El año escolar dependió del acceso a la tecnología - LA GACETA Tucumán

El año escolar dependió del acceso a la tecnología

Sólo los que tuvieron acceso a la tecnología pudieron aprovechar el año lectivo. Para el resto, sobre todo del interior de la provincia, fue un año perdido o muy poco productivo.

30 Nov 2020 Por Magena Valentié
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Emilia Ahumada Aguirre no va a extrañar su rincón en la mesa del living. Ese lugar donde pasó tantas horas frente a la pantalla y desde donde se acostumbró a ver el mundo durante la pandemia. Tampoco lo va a extrañar Gimena Yapura, que dejará de pelearse con su hermana para usar el celular que les prestaron. Ya no tendrá que dar explicaciones por la demora en enviar las tareas, hasta que nuevamente pueda recargar su celular, ni tendrá que salir de su casa a buscar señal, en el pueblo donde vive, La Colonia, en Choromoro.

Hoy es el primer lunes, en ocho meses, que quienes han aprobado este atípico (por decir algo amable) año lectivo 2020, no tendrán que conectarse. Para el resto comienza una etapa de apoyo y acompañamiento para aprobar contenidos que concluirá el 15.

Si bien los docentes enseñaron, no todos los alumnos pudieron aprovechar las clases. Dependió del acceso que tuvieron a la tecnología:

Emilia (17 años) rescata que en estos meses aprendió a valorar lo que tenía lejos: “mi familia, mis amigas y mis abuelos”. “Aprendí a ser más agradecida por todo lo que tengo. Y gracias a eso no fue un año perdido para mí, porque era el último de mi secundaria. Aprendí cosas que no se enseñan en un cursado normal, por ejemplo, a valorar, y también a usar las herramientas tecnológicas para hacer infografías, folletos y presentaciones. Sí me siento preparada para la facultad”.

Sol Haar (15 años) es alumna de 3° año de escuela de El Manantial Sur. “Para mí fue un año bastante malo. En marzo me robaron el celular. Me prestaron uno viejo, chiquito, que no me permitía ver las tareas. No les entendía a los profesores. Ellos no podían contestar todas las preguntas que les hacíamos. Todo era muy confuso y no sabía qué tenía que hacer. Al final me desconecté en mayo. Para mí fue un año perdido. Salvo por el hecho de haber aprendido a valorar más a mi familia y a mis hijos que no veo, no pude aprender nada en la escuela”.

Para Sol Ana González, de 6° año, de Alpachiri, “el año fue complicado pero no considero que sea un año perdido”. “Me enseñó a valorar la salud, a mi familia y a mis profesores. Además nos metió de lleno a usar las herramientas tecnológicas”, cuenta la abanderada de su escuela.

Julieta Goy tiene 12 años y es su primer año en la secundaria. No solo eso, también es su primer año en Tucumán. “Soy de Santiago del Estero y al mes de llegar a esta ciudad comenzó la pandemia. A mis compañeros los vi dos veces personalmente y a mis profesores también. Todo es por videollamadas y por WhatsApp”, cuenta la niña. “Mi mamá me ayuda pero no entiende mucho. A pesar de todo, no fue tan malo”, dice con simpatía.

Gimena Yapura vive en un lugar llamado La Colonia, en Choromoro, y es alumna de la escuela secundaria de Chuscha. “El pueblo donde vivo no tiene plaza ni wifi. La gente es muy buena pero mi vida era ir a la escuela, donde están mis amigos. Por aquí las casas están alejadas unas de otras. Con mi hermana recién en mayo nos pudimos conectar con la escuela, cuando mi cuñado nos prestó un celular. Dependo mucho de que mi mamá tenga plata para ponerle crédito porque cuando se nos termina ya no podemos mandar las tareas”, se lamenta.

“Yo quiero ser nutricionista. Espero que las cosas mejoren el año que viene y poder encontrar un trabajo que me permita seguir estudiando”, anhela. “No puedo decir que este aprendí mucho; sí cumplí con las tareas e hice lo que pude, pero con la presencia de los profesores hubiera sido todo más fácil”, dice.

El año de la pandemia será recordado como el más catastrófifo para la educación de los niños y adolescentes para el 54% de los tucumanos, según el Estudio de Opinión Pública realizado por Reale Dallatorre Consultores (RDT) para LA GACETA.

En menor medida, el 42,5% de los consultados, sintió que las clases virtuales les permitieron una nueva forma de aprendizaje. Esa visión, más positiva o más negativa, depende de los niveles de acceso a la educación.

En primera persona

La que sigue es una conversación con Santiago Nasca, alumno del último año de la secundaria del colegio Sagrado Corazón:

- ¿Cómo recordarás este año?

- Para mí este fue un año muy duro, con una gran cantidad de emociones distintas. Al principio pensaba que el aislamiento social iba a durar unos pocos meses, y que luego de eso volveríamos a la normalidad, como creo que todos imaginábamos, pero a medida que fue pasando el tiempo me di cuenta de que probablemente íbamos a tener que acostumbrarnos por un tiempo a esta nueva realidad, por lo que sentí una mezcla de impotencia y rabia por todo lo que no íbamos a poder vivir como promoción junto con mis compañeros. Pero, a medida que pasaron los meses me fui acostumbrando y haciendo las pases con este nuevo día a día. Encontré tiempo para reflexionar y hasta me sentí más tranquilo en algunas ocasiones ya que podía, por ejemplo, gestionar mis horarios más cómodamente. La verdad lo recordaré como un año agridulce. Pero como normalmente intentamos acordarnos de lo bueno, probablemente lo recuerde como el año en el que más me desarrollé y crecí como persona.

- ¿Qué aprendiste este año?

- Creo que aprendí bastante tanto en lo educativo como en lo personal. En lo educativo, gracias al esfuerzo de mis profesores, que pudieron encontrar una forma de adaptarse a esta situación. Lo más importante que aprendí fue a no darme por vencido, ya que si bien al principio me costó acostumbrarme luego me di cuenta de que no podía dejarme superar por esto, que había situaciones mucho peores a la mía; en mi caso, solo debía esperar a que pase. También aprendí a valorar las pequeñas cosas de la vida, y no dar por sentado nada de lo que tenemos, ya que cualquier día podemos dejar de ver a nuestros compañeros, familiares, y arrepentirnos de no haberles dicho esas palabras, o no haberles dado ese abrazo. Otra cosa fue la gran libertad para manejar mis tiempos que me proporcionó este contexto, y las clases virtuales me proporcionaron una mayor flexibilidad.

-¿Creés que estás preparado para comenzar la facultad?

- Sí. Este año me sirvió para prepararme para este cambio drástico que significa comenzar a estudiar en el nivel superior. Gracias al mejor manejo de mis tiempos, pude ver posibilidades a la hora de estudiar, tanto de carreras como de universidades. Logré hacer el cursillo de ingreso a la facultad. Por todo esto no creo que haya sido un año desperdiciado, ya que aproveché el tiempo que tenía en casa para informarme y prepararme para esta nueva etapa que me espera.

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