Un rondín fue baleado por cuatro asaltantes

“Roban hasta los cables de luz de las casas”

15 Feb 2020
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ESCENA DEL CRIMEN. Barraza fue baleado en Marina Alfaro 1.800

Nicolás Marcelino Barraza, de 50 años, estaba parado junto a una amiga de San Cayetano en la intersección de las calles Marina Alfaro y Lavaisse, mientras cumplía con su trabajo como cuidador en Villa Amalia, apenas pasadas las 22 del jueves. En ese momento, cuatro hombres que circulaban en dos motos se acercaron para robarles los celulares. Conforme al relato de allegados a la víctima, uno de ellos se bajó de la moto y lo amenazó con un arma de fuego. A pesar de la amenaza, Barraza se resistió y forcejeó con el ladrón, quien le disparó entre cuatro y cinco veces, logrando impactar dos veces en el cuerpo del rondín.

Momentos más tarde, Barraza fue trasladado hasta el hospital Padilla en una ambulancia del Centro de Atención Primaria de Salud (CAPS). Una vez en el centro de salud, fue intervenido quirúrgicamente durante varias horas. Hasta el cierre de esta edición, el hombre se encontraba internado en ese hospital.

Débora Altamiranda, hija de Barraza, contó que a su padre “le perforaron un pulmón, parte del intestino y un riñón”. “Los médicos tuvieron que extraerle el riñón porque dijeron que ya no funcionaba más”, informó.

“Justo fue mi mamá a comprar, y vio que él estaba en su lugar de trabajo. Cuando entró a la verdulería, escuchó los disparos. Al salir para ver qué pasaba, vio que era mi papá el que estaba en el piso”, explicó la mujer.

“Estoy destrozada. Mi papá es diabético e hipertenso, así que no sé cómo saldrá de esto”, agregó.

Según Altamiranda, las hermanas de su padre ya realizaron la denuncia en la comisaría novena. “Yo no fui porque lo único que quiero en estos momentos es que se recupere mi papá”.

Alejandra Tapia, una amiga de Barraza, también esperaba en la puerta del hospital que se mejore. “Jamás hubiese imaginado tener que venir a verlo acá. Pensar que cuatro infelices le destrozaron el cuerpo por un celular”, expresó.

“La situación en el barrio es insoportable, no se puede salir a la vereda por la cantidad de delincuencia que hay”, aseguró Tapia.

Algunos vecinos de la zona prefirieron no dar nombres a LA GACETA porque dijeron que el nivel de inseguridad es tan elevado, que tienen “miedo de morir si alguien se entera de que hablaron”. “Es impresionante la delincuencia que hay. Roban hasta los cables de luz de las casas”, reclamó una mujer.

No es la primera vez que en Villa Amalia se produce un incidente de características similares. El 9 de marzo del año pasado, el rondín Santiago Esteban Lizárraga murió producto de una puñalada que recibió cuando intentaba evitar un robo.

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