Debería nacer un nuevo orden jurídico

05 Abr 2020

Por Adela Seguí, facultad de Derecho y Ciencias Sociales.-

El coronavirus (covid-19) jaquea al pensamiento jurídico de manera exponencial, quizás de manera más acuciante que el modo en que lo hizo la Segunda Guerra Mundial, tras la cual, las Declaraciones de derechos y las Constituciones políticas de los Estados desarrollaron las garantías individuales. Y el Derecho internacional construyó lo que hoy conocemos como Derechos Humanos, que a través de los tratados el mundo civilizado se comprometió a respetar. El derecho a la vida y a la salud ocupan el primer rango.

Del mismo modo, el Derecho internacional se ocupó de la tutela del ambiente como bien colectivo transgeneracional imponiendo deberes a los Estados.

En los últimos tiempos, el mundo sospechaba que estaba ante el riesgo de grandes catástrofes frente a las cuales la ciencia podía hallarse huérfana de sus herramientas tradicionales para prevenirlas. Podía no haber certeza científica sobre esos riesgos pero sí sospechas fundadas y graves. Aún ante esos casos de incerteza y potencial gravedad de daños que pudieran comprometer la vida humana, el Derecho se manejó con las categorías conocidas. El Derecho ambiental desarrolló principios, como la prevención y la precaución, y la política se manejó dentro de los sistemas tradicionales exigiendo a los Estados el respeto de los principios contenidos en los tratados dentro de la lógica de la soberanía de ellos, pese al carácter transnacional de los riesgos.

Cuando se daba ejemplos de grandes riesgos para la humanidad, pensábamos en derrames de petróleo, accidentes termonucleares, experimentaciones sobre cambio climático y también en enfermedades como la Gripe Aviar, o el acontecimiento del Pollo con Dioxina. Todos esos eventos, sin embargo, pese a su excepcional gravedad, no han significado un desafío tan gigantesco para el Derecho. Todavía podíamos resolverlos, o pensábamos que podíamos hacerlo dentro de los sistemas conocidos.

Pero un evento de riesgo global como el que representa la pandemia por coronavirus está poniendo en evidencia la insuficiencia del propio orden político y jurídico mundial. Exhibe que los temas mayores, como la salud pública y el ambiente, no pueden depender de la posibilidad o voluntad de cumplimiento de los Estados, o estar condicionados por la soberanía de estos en sus territorios. Países del llamado primer mundo están exhibiendo su fracaso cuando el riesgo desborda (por el desconocimiento científico absoluto sobre su potencialidad dañosa) cualquier previsión.

Creo que se impone pensar en un nuevo orden jurídico que refuerce la capacidad global de reacción frente a un riesgo de esta naturaleza desdibujando para ello las fronteras de la soberanía estatal. No resiste el análisis pensar que podemos ver en tiempo real cómo se mueren nuestros congéneres en China, Chile o Chaco y quedarnos tranquilos porque cerrando las fronteras de la provincia o del país quizás tenemos otra suerte. Esa mirada desvirtúa el concepto mismo de Humanidad.

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