Punto de vista: Cambios, ¿qué cambios?

02 Abr 2020

Marta Gerez Ambertín

POSDOCTORA EN PSICOANÁLISIS

¿El mundo que emergerá de esta pandemia será distinto? Así ocurrió con la Peste Negra (en el siglo XIV) o con la Peste Parda (el nazifascismo del siglo XX). Algunos quieren creer que “andrà tutto bene” (todo saldrá bien, lema con el que los italianos se dan ánimo), es decir, derrotaremos a este invisible enemigo. Sin embargo, hoy: “Coronavirus 1 - Humanidad 0”. Y es que antes que campeara la covid varios Estados ya habían “derrotado” a los presupuestos para la salud pública o para la investigación (aquí un ministro -de triste memoria- mandó a los científicos a lavar los platos). Los telediarios abruman con el elemental “lavarse las manos” aconsejado a miles que carecen de agua corriente, o el admonitorio “Quedate en casa”, exigido a quienes, si se quedan en casa, no comen. Como si hubieran leído a Dante -que advierte en La Monarquía: ‘la plebe no sabe tener hambre y ser tímida al mismo tiempo’- algunos gobiernos toman medidas para paliar las devastadoras consecuencias económicas de la cuarentena. La indignación por los que aprovecharon para vacacionar puede fácilmente “cambiar” al terror por saqueos a supermercados o respiradores de los hospitales. Probablemente nuestros políticos y empresarios apelarán a la conocida consigna de El Gatopardo: “si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”: ensayarán algunos retoques, disminuirán (por un tiempo) sus abultados sueldos, proferirán alabanzas a médicos y enfermeras, al patriotismo y “unidad” demostrado por el pueblo, respirarán aliviados cuando las Bolsas vuelvan a subir... y luego intentarán que todo siga igual. No es de ellos de quienes debemos esperar que “las cosas cambien”. Si esta catástrofe no nos hace exigir con votos y gritos callejeros un especialísimo cuidado a todo lo que hace a la salud pública y bienestar de la población, en la próxima pandemia no quedará nadie. Pero, quizás, Diderot tenía razón y somos eternos esclavos de los tiranos que nos oprimen, de los bribones que nos engañan y de los bufones que nos divierten... en espera del próximo virus... el último.

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