para los asuntos fundamentales que hoy nos aquejan: la pobreza, la educación, la salud y la seguridad.

-¿El esfuerzo que hicieron la Justicia, las organizaciones y las víctimas para condenar a los militares y a sus cómplices no quedó opacado por el hecho de que no hubo una rendición de cuentas igual de profunda respecto de la violencia política previa al Golpe?

-Hubo juzgamientos y encarcelamientos hasta los indultos de (Carlos) Menem porque Alfonsín, cuando decretó el Juicio a las Juntas, también lo hizo para las cúpulas guerrilleras. El nuevo impulso a los juicios penales por delitos de lesa humanidad sólo abarcó a los militares y, según mi parecer, hubo un error grueso al abandonar el criterio de casos agrupados por centro clandestino de detención, lo que estiró muchísimo el proceso, e hizo que víctimas y victimarios murieran en el camino. Otros imputados acumulan condenas a prisión perpetua incumplibles con una inversión de energías y de recursos que pudo haberse evitado si se seguía la estrategia inaugurada por el Juicio a las Juntas.

-¿El haber dejado incólumes los indultos de Menem para las cúpulas guerrilleras deslegitimó en cierto sentido esta búsqueda de justicia?

-Hay quienes sienten desbalanceados los pesos, pero yo nunca creí que la responsabilidad de los jefes guerrilleros, que la tuvieron y en gran cantidad, pudiese ser equiparada a los crímenes que cometieron los funcionarios por una razón: el Estado tenía todas las herramientas para garantizarse la impunidad y, de hecho, eso intentó con la desaparición de personas. Para mí una banda organizada no puede hacer algo así y por ello digo que para que haya violación de los derechos humanos deben estar las instituciones estatales implicadas.

-¿Qué opina de los que proponen el indulto para liberar a las autoridades actuales de las causas abiertas por supuesta corrupción administrativa?

-Es aberrante. Si nosotros aceptáramos, aún con la diferencia indudable de la gravedad de los crímenes, que quienes cometieron actos de corrupción durante el ejercicio del poder hoy fuesen indultados, amnistiados o sobreseídos, sería lo mismo que decir a los actuales gobernantes “vayan para adelante con el robo porque no les va a pasar nada”. Sería al revés de lo que se hizo cuando se juzgó a los militares, a quienes se dio este mensaje: “ustedes no dan nunca más un Golpe de Estado”.

-Hace poco trascendió una foto que la mostraba vacunándose como cualquier persona de su edad y muchos exaltaron su ejemplo.

-Lo normal aparece como anormal. Lamenté que a alguien le llame la atención que haya sacado un turno y haga la fila como corresponde. Lo anormal fueron las listas de vacunados de VIP. Ni me imaginé que alguien pudiese fotografiarme en ese lugar.

ESCENA DE ESTE FEBRERO. Graciela Fernández Meijide en el vacunatorio.

-¿Hay algo que le gustaría decir y que no le pregunté?

-Es muy notable, pero ninguno de los cabecillas de ambos sectores, tanto de los que llevaron adelante la violencia guerrillera como de los militares, pidieron perdón: yo lo atribuyo a la soberbia de creer que hicieron las cosas bien. Hace un poco un grupo de ex montoneros se encontró y festejó su pasado. Esto me parece indignante. La Justicia condenó, pero lo menos que podrían haber hecho era pedir perdón después de todo el daño que cometieron.

-No hay en la Argentina muchos ejemplos de figuras públicas que se hayan disculpado por sus errores. ¿Qué le pareció el arrepentimiento del periodista Horacio Verbitsky tras el episodio de su vacunación de privilegio?

-Al final añadió una frase irónica que borró todo el pedido de perdón. Dijo “no sabía que había tantas almas nobles”. Ese sarcasmo equivale a una trompada.

-¿Estos comportamientos ultrajan las banderas de los derechos humanos que tanto costaron levantar, y hacen que muchos las relativicen o les rebajen el valor?

-Sí. ¿Dónde han estado los organismos de derechos humanos todos estos días en los que conocimos las cosas que pasan en Formosa? ¿Dónde estuvieron cuando asesinaron a María Soledad Morales durante el Gobierno de Ramón Saadi? Yo marché y con la Asamblea Permanente intentamos ayudar a la hermana Martha Pelloni: ya estábamos en democracia. E imagino lo que ocurre en Tucumán. Para saberlo me basta con recordar que el ex gobernador (José Alperovich) está acusado de violar a una sobrina.

Una observación dirigida a las nuevas generaciones: "No estoy de acuerdo con que el Día de la Memoria sea feriado"

Graciela Fernández Meijide considera que el Día de la Memoria puede prestarse a quitar relevancia al Golpe de Estado. “A mí no me cae tan bien que sea feriado… porque no hay nada que festejar. Creo que es un día para recogerse y pensar en lo que significó la peor dictadura que tuvimos. Yo lo habría mantenido como era antes (una jornada hábil), sin perjuicio de que hay gente que va a la Plaza de Mayo a manifestarse. Pero el feriado supone otras cosas, incluso fines de semanas largos para hacer miniturismo”, opina. En la entrevista con LA GACETA, la activista y dirigente observa que los jóvenes van perdiendo la dimensión que el 24 de marzo de 1976 tuvo para aquellos que vivieron la dictadura. “De ahí que con total liviandad hubiera quienes, durante el Gobierno anterior, cantaran ‘(Mauricio) Macri -foto-, basura, vos sos la dictadura’. Esto solamente podía expresarlo un irresponsable que se conducía con consignas retorcidas o aquel que nunca enfrentó un régimen dictatorial. Lo que perdimos durante esa época es para recordarlo con mucha angustia, en especial para evitar que se repita cualquier maniobra que se acerque siquiera a quitarnos algo de nuestra libertad y, más aún, a atentar contra nuestra vida e integridad física”, medita.

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