El arte de emprender en conexión con la naturaleza

Con prendas y en el rubro de la papelería, mantener procesos sustentables es el desafío de dos emprendedoras que elaboran sus productos con la visión puesta en el cuidado del medio ambiente.

25 May 2020 Por Juan Martín de Chazal

“Siempre es posible sumar un toque de sustentabilidad a los procesos productivos”, dice Natalia Orozco con convicción. Esta joven jujeña es diseñadora y creó en Tucumán su propia marca ecológica de moda a partir de fibras y tintes naturales. Esa misma visión sustentable fue la que tuvo Solana Varela, una arquitecta que fundó en esta ciudad una pequeña empresa que hoy fabrica agendas personalizadas “amigables con el medio ambiente”.

Los emprendimientos que buscan una relación armoniosa con la naturaleza avanzan a pasos agigantados en la región. En el caso de Orozco, la inspiración llegó hace cinco años durante un encuentro de tejedoras artesanales en Tafí del Valle. Allí, la joven que hoy tiene 25 años aprendió técnicas de producción y teñido ancestrales con elementos silvestres. “En ese momento estudiaba Arquitectura en la UNT. Siempre me gustó el diseño y luego de esa experiencia supe que quería dedicarme a ello desde un punto de vista ecológico”, recuerda.

Ya decidida a emprender, Orozco se instaló dos años en Buenos Aires para formarse en diseño. Tras su regreso, lanzó en 2017 “Alkimia”, la marca que hoy representa su principal fuente de ingresos y que emplea a cinco personas más en un taller emplazado en el microcentro.

Según explica la emprendedora jujeña, las prendas que produce son elaboradas “desde cero” y no dejan desperdicios textiles. La principal característica del proceso es la utilización de tintes naturales y la creación de estampados a partir de hojas -varias son obtenidas en la selva de yungas- y residuos orgánicos, como cáscaras de cebolla y yerba mate. “Busco volver a lo artesanal así toda la cadena productiva sea sustentable”, define la joven.

Lograr el triple impacto

La confección de las ropas de “Alkimia” -kimonos, vestidos, camperas y ponchos, entre otras- también posee un valor social. Ocurre que los algodones que utiliza Orozco son obtenidos de cooperativas textiles de Chaco. “Son ecológicos porque no pasan por un proceso de blanqueamiento, que es contaminante. La intención es fomentar el consumo regional: ahora buscamos trabajar con pequeños productores de Jujuy para obtener tejidos de llama”, describe y adelanta.

El triple impacto -económico, social y ambiental- también es un anhelo de “Sinapsis”, el emprendimiento de agendas que dirige Varela. “El horizonte es aumentar el impacto de nuestra causa. Apuntamos a una economía menos lineal y más circular, con menos desperdicios y más oportunidades”, plantea la joven de 29 años. Desde España, país en donde reside temporalmente para capacitarse, la arquitecta cuenta que su marca adoptó procesos sustentables luego de cumplir un año en el mercado.

AGENDAS. Varela (primera por la izquierda), con parte de su equipo. FOTO DE JIMENA MONTENEGRO

“En un primer momento, hace cuatro años, nos enfocábamos sólo en la personalización de las agendas. Luego vimos en ellas la oportunidad de crear conciencia: desglosamos cada componente y buscamos sus reemplazos ecológicos -explica paso a paso-. Cambiamos las hojas blancas por unas hechas con fibras renovables de caña de azúcar y libres de químicos blanqueadores; redujimos el impacto del metal optando por anillado discontinuo; disminuimos el plástico en las tapas hasta el mínimo necesario; y el packaging alterna papel madera y bolsas reutilizables”.

Al día de hoy, “Sinapsis” es la principal actividad de Varela y representa el trabajo de medio día de cinco mujeres más en un taller de Barrio Norte. La disminución de la huella de carbono en todo el proceso productivo de las agendas -asegura la emprendedora- es su principal prioridad. En ese sentido, además de reciclar los residuos, la marca ofrece lápices biodegradables y con semillas para que los clientes los entierren al culminar su uso. “Nuestra comunidad ya cuenta con unos 9.000 huerteros. Además, creamos conciencia ecológica desde las redes sociales”, indica.

Desde que comenzó la cuarentena, ambos emprendimientos sustentables han sorteado escollos. A pesar de la reapertura comercial, “Alkimia” ha visto resentidas sus ventas por el cierre de ferias y un punto de venta en Buenos Aires. Así, ahora fabrica barbijos de fibras naturales para sostener los ingresos. “Sinapsis”, por su parte, reforzó sus pedidos online y hace entregas en bici. “Son tiempos de transformación sin perder los hábitos ecológicos”, coinciden las jóvenes.

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