¿Quién es el juez de la audiencia del caso Alperovich?

Enrique Pedicone fue intendente de Monteros. Pasó por la Legislatura, la Caja Popular y otras oficinas públicas. Hoy es magistrado, docente y estudiante.

16 Ene 2020

Sobre las blancas paredes del despacho de Enrique Luis Pedicone (55 años), en el 5° piso del Anexo de la sede penal de Tribunales, los cuadros, adornos y souvenirs dispuestos en la decoración evocan el sentido de justicia. Desde esa oficina, el juez nacido en San Salvador Jujuy -y “naturalizado” monterizo- afronta los desafíos que suele interponer la feria judicial de verano a los magistrados que quedan en funciones.

Y esta semana, aunque en los papeles se tratare de un caso más, el vocal de la Cámara de Apelaciones en lo Penal tuvo a su cargo una audiencia clave para el proceso con mayor impacto en la política local en el último año: la denuncia por presunto abuso sexual en contra del ex gobernador, hoy senador en uso de licencia, José Alperovich.

¿Quién es el hombre que tomó la decisión de habilitar las competencias simultáneas, tanto en el fuero provincial como en la Justicia Nacional con sede en Ciudad de Buenos Aires, hasta que la Corte resuelva?

1995. El letrado finaliza su gestión como intendente de Monteros.

Nacido el 2 de junio de 1964, comenzó en su juventud a estudiar Derecho en la UNT, aunque luego de un par de años decidió seguir cursando en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), donde se recibió de abogado a los 24 años. Allí no sólo conoció los fundamentos del derecho penal. De la mano de dos figuras emergentes del peronismo cordobés, José Manuel De la Sota y Juan Schiaretti, Pedicone se interiorizó en el mundo de los “muchachos” justicialistas.

Se matriculó en el Colegio de Abogados de Tucumán en abril de 1989. Pero pronto resolvería postergar su vocación como penalista para dedicarse a la política. En 1993, el entonces gobernador Ramón Bautista Ortega (PJ) convocó a quien era intendente de Monteros, Juan Antonio Ruiz Olivares (hoy legislador provincial), para que se hiciera cargo de la Secretaría del Interior, un rol estratégico desde lo político. “El Gallego” aceptó el desafío de “Palito”, por lo que los monterizos tuvieron que ir a las urnas. Pedicone, con 29 años, resultó electo en octubre de ese año con 4.929 votos. Luego de 20 años, el Partido Justicialista recuperaba las riendas de esa ciudad. Detrás quedaron Ernesto Sierra (Progreso Social), con 3.491 boletas; y Pedro Mansilla (Fuerza Republicana), con 1.171 sufragios.

Asumió un mes más tarde, acompañado por Ortega y su ministro de Gobierno, José Ricardo Falú. Tras el acto, celebrado en el Club Yatay, le contó a LA GACETA sus objetivos de gestión, y comenzó a dar muestras de su impronta. Pedicone contó que apuntaba a reducir el gasto político, porque la planta municipal tenía 600 agentes y el 95% del presupuesto se gastaba en sueldos. “La sociedad de Monteros necesitaba un cambio, un gobierno abierto, pluralista y democrático”, agregó el entonces flamante intendente peronista.

Pronto, la interna comenzó a notarse. En su primer discurso de apertura de sesiones, el 1 de marzo de 1994, el jefe municipal expresó una suerte de denuncia en contra de un empleado de la Municipalidad. El trabajador, asesorado por el dirigente radical Juan Roberto “Chino” Robles -quien estuvo presente en la audiencia del martes-, le inició y le ganó un juicio por injurias al intendente, que debió pagar una multa de $10.500 de la fecha.

1996. Como “vice” 1° de la Legislatura queda al frente del Ejecutivo, y dialoga con LA GACETA en el despacho del gobernador.

Los concejales del peronismo disidente a su gestión y el bussismo aprovecharon la oportunidad para, unidos, tratar de disponer la suspensión de Pedicone. El abogado, rápido de reflejos, “trabó” el proceso que había iniciado el Concejo Deliberante de Monteros y, tras obtener una cautelar de la Sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, continuó con su mandato en la Intendencia hasta completarlo.

El siguiente desafío electoral para el justicialista fue la Legislatura.

En 1995, mientras Antonio Domingo Bussi llegaba a la Gobernación, Pedicone obtenía una banca por la sección Oeste. La relación entre ellos estuvo signada por las tensiones. El abogado, pese a su juventud, fue designado vicepresidente 1° de la Cámara provincial. Su paso por el cuerpo colegiado está repleto de anécdotas. Una de las primeras tuvo lugar en diciembre de ese año, cuando terminó con una férula en la pierna, producto de las agresiones propinadas por un colega en Labor Parlamentaria.

En agosto de 1997, a un viaje de Bussi se le sumaron a las ausencias de los entonces vicegobernador, Raúl Topa, y presidente subrogante de la Legislatura, Pablo Baillo. Pedicone quedó en ejercicio del Poder Ejecutivo. Cuando se presentó en el despacho de la Casa de Gobierno, no había muebles. Tampoco ministros para hacer consultas. Trabajó ese día de pie. “Desinfección y limpieza”, argumentó la conducción bussista.

Al año siguiente, junto al bloque Justicialista, denunció el juego clandestino en la provincia. Recibió mensajes con amenazas, que fueron adjudicadas a “grupos de intimidadores”. Las tensiones marcaron el resto de su mandato en la Cámara provincial, que finalizó en 1999.

No volvió a ocupar cargos electivos, pero siguió en la función pública, ligado al derecho. En febrero de 2000, durante la gestión de Julio Miranda, asumió al frente de la Dirección de Personas Jurídicas.

Más adelante mantuvo un tenso enfrentamiento político con Alperovich. En 2003, lo retrucó con una solicitada en LA GACETA, en carácter de ex vicepresidente de la Caja Popular de Ahorros (CPA), negando cualquier tipo de hecho de corrupción en la entidad. “Vos me conocés, sabés que nunca hubiese tolerado situaciones semejantes”, remarcó. Luego de consignar 10 puntos, lo instó a llevar la cuestión ante la Justicia y el Tribunal de Cuentas. “José, serenate”, le aconsejó. Con posterioridad, y a través de una nueva solicitada, acusó a Alperovich de “terminar la ejecución de la Caja Popular” con la “entrega de 1.000 maquinitas a Cristóbal López”. “El peronismo lo puso para que, con este inédito superávit, sea usted ‘José el Hacedor’; pero lamentablemente pasará a la historia como ‘Pepe Maquinita’”, redactó Pedicone, esta vez firmando su mensaje como dirigente de la Nueva Generación Peronista.

El tiempo, al parecer, alivió las tensiones. En marzo de 2008, a través del decreto 709/1, el abogado fue designado como personal de Gabinete de la Secretaría General de la Gobernación, y se sumó al equipo de gestión que comandaba Alperovich.

En la magistratura

2002. Pedicone, en el acto de asunción de autoridades de la Caja.

La trayectoria de Pedicone da un giro definitivo hacia el derecho penal en 2015. Tras participar en los concursos del Consejo Asesor de la Magistratura, resultó ternado para asumir como vocal de Apelaciones; Alperovich propuso su designación, que fue avalada por la Legislatura. Así, cubrió la vacante de Elva Jiménez (hermana del ministro fiscal Edmundo Jiménez), quien se había jubilado como magistrada. Precisamente, el juez protagonizó diversos “cruces” formales con el jefe de los fiscales en los últimos años.

El caso “Alperovich” tuvo características inéditas para la Justicia tucumana. Sin embargo, no es el primer caso de relevancia pública que tiene a su cargo Pedicone. Participó, por ejemplo, en la confirmación del requerimiento de elevación a juicio en la causa “DAU”; y en uno de los procesos por el asesinato de la estudiante Paulina Lebbos (de hecho, Alberto Lebbos, padre de la víctima, celebró un fallo dictado por el magistrado, junto al juez Dante Ibáñez). Pedicone firmó además la ratificación de que el ex fiscal Carlos Albaca debía ser juzgado en un debate oral; y recientemente actuó en el caso “Lucía”.

Padre de dos hijos (una joven de 20, un varón de 14), está cursando un posgrado en Ciencias Sociales en la Facultad de Filosofía y Letras (UNT). Además, es docente -por concurso- en la casa de altos estudios, donde es profesor adjunto en las cátedras de Derecho Romano y Derecho Procesal Penal. Esta semana, su nombre estuvo en los diarios de todo el país. Sin embargo, el abogado ya tenía un lugar en la historia reciente de las instituciones tucumanas.

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