Flexibilización, una palabra clave en tiempos de cuarentena

Como lo hace en la pileta, Mariano Ferré busca variantes para estar cada día mejor.

26 Mar 2020

“Es una piedra en el zapato”, sentenció Mariano Ferré. El nadador de Asociación Mitre cuenta que esta pausa obligada es muy perjudicial en la preparación. “No es que te quedás donde dejaste. Un día que no nadás es un día que volvés para atrás”, explicó Ferré, que se preparaba para los Nacionales de agosto.

Así como la pandemia cambió el entrenamiento, también modificó los hábitos. Ferré exprime, desde hace tres años, el método que se viralizó en las últimas horas con Delfina Pignatiello, la estrella de la natación argentina. Cámara de bicicleta en la cintura, atada por una cuerda al borde de la pileta de casa y darle duro en cada brazada, como queriendo que la goma se rompa. Eso cambió en cuanto al deporte. Y en cuanto a la vida… “Ahora todos nos desesperamos por limpiar, por lavar los platos, por poner la mesa. Hace como un año no limpiábamos el patio. Lo hicimos todos juntos, en dos días. Algo que antes hacían papá y mamá”, explicó.

Reencuentro

La covid-19 varió las sensaciones y, en otros casos, las flexibilizó. Es probable que cuando la crisis pase pocos se peleen por lavar o limpiar, pero serán acciones que se las verá con un matiz más positivo. “Es bueno para reencontrarse”, opinó con optimismo en medio de la compleja situación.

Ordenar el álbum familiar, jugar un juego de mesa, cerrar el día viendo una película, hicieron sentir a Ferré que la brújula familiar orientada por la pandemia los llevó a un punto común. “La cuarentena es para estar con la familia, algo que no hacés normalmente”, estableció el estudiante de Educación Física. Precisamente, Ferré está muy cerca de hacer algo que hace un tiempo no hacía. “Siempre me concentré más en el sentimiento que en cómo puede llegar a quedar. Un cuadro lo compra cualquiera, pero no cualquiera puede pintarlo. Enfatizo el sentimiento, antes que la calidad”, explicó.

Ferré habla sobre pintar, práctica que empezó hace cinco años para obsequiarle un cuadro a una tía que se casaba. “Pinté un león porque a los dos nos gustan los animales. Unos amigos de ella se coparon y les vendí dos. Después empecé a regalar”, comentó. Como él dijo, prefiere ponerle concentración al cariño que desea transmitir, antes que a todo aspecto vinculado a provocar un deslumbre visual. Sin embargo, la calidad de sus pinturas generan un carnaval para los ojos no sólo por la buena terminación, también por los colores que emplea. “Cuando fui a Buenos Aires a visitar a mi tía me regaló unas acuarelas, pinceles y un bloc de hojas para pintar bien. Me pasé toda la semana pintando, agarrándole la mano a las acuarelas porque eran buenas, había toda una técnica especial y los colores eran mucho más vivos”, recordó. “Pienso pintar en estos días para mi abuela. Lo que pasa es que no quiero empezar porque quiero colaborar en la casa todo lo que sea posible, porque un cuadro me lleva todo un día y quiero ayudar a mi papá”, contó el nadador.

Aunque todavía no sacó las acuarelas durante el aislamiento social preventivo obligatorio ya lo está pensando, porque esto pinta para largo y las actividades comienzan a no sobrar.

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