Uno de los creadores de “República de Tucumán” cuenta la relación entre el hecho histórico de 1820 y el programa de humor

En 2007, Diego Viruel hizo un programa de parodias que pasó por la tele, el teatro y la radio hasta convertirse en un ícono de la tucumanidad.

21 Sep 2020 Por Guadalupe Norte
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EN CANAL 10. A pleno acting para la grabación de la miniserie “El Zorro”.

Desde aquella República de Tucumán que formalizó en 1820 el gobernador Bernabé Aráoz la idiosincrasia tucumana se fue trazando de a poco. Al comienzo, la cuestión identitaria pasó por conseguir un estado federal independiente frente al centralismo de Buenos Aires. Hoy, en cambio, los intentos de diferenciarnos del resto del territorio nacional continúan, pero se enraízan en temas tan sutiles y complejos como el habla, las expresiones y los hábitos de nuestra rutina.

Esta exacerbación de lo propio fue lo que llevó a que Diego Viruel creara en 2007 “República de Tucumán”. Un programa varieté y de parodias que pasó por la tele, el teatro y la radio hasta convertirse en un ícono de la tucumanidad.

En comparativo con aquella época, “República de Tucumán” fue también una rebelión. SÓlo que en lugar de atentar contra el Directorio, los comediantes del bloque lograron erigir la bandera de la otredad con altas dosis de folclore urbano y diálogos sin “s” al final.

“La idea que originó el programa era marcar que Tucumán tenía su propio idioma y costumbres ajenas al resto de la Argentina, tan opuestas que podíamos considerarnos un país aparte. Luego de investigar, encontré la referencia del momento en que fuimos una república y el nombre nos vino bárbaro”, explica el “Mocho”.

Junto al actor Gabriel Carreras, en su remake de los culebrones de Televisa surgieron miniserie como “El Zorro” y entrevistas a leyendas vivientes (supo decir el off: personajes que todos reconocen, pero sólo pocos conocen). Le siguieron los sketches de “Videomanía” (doblajes satíricos de películas y bloques televisivos) y la incursión en el equipo de Roque Céliz, Federico Fernández, Pablo Latapié y Miguel Martín.

Además, el salto de gracia pasó por las librerías con “Pequeña enciclopedia de la República de Tucumán”. Un libro en que el tucumano básico se da unas buenas sopapeadas con la RAE. “Recuerdo que nuestra página web estaba mal escrita a propósito. Eso ocasionó que la Facultad de Filosofía y Letras enviara una notificación diciendo que arruinábamos el lenguaje. y que los programas debían aportar, no restar al idioma. Aunque también una vez recibí un mail súper largo, desde España, felicitándonos por resaltar el dialecto de la zona y apoyando la lucha por nuestros derechos”, comenta divertido el conductor.

“Ahh no. Eso es un estereotipo, yo odio la achilata y jamás digo chango”, dirán algunos lectores con el ceño fruncido o dedos objetadores en alto, prefiriendo pensar en lo “nuestro” como un paralelismo con la Casa Histórica, los museos y los Valles. Mientras el resto es apenas una costra por despegar. Entonces, al perpetuar la identidad ¿lo que importa son las antiguas referencias patrias y evolutivas, o el casual diálogo boca en boca?

“Se intenta comunicar la cultura como hacíamos en los años 70/80 y ahí es cuando perdemos. Estoy convencido de que ‘República...’ fue otra forma de enseñar. Antes nos sentíamos poco orgullosos de pertenecer a la provincia. Los recursos del humor sirvieron para rescatar algunas características. Pasamos del ‘¿por qué hablan tan mal?‘ a contar con productoras que usan términos locales -reflexiona Viruel-. Otro caso es la escultura al sánguche de milanesa: sumaba valor, aunque no lo aparentaba y todavía sigue vigente en Google”.

Aún al pasar décadas desde aquellos cruces geopolíticos del recién formado Estado argentino, Viruel insiste con lo regional. “Hace falta distinguirnos del resto. Eso hace que un turista vaya a Barcelona en lugar de Madrid. Si los argentinos fuéramos todos iguales estaríamos en un problema”, afirma.

Auténtico, completo y con ají

Otro diferencial de “República de Tucumán” fue que la prédica del “espejito espejito” mostró una imagen real. “La cultura no es sólo lo que leemos en textos. La historia debe representar y llegar a lo popular. Como herramienta, el humor y lo descontracturado es clave”, agrega.

La referencia es el culto al sánguche de milanesa, encarnado en la Expo Milanga y la efeméride del 18 de marzo (propuestas capaces de aumentar las noches turísticas) o las estatuas de Famaillá.

“La gente piensa que tenemos que tener a Beethoven o Mozart para que valga. Y no es así. Los tucumanos no estamos escuchando música clásica en el colectivo”, insiste. Acá nuestro paladar sirve a la vez de metáfora: debajo del rebozado de fechas y homenajes por el Bicentenario, la identidad certera es aquella que se vive y degusta en carne propia.

Arranca la trivia

- Si nuestra historia local fuera recopilada en un libro. ¿Qué título tendría?

- Se llamaría “Me lo contó el amigo de un amigo”.

- ¿Qué  meme o chiste describiría mejor nuestra esencia?

- Sería el de “qué te hacés el qué, si so masomeno”.

- ¿Qué personajes o cosas aparecerían en el dinero?

- En la moneda de veinticinco centavos se vería una ilustración del Gordo Moneda. El billete de $5 mostraría la foto de una milanga, y el de $500 tendría a otro personaje urbano conocido como El Cubanero.

- ¿Y cuál sería nuestro himno?

- La cumbia.

- De gestarse esta revolución. ¿En qué localidad se alzaría la capital de la república? ¿Cuál sería la sede independentista?

- La capital sería Famaillá y la sede la sanguchería “Chacho”.

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