Argentina, Brasil y Chile, tres estrategias sanitarias para enfrentar el coronavirus

Los Estados más predominantes del Mercosur suman infectados mientras buscan frenar el avance de la pandemia dentro de sus fronteras.

30 Mar 2020
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LOS LÍDERES. Fernández, Bolsonaro y Piñera se aislaron del otro para adentrarse en la lucha contra el virus que amenaza a la economía y a la salud mundial. ARCHIVO

Mientras los casos de coronavirus se multiplican en el mundo, Argentina, Brasil y Chile tomaron diferentes caminos para frenar el avance de la pandemia dentro de sus fronteras. Desde el anuncio de los primeros infectados hasta hoy, la curva de la evolución del virus ha marcado distancias entre los tres países, que ven cómo suben los números de casos positivos y de muertos entre sus habitantes.

A pesar de las recomendaciones de sus especialistas en salud, el presidente brasileño Jair Bolsonaro sigue más preocupado porque "las empresas no están produciendo nada", pondera la libre circulación y en su país ya cuentan con más de 4.200 casos y 136 muertos. 

El primer positivo por covid-19 en Latinoamérica fue diagnosticado el 26 de febrero, en San Pablo, capital económica de Brasil. Un ciudadano de 61 años, que había regresado de Lombardía, la localidad más castigada de Italia, fue señalado como el paciente 0.

El pasado 3 de marzo, en Talca, a 250 kilómetro al sur de Santiago de Chile, un pediatra de 33 años, que había regresado de su luna de miel por el sudeste asiático, fue el primer caso positivo de ese país. 

Trece días más tarde, el presidente Sebastián Piñera decretó el estado de excepción y catástrofe para que el aislamiento social sea una barrera para el avance del coronavirus. Sin encontrar las respuestas esperadas desde la sociedad, desde el fin de semana pasado impuso un toque de queda (desde las 22 hasta las 5 de la mañana), con más de 20.000 militares en las calles de las principales ciudades chilenas. En sus hospitales ya suman 2.000 infectados y siete muertos.

En nuestro país, en coincidencia con Chile, el 3 de marzo se conoció que un hombre de 43 años, que había viajado a Milán, Italia, había contraído coronavirus. Dos semanas después, el presidente Alberto Fernández decretó el aislamiento social obligatorio, para "priorizar la salud" por sobre, por ejemplo, la economía. Anoche se supo que se extenderá hasta el 13 de abril. 

Este fin de semana la curva de contagios se disparó en los tres países y, en los últimos cinco días, casi se duplicaron los casos de pacientes infectados. Hasta el momento, en Brasil, la tasa de muertes por covid-19 es del 3,2% (1 cada 30 infectados), en Chile del 0,35% (1 cada 285) mientras que en Argentina es del 2,8% (1 cada 39).

Las estrategias sanitarias parecen comenzar a alinearse entre Argentina y Chile, mientras que Brasil busca proteger y aislar sólo a los grupos de riesgo, por lo que se espera que la evolución de casos y fallecimientos entre los tres países siga creciendo de manera dispar. 

En Argentina y en Brasil, los test para confirmar casos de covid-19 son gratuitos y tienen uno y tres laboratorios de referencia, respectivamente. En Chile están descentralizados y el Gobierno fijó un tope para su costo de alrededor de U$S 30

Un calculo estimado, entre la población de cada país y sus afectados por el virus, permite analizar que uno de cada 49.700 brasileños (209.000.000 de habitantes) está infectado. En Argentina (44.000.000), uno de cada 51.000 podría estar afectado, mientras que en Chile (18.000.000) la cifra se dispararía a uno por cada 8.400 chilenos.  

A los tres Gobiernos la pandemia, que afecta a 192 países, les llegó en momentos delicados, tanto políticos y como económicos. Con dificultades para reestructurar la deuda pública, Fernández abogó ante los países del G-20 que los pagos puedan esperar. 

Para Piñera significó liberar las calles de un país que desde hacía tres meses se manifestaba en contra de la suba en las tarifas del transporte público, que provocaron la mayor inestabilidad social desde que asumió su segundo período al frente del Palacio de la Moneda. 

El único que siente que esta crisis sanitaria global puede ser "una oportunidad" para enderezar la economía de su país es Bolsonaro, cuestionado por gobernadores e intendentes que no saben cómo lidiar con el virus puertas adentro. 

Fronteras afuera, las monedas se derrumban junto con las acciones en las principales empresas de un mundo, que ya cuenta más de 660.000 contagios y 31.000 muertos. Todo parece seguir siendo "prueba y error".

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