“No creo que exista un verdadero peronismo”

Daniel James, historiador de la Indiana University dedicado al peronismo, reflexiona sobre el origen, la evolución y la actualidad del movimiento.

18 Oct 2020 Por Hernán Miranda
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DANIEL JAMES. El historiador británico en su casa, en Chicago. Le concedió una entrevista por Zoom a LA GACETA.

El historiador Daniel James (Londres, 1948) arribó por primera vez a la Argentina en octubre de 1972, apenas un mes antes de que Juan Domingo Perón regresara de sus 17 años de exilio. James, que estudiaba en la London School of Economics, acababa de obtener una beca doctoral para ampliar su tesis de maestría, en la que había analizado la relación entre el peronismo y los obreros. Se quedó en el país durante casi dos años, y desde entonces ha regresado con asiduidad y se ha convertido en un autor de referencia para quienes se interesan por la formación del peronismo.

Hoy, desde su casa de Chicago, este profesor de Historia Latinoamericana de la Indiana University Bloomington conversa con LA GACETA sobre el aniversario del 17 de octubre de 1945 y reflexiona acerca de la evolución del justicialismo y la actualidad argentina.

-¿Cómo interpreta lo que sucedió el 17 de octubre del 45?

-Lo que pasa es que la historiografía del 17 ha cambiado mucho con los años. La interpretación original, que era la de Gino Germani, asociaba al peronismo con la migración interna de los años 30 y 40 y lo veía como una ruptura populista, irracional, con el movimiento sindical tradicional, que había estado relacionado con los inmigrantes europeos. Entonces, para Germani, el 17 es el momento simbólico en que esa nueva fuerza social aparece en la calle. Juan Carlos Torre, en cambio, piensa que el peronismo tiene elementos de continuidad con la vieja clase obrera y hace hincapié en que el apoyo de los trabajadores a Perón se fundó en una elección bastante lógica, materialista. Bueno, hoy en día el consenso está más o menos del lado de Torre, y yo, en términos generales, no discrepo de esa interpretación, pero en mi trabajo también intenté mostrar, a partir del estudio de eventos muy localizados, el lado más herético del peronismo.

-¿A qué se refiere con lado herético?

-A que la del 17 no fue una marcha pacífica: aunque no hubo mucha violencia, en La Plata, por ejemplo, sí hubo ataques contra el Jockey Club y la universidad, y se usó el lema “Alpargatas sí, libros no”. O sea, la protesta primero se dirigió contra los símbolos del orden social establecido, y recién después se concentró en la figura de Perón. Aquí aparece otro aspecto que no mencionan las interpretaciones clásicas y que yo llamaría momento afectivo: me refiero al encuentro de la masa con su líder. En las entrevistas con los obreros de Berisso, muchas veces me decían: “la verdad es que nosotros no conocíamos a Perón; solo conocíamos la figura y lo asociábamos con el trabajo”. Es decir, fue un salto de fe para rescatar a Perón. Ernesto Laclau es un autor que hace mucho hincapié sobre este momento de investidura de afecto, sobre que no fue solo un cálculo material en el sentido de: “bueno, con Perón vamos a tener mejores salarios”. Entonces yo diría que si bien el mejoramiento de las condiciones económicas de la clase obrera era innegable bajo Perón, algo más personal estaba pasando. Por eso el 17 está llamado en el calendario peronista el Día de la Lealtad y no el Día del Mejoramiento Salarial.

-¿Cuántas generaciones puede durar ese afecto, esa lealtad?

-Me parece que ya la muerte de Perón implicó un cambio fundamental en el vínculo entre la masa y el peronismo. Esencialmente después de las reformas neoliberales asociadas con los gobiernos de Menem, el mundo del trabajo cambió. No es que los sindicatos ya no tengan influencia en el movimiento peronista, pero los hechos de que el 30 % de los puestos de trabajo esté en negro y del sistema clientelar hacen que la base de la relación entre el peronismo y su electorado ahora esté en el espacio geográfico, en las villas, en los conurbanos. Hoy ya no es tanto la clase trabajadora; es una mezcla, son los pobres. Ahora, ¿qué implicación tiene todo eso para el peso de un evento histórico como el 17? Me parece que lo que ha quedado es una presencia residual en la memoria y que, fuera del grupo más militante, la importancia del 17 es muy vaga, incluso para la población que vota al peronismo.

-¿El kirchnerismo es un producto legítimo del peronismo?

-Antes que nada, yo no creo que exista un verdadero peronismo, o que sea una buena idea decidir quién es un buen peronista y quién no lo es, porque es un movimiento que tiene muchas facetas. En Madrid, Perón le dijo a Tomás Eloy Martínez: “yo tengo una mano izquierda y otra derecha, y uso las dos manos”. Bueno, es un poco eso: el peronismo es una capilla muy ancha y hay varias sectas dentro. En ese sentido no quiero opinar sobre si los Kirchner son peronistas. Sí puedo decir que son representativos de algunos aspectos del peronismo. Tienen un olfato muy atinado y supieron utilizar el espacio que les dio la inestabilidad posterior a 2001: su éxito se debe a la base clientelar de la que hablábamos antes y a que apelaron a los intelectuales, los universitarios y las organizaciones de derechos humanos. También han sabido articular muy bien los símbolos peronistas y lidiar con los movimientos sociales. Si gustan o no gustan, depende de los prejuicios ideológicos de cada uno, pero desde el punto de vista maquiavélico, de la política como arte de limitar los enemigos y mantener a los amigos dentro del corral, la de los Kirchner ha sido una política muy hábil.

-¿Considera que el peronismo es parte del problema o de la solución?

-Yo no tengo recetas ni quiero decir que en la Argentina tal fuerza política es mejor o peor en comparación con otra fuerza, pero sí creo que la prioridad absoluta de cualquier Gobierno, peronista o no, debería ser enfrentar el problema de la pobreza. No solamente su aumento, que es notable, sino en términos generales. Aun con Cristina, por ejemplo, el nivel de pobreza andaba por el 30 %. Ahora ya está cerca del 50 %, en los niveles de 2002. Está bien: hay planes, hay subsidios, etcétera, pero ahora, con la pandemia y la cuarentena, hay muchísima gente en Argentina que no puede trabajar y sostener a su familia. ¿Cuál sería la solución? ¿Cuál sería una política económica más justa?

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