Perdió la silla, pero sacudió la mesa

Pichot no pudo acceder la presidencia de World Rugby, pero encendió la mecha del cambio.

03 May 2020 Por Federico Espósito
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Minutos después de las 11 de la mañana, World Rugby anunció oficialmente lo que Agustín Pichot ya sabía: que su rival, Bill Beaumont, había ganado la elección y que continuará ocupando la silla de presidente por otros cuatro años, hasta 2024. Aunque el boca de urna indicaba que la elección podía llegar a definirse por apenas un voto de diferencia, al final fueron cinco (28-23) los que le dieron al inglés el triunfo en primera vuelta. Los cuatro que hasta último momento estaban en duda y que podían torcer la balanza a favor del ex Puma fueron a parar a la canasta de Beaumont.

“Felicitaciones, Bill. No se dio. Gracias a todos!!!! De corazón”, escribió el ex Puma en su cuenta de Twitter, momentos antes del anuncio oficial. No obstante, Pichot pudo bajarse del ring con la tranquilidad del deber cumplido. Porque con apenas dos semanas de campaña electoral, llevada adelante por él mismo desde su casa por medio de las redes sociales, le llenó de dudas el rancho a su rival y ex aliado, que hasta el 13 de abril creía que su reelección iba a ser una mera formalidad, con cero costo político. Al final, le costó bastante más de lo esperado a Beaumont. Quizás no tanto como para calificarla de victoria pírrica, pero sí para atarlo a ciertos compromisos bajo la demanda de naciones que le brindaron apoyo condicional. Estos cuatro años que vienen ya no podrán ser en los mismos términos que los últimos cuatro. La oposición de Pichot lo obligó a tener que aggionar su discurso (presentó su manifiesto después del de ”AP9”) y prometer reformas con la que hasta el año pasado no estaba tan de acuerdo, y por las que se terminaría distanciando de aquel, su vicepresidente.

Justamente, este breve tiempo de campaña no le alcanzó a Pichot para hacerse con la silla de la presidencia, pero sí para sacudir la mesa de debate arrojando sobre ella una pesada carpeta: la de ciertas cosas que el rugby debe replantearse si pretende evolucionar y expandirse. Hasta quienes apoyaron a Beaumont reconocen esa necesidad, y por eso ahora la exigencia sobre el inglés será mayor. Su victoria no es absoluta, como tampoco la derrota del ex capitán argentino.

“Quiero agradecerle a ‘Gus’ Pichot por su amistad y apoyo durante los últimos cuatro años. Aunque nos enfrentamos en esta campaña, estuvimos alineados de muchas maneras y le guardo el mayor respeto. ‘Gus’ es un apasionado del deporte y su contribución fue muy significativa”, destacó Beaumont una vez oficializada su reelección. Ahora, el inglés tendrá la presión de hacerse cargo de sus promesas de campaña y darle mayores oportunidades a los países de segundo orden, así como de apuntalar el rugby femenino y dar lugar a otras reformas que vienen pidiendo pista.

Lealtades y traiciones

Si bien por estatuto no puede publicarse el detalle de la votación, por afinidades e intereses previos, así como por declaraciones públicas de algunos miembros con derecho a voto, fue posible deducir quién apoyó a quién. Hasta el cierre de la votación, Pichot había revelado que sus cálculos le daban una desventaja de 23-24, y que una remontada dependía de captar tres de los cuatro votos que quedaban en duda (dos de Japón y dos de África). Sin embargo, el resultado demuestra que los cuatro fueron para el inglés. Aunque el proyecto de Nations Championship ideado por Pichot incluía a Japón como parte del Rugby Championship, la expulsión de Sunwolves del Super Rugby y la posibilidad de sumarse al Seis Naciones torcieron la voluntad nipona hacia el bando europeo. Por su parte, la Confederación africana (le cabían dos votos como continente) decidió apoyar también a Beaumont, a contramano de Sudáfrica, su Unión más fuerte. Eso rompió la unidad en el Hemisferio Sur, que apoyaba en bloque a Pichot.

También fue cuestionada la actitud de Canadá, que pese al avance que ha experimentado Norteamérica gracias al empuje del argentino, le dio su voto al británico. Para colmo, el comunicado oficial en el que intentó aclarar su postura no hizo más que oscurecer. “Coincidimos en que es necesario un cambio dentro de World Rugby en términos de inversión en las naciones emergentes y un mayor acceso de estas a partidos con las potencias, así como un compromiso de desarrollar el rugby femenino y de actualizar la estructura de mando de World Rugby”, detalló Tim Powers, presidente del board del rugby canadiense. O sea, estamos de acuerdo con lo que propone Pichot, pero votamos a Beaumont. “Clave sería entender quién es el que viene trabajando hace cinco años para traer oportunidades a América y pagarle con gratitud. Muy decepcionante”, le respondió el uruguayo Sebastián Piñeyrúa, presidente de Sudamérica Rugby.

Lealtades y traiciones al margen, el poder seguirá en manos de quienes lo tenían, pero con más presiones que antes. Los aliados de hoy pueden darle la espalda mañana si Europa no abre un poco el juego. Y como bien señala el periodista Eugenio Astesiano, “Pichot ha caído en la elección, pero todos sabemos que Pichot nunca pierde”. Ciertamente, el ex CASI no se hubiera presentado de no haber tenido la certeza de que algo podía lograr con eso. Y además de encender la mecha del cambio, se lleva la certeza de que medio mundo lo apoya de cara a una futura candidatura. Si fue capaz de poner nervioso al establishment con apenas 15 días de campaña y sin la compañía de un candidato a vice que le sume algunos votos (como el francés Bernard Laporte hizo con Beaumont), bien podría ser esto un anticipo de lo que veremos a partir de 2024.

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