En el Día de San Valentín, un matrimonio para toda la vida

Las casualidades ocurren y pueden impactar en nuestra vida para siempre. Así pasó con un matrimonio tucumano que sigue compartiendo su amor con el paso de las décadas. 63 años, tres hijas, 10 nietos y seis bisnietos después, María Luisa y Rolando agradecen a la vida la familia que formaron. Por el Día de los Enamorados, conocé la historia de un matrimonio para toda la vida.

14 Feb 2020 Por Karen Fernández

“Tengo el cielo ganado con él”, asegura María Luisa Meloni (84 años) mirando a su esposo, Rolando Manuel Landro (89) con el que lleva casada 63 años. La pareja sigue confirmando su amor con el pasar de los años y ahora acompañados de su familia, se sienten orgullosos de los frutos de su matrimonio.

Rolando, nacido en La Rioja, vino a Tucumán en 1950 para desempeñarse como militar. Conoció a su actual esposa de casualidad en un velorio: era amigo del cuñado de María Luisa. Después de unos días se encontraron de nuevo en una fiesta, donde bailaron por primera vez. “Ella ya me había visto bien”, bromea Rolando con una foto de su juventud en la mano presumiendo su apariencia.

Comenzaron a frecuentarse. “Yo trabajaba, era cajera en una casa de deportes. Él fue una noche al centro y me esperó afuera, hablamos un rato pero le dije que a mi casa no podía ir. ¡Me iban a matar! Antes eso quedaba mal. Cuando recibías a tu novio, tenían que sí o sí estar los padres”, recordó María Luisa. Mientras caminaba de regreso a su casa, a la joven se le había ocurrido un plan. “Lo hice esperar como media hora en la esquina de mi casa. Entré primero y al rato él golpeó la puerta. Mi papá se dio cuenta al acto y me dijo: ¡no soy ningún tonto, vinieron juntos!”, contó imitando a su papá.

La relación siguió las estrictas reglas del padre de María Luisa: “teníamos tres días de visita a la semana, los miércoles, sábados y domingos. Rolando era militar y algunos días no podía ir a mi casa por su trabajo. Mi papá no nos dejaba cambiar ese día”, relató.

Iban a los bailes con sus padres, nunca solos. Al cabo de unos meses, Rolando le pidió a María Luisa que sea su novia; ella demoró en responder. “Sabía que estaba interesada en salir conmigo, sólo que se hizo desear. En una fiesta bailando el tango ‘Almagro’, de Gardel, me dijo que sí y se convirtió en mi novia. Hasta ahora ese sigue siendo nuestro tango preferido”, subrayó Rolando

El casamiento

El 2 de febrero de 1957 se casaron. María Luisa tenía 21 años y Rolando, 26. Ella recuerda que comenzó a prepararse desde temprano. “Amaba ir a la peluquería y usar trabas. La modista vino a mi casa y me vistió. Entré a la iglesia con mi hermano, porque mi papá ya había fallecido. Mi suegra fue la madrina, siempre me llevé muy bien con ella”, comentó.

“Ese día iba a entrar por la puerta de la iglesia de La Merced, casi me matan porque dicen que eso daba mala suerte. Me gritaron y me hicieron entrar por la secretaría. Tuve que esperar mucho tiempo, nos hacían sufrir a los novios. Pensé que ya no me casaba”, bromeó Rolando.

La fiesta tuvo lugar en la terraza de la casa de María Luisa, bailaron hasta el cansancio y luego descansaron en un hotel. “Nos fuimos de luna de miel y apenas salimos, ella lloraba todo el tiempo porque extrañaba a la madre”, recordó entre risas Rolando.

“Me amenazaban con que me iban a subir a un avión y me mandaban de vuelta a Tucumán. Siempre fui muy llorona, pero también cariñosa con mi familia ¡Era raro no estar con ellos!”, justificó la mujer.

Su familia

Tras dos años de matrimonio, llegó la primera hija, Liliana. Luego, tuvieron dos hijas más, Silvia y Adriana. Actualmente tienen 10 nietos y seis bisnietos.

Tanto María Luisa como Rolando eran los más chicos de sus hermanos y ambos perdieron al padre muy jóvenes. “Nuestros hermanos ya fallecieron. La vida se hizo un poco difícil. Pero recibimos mucho apoyo de nuestros hijos y nietos”, reconoció Rolando.

“Los nietos siempre fueron muy confidentes con nosotros. Ellos me cuentan sus secretos porque quieren que los aconseje y saben que nunca les voy a mentir. Siempre fuimos muy cariñosos y juguetones con ellos, pero nunca nos faltaron el respeto. Nuestras hijas siempre están con nosotros todo el día. Pongo las manos en el fuego por ellos”, afirmó Rolando.

La pareja también disfruta mucho el baile. “Él quiere salir a bailar ahora y yo le dijo ¡a dónde nos vamos a ir a caer!”, gritó María Luisa a carcajadas. Entre sus recuerdos más preciados, está aquella vez que bailaron en el patio del Teatro Colón en unas vacaciones.

Matrimonios de ahora

María Luisa no logra comprender por qué ahora los matrimonios duran tan poco. “Uno se pone de novio, se entiende, se ama y se comprende. Me parece lógico que llegue el matrimonio donde se jura amor, no hay que decir que ‘sí’ y después salir con otro. El casamiento es algo sagrado que es para estar bien toda la vida”, opinó. Insiste en que los problemas se tienen que solucionar hablando: “no es todo a la separación o a los golpes”, añadió.

“Nunca estuve de acuerdo con las separaciones. Eso pasa porque no hay un cariño formado, tampoco una responsabilidad. Hay que entender el amor, cuando uno quiere y siente que ama a alguien, se va entendiendo. Siempre hay que hablar, aunque sea lo más mínimo”, aportó Rolando. “Es muy lindo cuando uno se enamora, se vive ilusionado. Nunca hay que perder el respeto al otro. Tampoco hay que alejarse de la familia”, agregó.

Toda una vida

“Hablando y comprendiéndonos, ya llevamos toda una vida juntos. Para ser sincera no me imaginaba durar tanto tiempo. Yo siempre dije que cuando me case iba a ser para siempre, y así me pasó con mi primer novio. Me tocó un hombre que aún me sigue comprendiendo”, confesó María Luisa.

Cuando están juntos suelen leer, rezar, mirar la tele y conversar. No pueden faltar los desayunos familiares de los domingos y aunque se pueden manejar solos cuando necesitan salir, siempre los acompaña una hija o un nieto. “Ahora la vieja se hizo jodida, pero reconozco que con ella me gané la lotería de por vida”, dijo Rolando mirando a su mujer con el mismo amor que hace 63 años.

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