Por falta de vocaciones, los franciscanos se retiran de Tucumán

Cierran cuatro conventos en el país pero se abrirá una casa de retiro en Tafí del Valle. Fieles conmovidos. Esperan que el arzobispado se haga cargo del templo.

06 Dic 2019 Por Magena Valentié
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FAJAS DE CLAUSURA. La imagen de la Inmaculada Concepción, en su novena, con la nave central cerrada.

Las lágrimas mojan el mosaico gastado del templo de San Francisco. Detrás de las cintas de plástico de clausura, las imágenes de los santos desaparecen bajo tules de polvo. Solo la Inmaculada Concepción y San Cayetano se arriman al límite de la zona de peligro. A sus espaldas, todo es ruina y oscuridad.

Hay mucho dolor en la capilla del Santísimo el único lugar adonde pueden pasar los fieles, por un costado del templo vallado. Cada vez que se escuchan sollozos es porque alguien se acaba de enterar de que los franciscanos levantan el convento de Tucumán. Es la primera decisión que tomó el nuevo gobierno de la Provincia Franciscana de la Asunción de la Santísima Virgen del Río de la Plata para Argentina y Paraguay. Los cuatro frailes que hasta ahora viven en el convento de 25 Mayo y San Martín serán reubicados en otras comunidades del país.

“Me cuesta creer. Todavía no puedo hablar sin llorar”, confiesa Adriana Molina, que hace 16 años colabora en las misas. “Siento una mezcla de dolor e impotencia. Los frailes nos explican que son pocos, que muchos están muy viejitos y enfermos. Pero yo digo ¿por qué Tucumán? ¿Por qué nosotros?”, la voz se quiebra.

Después de 450 años de presencia franciscana la orden se va. Después de acompañar a los tucumanos desde Ibatín, donde construyeron el primer convento en el lugar señalado por el dedo de Diego de Villarroel. Se van los que fundaron la primera escuela del país, en Ibatín, en 1566. En el colegio franciscano se educaron Nicolás Avellaneda, Julio A. Roca, Juan Bautista Alberdi, Gregorio Aráoz de la Madrid, José Eusebio Colombres, Juan B. Terán y tantos otros tucumanos ilustres. Por suerte los colegios franciscanos de todo el país continuarán su tarea educativa porque se organizan de manera diferente.

Fray Emilio Luis Andrada provincial de la orden franciscana explicó a LA GACETA, desde Buenos Aires, la situación de la comunidad: “con mucho dolor decidimos cerrar cuatro presencias franciscanas. Esto implica entregar cinco parroquias a los obispados de cada lugar: el convento de San Antonio de Padua, en Buenos Aires; el de San Lorenzo en Rosario; el de Tucumán, el de Corrientes con la basílica de Nuestra Señora de la Merced y el de Caaguazú, en Paraguay. Nos quedan 13 presencias franciscanas”.

¿La razón? “No contamos con la cantidad de frailes necesaria para cubrir todas las necesidades. Con los que todavía están estudiando somos 100, pero si le restamos los que se están formando, los que no son sacerdotes (porque son hermanos) y los que están en edad avanzada, somos poco más de 50 frailes para la atención pastoral. El problema es que no tenemos vocaciones. Los frailes tenemos un promedio de edad de 69 años. Muchos tienen necesidad de ser atendidos en su enfermedad, entonces nos queda un margen muy reducido para atender el culto”, explica.

También la dinámica de la comunidad está cambiando. Los religiosos jóvenes ya no quieren vivir en conventos majestuosos y céntricos, prefieren estar en los barrios más pobres, al estilo Francisco. “Aspiran a nuevas formas de presencia. Han pedido que se abran dos casas, una en Paraguay, con un perfil misioneros en ambiente rural, y la otra (y aquí viene un consuelo para Tucumán) en Tafí del Valle. Pero esta última tendrá un perfil de casa de oración, abierta a la comunidad”, adelanta.

Fray Andrada promete no dejar el templo tucumano a su suerte. “Seguiremos gestionando la restauración del templo. Necesitamos que el Estado se haga cargo porque es un monumento histórico nacional”, dice. Los franciscanos ya avisaron al arzobispado que se van y ofrecen sus instalaciones para que se siga oficiando el culto. “No lo tengo confirmado, pero creo que el obispo estaría dispuesto a continuar con el culto, es decir, seguir celebrando misas, en fin. Tenemos que hacer un convenio”, confía.

¿Influyó en la decisión de los frailes la situación actual del templo de Tucumán? El silencio del otro lado del teléfono es casi una respuesta. “En algo, pero no fue determinante”, responde al fin. “En uno o dos años el templo volverá a estar bien, pero nuestro problema continúa. Debíamos tomar decisiones”, argumenta.

¿Por qué Tucumán, entonces? “Los templos de Córdoba, Catamarca, Santiago del Estero, todos son importantes, en algún lugar teníamos que tomar esta decisión y creemos que fue la correcta. De todos modos siempre está el sueño de volver...”, lanza como consuelo.

“Yo creo que esta no es la voluntad de Dios sino una decisión de los hombres”, prosigue Adriana, una vez que consigue reponerse de la emoción. Con los ojos rojos y la barbilla que le tiembla, reflexiona: “pero si Dios lo permite será por algo...”. Y de vuelta le cae la noche sobre los ojos: “pero es que los laicos franciscanos hemos venido luchando tanto por esto..., golpeando tantas puertas para que arreglen nuestro templo. Algunas se abrieron, otras no. Pero desde lo poco o muchos que hemos conseguido para se abran las puertas de la iglesia, cuando parecía que todo se iba encaminando, nos cae esta noticia. Para mí es durísima. Pasan los días y todavía no lo puedo digerir. Me imagino que va a llevar tiempo el duelo. Porque no pasa porque sea un lugar histórico, ni porque este convento haya albergado a los congresales de la Independencia, sino porque para nosotros esta es la casa de Dios”, dice mientras sus lágrimas mojan el mosaico.

Dicen que San Francisco de Asís solía repetir a sus hermanos la frase de Mateo 10,14 que dice: “Y cualquiera que no os reciba ni oiga vuestras palabras, al salir de esa casa o de esa ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies”.

La reacción en Santa Fe: feligreses y vecinos de San Lorenzo hicieron un abrazo simbólico al templo

“No puede haber convento sin la presencia de frailes”, gritaron feligreses y vecinos en la parroquia de San Lorenzo, Santa Fe, al tiempo que para anoche estaba programado un abrazo solidario al convento San Carlos, uno de los cuatro que cerrará la orden franciscana. Los frailes habitan desde hace más de 220 años en el lugar, son custodios del convento, la iglesia, el cementerio, un museo y dos colegios, el San Carlos y el Santa Mónica. Antiguamente el lugar fue ocupado por los jesuitas. Cuando fueron expulsados, la capilla existente, San Miguel, pasó a manos de los franciscanos, y así nació el colegio de San Carlos. El convento y la iglesia se encuentra en estado de abandono y necesitan urgente reparación.

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