Susana Bollati: desde una mancha hace surgir el paisaje urbano

Amante de la naturaleza pero también fascinada con la ciudad, la artista transitó diversas técnicas y temas.

01 Jul 2020 Por Ricardo Reinoso

Cuando dice que está “enojada” con el ser humano por la forma en que destruye la naturaleza, Susana Bollati sonríe y cuenta que un día casi se intoxicó quemando desechos de plástico para integrarlos a un collage sobre tela, donde denuncia la contaminación del planeta. “La temática era la basura. Siempre me pregunto qué hacemos con todo lo que tiramos en esta sociedad de consumo que lleva a tanto derroche”, reflexionó. Sin embargo, a la hora de crear, no siempre busca transmitir un concepto. Al momento de encarar el espacio en blanco, no hace bocetos ni se imagina un proyecto. La pintora prefiere manchar y salpicar en forma azarosa muchos lienzos a la vez y después “arreglar” aquel caos para que surja en cada uno la imagen que se insinuaba.

“La mancha que uso siempre antes de empezar es una técnica que me quedó de mi etapa abstracta. En mi vida pasaron muchas cosas y eso, sin duda, ha repercutido en mi obra. Por eso me cuesta mantener un estilo único, porque todo va cambiando -reconoció la artista-. Siempre me gustó mucho el paisaje, pero a la vez también el arte abstracto, por lo que tiene de juego. Es como un laboratorio para aprender a manejar el color y la materia. Me gusta partir del error. Escapar de lo planificado. Tengo que equivocarme, hacer un enchastre, arruinar y después lo arreglo. Así me resulta más interesante”.

RECONOCIDA. Susana Bollati obtuvo distinciones a nivel nacional.

La alquimia creativa la impulsa ahora a reciclar aquellos collages, haciendo surgir plantas desde la basura, en una suerte de resurrección de la naturaleza. Además de dar clases de pintura en su taller privado, a alumnos de distintas edades, enseña en el EPAM (UNT) a los adultos mayores.

Su más reciente serie de paisajes urbanos se titula “Urbe: un espacio en construcción” y la expuso hace un año en el Centro Cultural Rougés. Reúne elementos de lo abstracto, como la mancha, junto con lo figurativo del dibujo, el color y la perspectiva, a manera de resumen de las distintas etapas de su pintura. En cierta época también incursionó en el arte textil. “Me gustaba mezclar las técnicas. Tengo cosas que empezaron siendo pinturas y después rompí la tela y la usaba de urdimbre”, relató.

En su habla quedan vestigios de la tonada cordobesa adquirida en su tierra natal. Desde los nueve años vive en Tucumán, donde obtuvo la licenciatura en Artes y fue discípula de Ezequiel Linares, Dante Cipulli y Raquel Van Gelderen. En su taller, entre la multitud de bastidores y de colores, sobresale una gran prensa para grabado. Hace tres décadas convenció a su padre de que se la comprara y la máquina fue protagonista de uno de sus trayectos creativos. Ahora es una querida e imponente reliquia con la que carga en cada mudanza.

-¿El paisaje urbano es su tema preferido?

- Uno de tantos. No sigo una temática, porque me aburriría de hacer siempre lo mismo. Soy una gran caminadora y a medida que voy por la ciudad van surgiendo cosas. Me detengo a mirar la plaza, por ejemplo, y pienso en la cantidad de acontecimientos históricos que hubo allí. De esa manera terminé haciendo una serie de pinturas sobre los alrededores de la plaza Independencia. Ahora estoy dibujando a la gente que veo en otra plaza, donde a veces voy a caminar. De ahí seguramente van a salir mis próximas obras. Así como ahora hago paisaje urbano, en otras épocas hice paisaje rural.

-¿Qué es para usted el arte?

- Es una forma de vida. Hay profesiones en las que uno trabaja en determinado horario y después se despega. Yo no puedo desprenderme. Voy por la calle y veo todo como si fuera una pintura. En toda circunstancia, algo me llama la atención visualmente y enseguida pienso en cómo lo pintaría, qué colores mezclaría... Es algo natural en mí. Tengo una foto que me mandó una prima donde yo tenía tres años y estoy pintando con agua en la pared. Cuando iba a visitar a una tía, ella me ponía agua en un tarrito y me daba un pincel. Yo iba pintando en todas las paredes. Era una gran idea, porque yo estaba todo el tiempo entretenida pero no ensuciaba. Después el agua se secaba y en la pared no quedaba nada.

-¿Es difícil enseñar a pintar a los mayores?

- Me gusta el contacto con la gente y, sobre todo, las personas mayores me llegan porque pienso en todas las cosas que habrán pasado en su vida. En esta sociedad occidental no se valora a la gente grande, no se los escucha ni se tiene en cuenta su experiencia. Habría que protegerlos un poco más. En el EPAM recibo de esa gente mucho más afecto del que yo les llego a brindar. Nos divertimos mucho. Hicimos exposiciones, trabajos colectivos donde todo el mundo metía mano, un mural... Pero ahí la parte social es tan importante como lo académico, como la producción. Nos reímos mucho. Festejamos la vida. Me parece que en esta época de cuarentena deben extrañar horrores. Aunque les estoy dando clases virtuales, son solamente teóricas. En el aula es difícil dar la teoría, porque quieren pintar y no están muy dispuestos a escuchar.

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