Tres rugbistas "taclean" la crisis y cocinan para 400 taficeños

Juan José Carreras, José Figueroa y Miguel Sapia se unieron para dar una mano a familias necesitadas de La Aguadita, en Tafí Viejo.

05 May 2020 Por Federico Espósito

Lo común es saber lo que hay que hacer, pero no tener voluntad de hacerlo. Lo excepcional opera al revés: hay voluntad de hacer algo, pero no se sabe bien qué, o cómo, o por quién. Esa duda le rondaba en la cabeza a Juan José Carreras: lo único que tenía claro era que no estaba dispuesto a pasar la cuarentena sentado en un sillón mirando tele. El resto se le despejó al ver una publicación en Facebook de José Figueroa, un amigo que tenía la misma inquietud que él, y que se ofrecía a cocinar para quien lo necesitara. Conectados por el rugby (ambos son de Los Tarcos) y por el gusto a la cocina (José forma parte de “Envuelto en llamas”, servicio de catering especializado en asados, discos y estacas), acordaron armar un comedor en algún lugar donde fuera necesario.

Tras un par de intentos infructuosos de asentarse, encontraron el lugar que buscaban al lado de una capilla cercana al dique La Aguadita, en Tafí Viejo. “Un amigo del club, Martín Picón, nos comentó que estaba en un grupo de oración, y que tenían un merendero en La Aguadita. Nos conectó con el Padre Luis Zazano para ir a conocer el lugar”, cuenta Carreras. “Fue amor a primera vista. Gente sencilla y, sobre todo, con hambre. Dijimos acá es. Y empezamos a trabajar”, completa Figueroa. Al poco tiempo, se les sumó Miguel Sapia, de Universitario.

Con lo que pudieron conseguir, más algunas donaciones que recibieron a través de publicaciones en redes para conseguir alimentos, fueron dándose maña para darle de comer a decenas de familias de la zona. “Al principio había gente que no sabía si acercarse, porque pensaban que veníamos con intenciones políticas, y ya están cansados de que les mientan. Les dejamos en claro que no, que no nos interesa la política, que lo hacemos de corazón y nada más. Y que esto está abierto para quien quiera sumarse, mientras lo haga con la misma intención”, remarca Figueroa. “Tampoco se hace por motivos religiosos: de hecho, se sumó gente de la comunidad judía a ayudar, así que tenemos judíos y católicos trabajando juntos por una misma causa”, agrega.

A LA ESPERA. Decenas de familias llegan al comedor de La Aguadita para llevarse su porción. Lo que sobra, se reparte.

Juan José confiesa que el primer día tuvieron miedo de que se quedaran cortos de comida. “Me dijeron que eso pasa mucho en los comedores, que se da hasta donde se puede, pero yo me moría si alguien se quedaba sin comer. Por suerte, eso no pasó, y hasta sobró un poquito. Cuando queda un poco, se guarda en unos tuppers y Antonia, la señora de la parroquia, se encarga de darle otra porción a los más viejitos”, cuenta el padre de Mateo Carreras, jugador de Jaguares. “Mateo también vino a ayudar junto con Santiago Portillo. Su papá, Omar, nos aportó un camión de mercadería, desde alimentos hasta elementos de limpieza e higiene. Increíble. Y mucha gente nos ha ayudado con otras cosas, como frazadas, zapatillas y demás. Aunque le sugerí a Antonia que muchas de esas cosas no se regalen, sino que se vendan a 20 o 30 pesos. De esa manera se evita que alguien saque por sacar y con lo que se recaude, se compren garrafas y ollas para el comedor, y cosas para la capilla. Que sean cosas para ellos”, destaca Juan José.

Pero en el comedor de La Aguadita también se brinda educación. Mientras en la cocina se revuelven las ollas, afuera los niños toman clase en banquitos sacados de la capilla. “Me enteré por mi esposo, que ayuda a entrenar infantiles en Los Tarcos. Me había pegado fuerte un relato que vi en Facebook sobre la disparidad entre quienes tienen acceso a ciertas cosas y quienes no, así que me sumé para ayudar, porque acá hay chicos que no tienen la posibilidad de recibir clases en forma virtual, sea porque no tienen internet o porque sus padres no pueden ayudarlos”, explica Carmen Galíndez, quien cursa el profesorado de educación especial. Juntos a otros maestros se encargan de dar clases a alrededor de 20 niños y 15 adolescentes. Además, logró gestionar la entrega de cuadernillos del Ministerio de Educación para todos. Por supuesto, siempre hacen falta cosas. “Hojas de carpeta, lapiceras, todo viene bien. Además, queremos hacer talleres con los más chiquitos, así que también sirven hojas de dibujo, témperas y esas cosas”, detalla Carmen.

Al mismo tiempo, también le van sumando cosas a la capilla, como una araña que les donaron. “Lo que empezó casi como un capricho, se hizo algo hermoso, algo que no tiene fin. Estamos fascinados con los que ha pasado. Creo que Dios nos está ayudando. También quiero agradecer a Bruno Cellerino, de Cardenales, que se puso a disposición, y a mis compañeros del Jim, que a pesar de que nos los veía hace como 20 años, nos mandaron muchas cosas”, sostiene Carreras. “Empezamos con 200 personas, y hoy estamos casi con 400. Con una colecta, pudimos comprar 150 huevos de pascua para los chicos. Fue muy lindo. Queremos que esto siga creciendo”, suma Figueroa. Por ahora, están yendo todos los lunes, miércoles y viernes por la mañana. Y Carreras anticipa que a esa misión todavía le falta mucho por delante: “no sé por qué llegamos acá. Lo que sé es que no nos vamos a ir hasta que esto se organice para que cada familia se vaya turnando en cocinar para las demás. Y quien se quiera sumar a ayudar, bienvenido será, mientras no quiera hacer propaganda. Esto no es un gracias a fulano, es un gracias totales, a todos”.

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