San Martín torció el destino de su flojo partido y le ganó 2-1 a Villa Dálmine

Iban cuatro minutos del tiempo de descuento cuando el central marcó el 2-1: llegó gracias a un centro del goleador Pons. Imbert había marcado el 1-1

16 Feb 2020
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EL HÉROE. Moreira, de San Martín, marcó el 2-1 para el "Santo", a los 94' minutos de juego. FOTO PRENSA VILLA DÁLMINE

Independientemente del despliegue, de sus ganas de no perder, San Martín no había hecho lo necesario para irse ganador de su visita a Villa Dálmine. Con casi el tiempo cumplido, el “Santo” estaba entrando en una zona gris en una Primera Nacional que siempre lo tuvo como un sólido líder, hasta este reinicio de 2020. Pero pasó lo que le pasa a los equipos que no se resignan: todo lo malo del “Santo” quedó en el olvido en apenas cinco minutos.

Sí, en cinco minutos, cuatro ellos del descuento de seis que había dado el árbitro, San Martín volvió a plantarse como el sólido líder que es de la zona b del campeonato. De estar 1-0 abajo por el gol de carambola de Brian Orosco, pasó a ganar 2-1, primero por el golazo de Juan Imbert, que definió cruzado de derecha como los dioses, y después por el cabezazo letal de Rodrigo Moreira. Chau dolor de cabeza y chau siembra de dudas ante el todavía líder que no había podido ganar en el 2020.

En un contexto de partido desprolijo donde el empeño se imponía ante el fútbol de ambos clubes, Dálmine fue el más claro dentro de la nebulosa de acciones apagadas. Fue más intenso y punzante frente a un San Martín acaso chato y apagado a partir del doble y flojo accionar de Nicolás Castro y Claudio Mosca. Ni hablar de Gonzalo Rodríguez, otro fuera de su eje esta tarde en casa del “Violeta”.

Pasó que Osco metió un gol (su remate rebotó en Lucas Diarte) de carambola y lo peor empezó a germinar en San Martín. Dálmine le ganaba porque fue superior apenas por un suspiro. A las duchas.

En el complemento la cosa no mejoró para el “Santo”. Pero el que sí hizo todo para apuntalar al grupo fue el ingresado Imbert, finalmente, el primer héroe de la jornada “santa”. Imbert aportó todo lo que los otros 11 que empezaron el juego no pudieron hacer: velocidad, despliegue, toque y reacción. Suficientes razones como para que el destino lo premie con el 1-1, tras un remeta cruzado.

A esta altura, a los 44 minutos del complemento, que San Martín haya logrado el empate era un premio válido solo para Imbert.

Ni hablar cuando llegó San Martín a desnivelar por completo el marcador. Dálmine hizo todo lo que pudo para perder. ¿Por qué? No supo castigar de contra y menos defenderse cuando el trámite del encuentro lo requería. Por algo está donde está en la tabla.

Y por algo está San Martín donde está también, siendo el líder que supo reciclarse a tiempo.

Está claro que los tres puntos hablarán de un triunfo tremendo desde lo emocional, pero es cierto que la dupla técnica debe estar preocupada. No por la intención de ir por todo del grupo, sino por los baches de incertidumbre que se genera en pleno partido y como como defiende a veces.

Diga que en el último suspiro Luciano Pons se vistió de asistidor en un tiro libre en el que sobraba un “Santo” y que el único que no se daba cuenta de ello era su propio rival. La cosa es que la pelota llegó a “Lucho” en la puerta del área y éste la metió a la zona roja. Solito, Moreira cabeceó fuerte y casi cruzado para someter a Dálmine y confirmar que San Martín jamás parece rendirse. Menos cuando lo tildan de perdedor parcial.

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