"No todo es como parece": un tucumano cuenta cómo es vivir lejos del país en tiempos de pandemia

Pablo Gerstenfeld vive hace 14 años en Montreal, Canadá. Escribió una carta crítica a la moda de romantizar la partida al exterior que se viene observando en medios y en redes sociales.

01 Oct 2020

En los últimos días se advirtió un fuerte incremento de notas en los medios y de posteos en redes sociales, en los cuales se planteaba la idea de emigrar del país como solución a la situación económica y social que atraviesa la Argentina.

Incluso, una reciente encuesta difundió que el 63% de los tucumanos dejaría la provincia, si pudiese hacerlo.

Tal romantización por el éxodo hacia otros países conmovió a Pablo Gerstenfeld, un tucumano que hace casi tres lustros vive en Montreal, Canadá.

Pablo reniega de cómo se muestra el escenario. "Presentan a los argentinos esta opción como la gran solución a todos los problemas. Y hasta dan una impresión de que en el exterior todo es maravilloso", dice.

Y en su carta da cuenta de que lejos está esa salida de ser toda color de rosas. "Y ahí viene el alto precio que tenemos que pagar los que nos vamos. Estoy lejos de mis padres, de mi hermana y de mi familia en general. Me perdí de compartir tantos momentos importantes de sus vidas y, al mismo tiempo, ellos de la mía. Los años durante los cuales no pude acompañar el crecimiento de mis sobrinos ya no volverán. Y nunca siquiera me enteré de una gran cantidad de necesidades y de angustias que pasaron mis padres", enumera.

Admite que en algunos casos se puede alcanzar cierta estabilidad económica; pero advierte: "uando uno tiene que atravesar momentos difíciles de la vida nos damos cuenta de que ni todo el dinero ni la estabilidad económica y política de un país ayudan. Son los afectos los que nos sacan a flote".

A continuación, la carta completa de Pablo:

Hace algunos días que leo angustiado todas las notas publicadas por los medios de comunicación de la Argentina sobre “emigrar hacia otros países”.

Presentan a los argentinos esta opción como la gran solución a todos los problemas. Y hasta dan una impresión de que en el exterior todo es maravilloso.

Mi nombre es Pablo Gerstenfeld, soy tucumano. Vivo en Montreal (Canadá) hace 14 años. Este año decidí que quería volverme a mi país. ¡¿Por qué?! Todos me llamaron loco, desquiciado. En realidad tuve problemas personales, pero la covid-19 también logró que replantee el sistema de valores que rige mi vida.

En Canadá estoy muy bien económicamente. Es un país súper previsible y estable. Pero la pregunta fundamental no es esta, sino: “¿soy feliz?”.

OPINIÓN. El tucumano Pablo Gerstenfeld vive hace 14 años en Montreal, y cuestiona la romantización que se hace de la emigración del país. IMÁGENES CEDIDAS POR PABLO GERSTENFELD.

Y ahí viene el alto precio que tenemos que pagar los que nos vamos. Estoy lejos de mis padres, de mi hermana y de mi familia en general. Me perdí de compartir tantos momentos importantes de sus vidas y, al mismo tiempo, ellos de la mía. Los años durante los cuales no pude acompañar el crecimiento de mis sobrinos ya no volverán. Y nunca siquiera me enteré de una gran cantidad de necesidades y de angustias que pasaron mis padres.

Por otro lado están mis amigos. En la Argentina, los amigos son como hermanos: nos vemos seguido y transitamos por la vida juntos. Hasta los momentos difíciles que se nos presentan resultan menos complicados, porque estamos acompañados.

Ustedes pensarán que uno puede hacer amigos afuera. Bueno, no es tan simple. Al menos en este enorme país nórdico, el frío no solo proviene del clima, sino también de la sociedad.

No se trata la amistad tal como nosotros la conocemos. El modelo de sociedad está enfocado en el “éxito” personal y, sobre todo, económico. Una sociedad mucho más individualista y materialista que la nuestra, en la cual las personas tienen pocos amigos -muchos, incluso, ninguno- y en la cual los momentos que comparten con sus familias o amigos son muy poco frecuentes -algunos ni siquiera se ven con sus familiares una vez por año-.

OPINIÓN. El tucumano Pablo Gerstenfeld vive hace 14 años en Montreal, y cuestiona la romantización que se hace de la emigración del país. IMÁGENES CEDIDAS POR PABLO GERSTENFELD.

Nadie mira raro a una persona que no tiene ningún amigo. Eso sí, las personas que no trabajan y reciben ayuda del Gobierno -sí, claro que existen los planes aquí también- son considerados lo más bajo de la sociedad. Y es un insulto llamar a alguien “BS” -bienêtre social: bienestar social o “planero”-.

Este sistema de valores hace que naturalmente la corrupción sea muy baja, ya que el amiguismo es muy difícil cuando no se tienen amigos ni familia. Por otro lado, la ética es un punto sumamente fuerte en la población.

Finalmente, en un país que nunca atravesó por crisis económicas, la gente no tiene ningún reflejo de picardía. No se entiende por qué ahorrar en una moneda extranjera, por qué no confiar en los bancos; no entienden qué hacemos nosotros viviendo ahí. “¡¿Por qué te viniste aquí si allá hace calor?!” Algo que nosotros tampoco entendemos si nunca pasamos los -30° C de aquí.

Luego de haber explicado todo esto, creo que la pregunta de por qué iba a volverme es más fácil de comprender: cuando uno tiene que atravesar momentos difíciles de la vida nos damos cuenta de que ni todo el dinero ni la estabilidad económica y política de un país ayudan. Son los afectos los que nos sacan a flote.

Finalmente no regresaré. Por un lado, la pandemia mantiene restringidos los vuelos; por el otro, las cosas se me solucionaron a nivel personal, y ahora estoy mucho mejor. Pero también debo decir que da miedo volver a cierta edad, cuando uno perdió 14 años de la vida de su país y las cosas quizá no son como uno las ve en su cabeza.

Quisiera terminar con una frase:
No existe el lugar perfecto, sino aquel que se adapta mejor a nuestra personalidad y a nuestro sistema de valores de este momento. Irse de nuestro país tiene un precio. Cada persona debe analizar lo que gana versus el costo; y sobre esa base decidir. No existen recetas mágicas universales.

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