ARA San Juan, una herida que no cierra: “quisiera vaciar el mar para recuperar a mi hijo”

La madre del tucumano Esteban García insiste en que no tiene certezas sobre lo que ocurrió aquel 15 de noviembre de 2017.

15 Nov 2019 Por Martín Soto
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EN MEMORIA. A la vuelta de su casa, en el barrio San Fernando, se pintó un mural en homenaje a los 44 marinos que iban a bordo del ARA San Juan. la gaceta / fotos de analia jaramillo

El submarino ARA San Juan yace desde hace dos años a 907 metros de profundidad en el Atlántico Sur. Reposa inalcanzable, en la soledad de la penumbra. Se sumergió para siempre a 460 kilómetros de la costa de Chubut, llevándose consigo la vida de 44 marinos. Se hundió hasta tocar el fondo, dejando en la superficie un dolor que no encuentra consuelo.

Victoria Morales es la madre del cabo principal Esteban García (31 años), que viajaba a bordo del buque que navegaba desde Ushuaia hacia la Base Naval de Mar del Plata. Afirma que todavía no tiene certezas respecto a lo que ocurrió con su hijo aquel 15 de noviembre de 2017. Reconoce que carga con un dolor punzante que está latente como el primer día. Admite que daría todo para poder sacarlo de lo más profundo del mar. “Quisiera vaciarlo para recuperar a mi hijo, como sea, de la manera que sea. Esa sensación como de destapar una pileta, sacar toda el agua para poder encontrarlo y tenerlo un lugar físico, para decir: ‘acá está mi hijo’”, confiesa en diálogo con LA GACETA.

Presente en todos lados

“Vicky”, como le dicen todos, vive con su marido, Luis García, en el barrio San Fernando, a sólo una cuadra del Canal Sur. En el ingreso a su casa cuelga una bandera argentina con la foto y el nombre del segundo de sus tres hijos, en medio de un jardín con decenas de plantas. En el interior, el comedor está inundado de fotos, recuerdos y homenajes que gritan que Esteban está muy presente.

HOMENAJE. En el comedor de la familia García abundan los recuerdos.

Los padres de uno de los dos tucumanos a bordo confiesan que el dolor no se apaciguó en este tiempo. Afirman que ha crecido porque aún hoy no tienen certezas respecto a lo que ocurrió dentro del buque clase TR-1700; incluso, confiesan casi apenados que todavía se ilusionan con que su hijo no haya estado en el submarino. “Una cosa es tener la certeza, pero lo único que tenemos es incertidumbre. Tampoco tenemos algo concreto que te garantice que ellos estaban adentro del submarino. Siempre se maneja, aunque sea ilógico pensarlo, la posibilidad de que te pueda llamar, de que pueda volver... Creo que el corazón de mamá y de papá no se resigna, porque no estamos preparados para perder un hijo. A veces, cuando me siento mal, mi marido me dice: ‘¿a dónde querés ir?, yo te llevo’. ‘A donde no me duela’, le digo. Pero no hay lugar donde no duela, el dolor está conmigo. El vacío que tenemos va con nosotros”, manifiesta con la voz llena de angustia.

En busca de justicia

Los progenitores del cabo principal, casado y padre de dos hijos, cuestionaron el trato que recibieron los familiares de los marinos de parte del Gobierno de la Nación y de la Armada Argentina. Hay una causa iniciada en la Justicia que se encuentra aún en la etapa de instrucción para determinar qué ocurrió a las 7.19 del 15 de noviembre de 2017, cuando se perdió el contacto con el submarino. Ocho horas antes, el jefe de operaciones había informado sobre un principio de incendio en el tanque de baterías número 3, provocado al parecer por el ingreso de agua por el sistema de ventilación.

“Pasaron dos años y todavía no tienen certezas de lo que pasó. Ya se murió el papá de uno de los marinos y eso es lo que nos lleva a pensar también que nosotros terminemos nuestra vida y no lleguemos a la verdad. Ojalá que mis nietos, sus hijos, lleguen a saber qué pasó con su papá. Creo que merecemos que haya Justicia y que los que tengan la culpa de lo que pasó, porque realmente hay culpables, que paguen. Son 44 familias que quedaron destrozadas. Son 65 niños que quedaron sin sus padres”, remarcan entre banderas argentinas que prepararon para llevar a Mar del Plata (se informa por separado).

Sin poder sentir orgullo

“Vicky” asegura que desde que perdió a su hijo del medio en el fondo del océano tuvo que comenzar un tratamiento psiquiátrico. Cuenta que la tragedia los unió como familia y que no hay día que pase sin que recuerden a Esteban. “No hay día ni momento a que el tema no lo lleve a pensar en él. De repente se te viene a la memoria una canción, un olor, un color, lo que sea. Hasta hace poco le mandaba mensajes de Whatsapp…”, admite. Afirma también que, al no tener dónde ir a llevarle flores a su hijo, le habla a una foto suya. “Le digo: mirá lo que tengo que pasar por vos, pero lo haría mil veces... Has luchado tanto en esta vida para ser alguien y mirá ahora dónde estás”, lamenta la mujer, que revela que está en contacto permanente con las familias de los otros marinos.

García remarca que sabe que su hijo, como los otros 43 tripulantes, son héroes. Sin embargo, aclara que en su pecho solo hay angustia y desolación. “No podemos sentir orgullo. Ahora no podemos sentir orgullo. El dolor no nos deja sentir orgullo, esto va a ser así siempre”.

Los restos del submarino fueron encontrados el 17 de noviembre de 2018 por el buque Seabed Constructor, perteneciente a Ocean Infinity, una firma estadounidense contratada por el gobierno nacional para llevar adelante la búsqueda.

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