Un logo de Los Vázquez que recorrerá el mundo

La experiencia de recuperación se replicará en África y América.

10 Nov 2019 Por Martín Dzienczarski
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COSTURA. Susana (izquierda) revisa junto a Laura las terminaciones en una bolsa. Atrás, Yoel (gorra), espera para coser un delantal de cocina. la gaceta / foto de Ines Quinteros Orio (archivo)

La labor de taller textil montado en el patio de la casa de Víctor Guerra, en Los Vázquez, está más alegre que siempre. El grupo que se recupera de las adicciones y que confecciona delantales de cocina recibió una buena noticia. El Consejo Latinoamericano de Investigación para la Paz (Claip), reconoció su tarea como proyecto de reinserción y recuperación de las adicciones: será replicado en África y en otros puntos de Latinoamérica.

“Es una alegría tremenda. Imaginate el logo que hicimos como reconocimiento del barrio, un chico arriba de un carrito a caballo, viajó al Congreso por la Paz en Brasil y ahora van a hacer nuestro proceso para ayudar a más chicas y chicos”, contaba Guerra, mientras se dedicaba a coser el parche del bolsillo de un delantal.

Hace unos meses, le habían encargado al grupo hacer unas bolsitas de tela, con el logo del congreso, para entregar como souvenir. En la cumbre presentaron al proyecto y resolvieron darle un reconocimiento, invitando a un miembro al próximo encuentro y replicando la experiencia en otros países.

“El reconocimiento se lo da el Consejo Latinoamericano de Investigación para la Paz, Claip, por sus siglas en inglés. El Claip organiza un congreso de estudios e investigación para la paz cada dos años. En Brasil se decidió en la reunión de asamblea que el de Los Vázquez fue uno de los proyectos que más conmovió. Se resolvió que para el próximo, en Honduras 2021, lo llevemos a Víctor Guerra como líder del grupo y que cuente cómo continúa la actividad”, explica María Teresa Muñoz, secretaria general del Claip.

Muñoz explicó que en el congreso estuvo el secretario general de IPRA (por International Peace Research Association, en inglés), la entidad que engloba a Claip. “Matt Meyer participó del congreso; le conté del proyecto. Le encantó. Luego partió a Ciudad del Cabo (Sudáfrica), para la reunión regional de África. Llevó el proyecto para que lo repliquen en ese continente. Ahora también se reunirá la región de América Anglosajona y también se replicará ahí. De hecho, los países que participaron, México, Honduras, Colombia, Costa Rica, Paraguay, también emularán la experiencia de Los Vázquez. Es emocionante”, agrega.

“Es hermoso el reconocimiento. Sirve para demostrar que sí se puede salir de las adicciones. Nos gustaría que, así como nosotros tenemos esta oportunidad, mucha gente más la tenga. No sólo en esos países donde llevan nuestra historia, sino más chicos acá en Tucumán. Nos gustaría conseguir fondos y comprar pasajes para que más chicos del grupo puedan ir al congreso en Honduras”, cuenta Guerra.

El patio, un taller

Tablas de madera sobre algunos caballetes y cajones de bebidas forman las mesadas de trabajo donde unos 12 chicas y chicos se dividen las tareas. Cortar, hilvanar, coser, agregar bolsillos y tiras, marcar el logo e imprimirlo con serigrafía. Entre todo eso, juegan algunos chicos, correteando las gallinas de la casa de “Yor”.

Gabriela Morales Perrone, una de las psicólogas a cargo de la coordinación del equipo (junto a Emilio Mustafá, Gustavo Cortes y Laura Ruiz de Huidobro), explica que el grupo de recuperación terapéutico funciona desde hace cinco años. Que a fines del año pasado recibieron una donación de tela, tres rollos de rayón negro elástico, de la Aduana. “Por iniciativa de los chicos, nos pusimos en contacto con la Universidad San Pablo-T -con la que ya habíamos trabajado en una experiencia de chacinados-, para trabajar con la parte textil. La universidad ofreció una capacitación con alumnos y docentes de la carrera Diseño Textil. Empezó muy paulatinamente porque la tarea en el taller está marcada por la temporalidad del trabajo de recuperación de las adicciones. La centralidad es la salud. Empezaron cuatro y ahora son 12, en total”, recuerda la psicóloga.

La marca emula a un niño sobre un carro a caballo, un emblema barrial.

“El logo fue pensado por ellos y lo materializó el diseñador gráfico Hugo Carrizo. La impronta es de ellos. El carro a caballo es un elemento fundacional del barrio, y ahora es el símbolo de los chicos del grupo que luchan para salir de las adicciones y ejercer sus derechos”, sigue Morales Perrone. “El grupo también gestiona un merendero. En total son 32 integrantes, pero dependiendo de su etapa de recuperación, siempre hay entre 12 y 20 personas”, agrega. En el taller ahora, están Silvia Guerra, Cecilia Ruiz, Yoel Jorge, Yor, Matías Vera, Pablo Gómez, Carlos Gómez, Susana Décima y Manuel Décima. En diciembre, el grupo pondrá a la venta los delantales y bolsas de compras.

“Vengo a las 14.30 o 15, los martes. Y me despabilo. No me engancho con el tema de las adicciones, estoy concentrado”, cuenta Yoel, 25 años, brazos con cicatrices, sonrisa graciosa. “Llevo cuatro años en el grupo, intentando recuperarme. Con algunas caídas”, cuenta antes de hacer una pausa larga. Baja la cabeza para que la visera de la gorra le cubra todo cuanto se pueda. “Para mí significa todo, compadre. Que nuestras cosas, el caballo de Manuel y su hijo, se hayan hecho marca, como si fuera marca de ropa, y que llegue a Brasil. Hay gente que nos compra los delantales y está contenta con la marca. Algo de nosotros, de este barrio, empezó a ser nombrado por cosas buenas. No somos sinónimo de porquería, como mucha gente escuchamos que nos destrata”, continúa Yoel.

A él lo que le duele es la discriminación. “Nos ven con una cara de... de drogados. Si andas con cara seria, porque sos así, la gente se te aleja en el colectivo. Esconden sus cosas. Del otro lado del colectivo escuchas que hablan bajito, que mirá el drogado ese, mirale los brazos cortados. A mí me importa un chinche eso. No sé, que te discriminan se siente como muchas cosas a la vez. No me salen las palabras para contarte qué siento. Acá siento el apoyo de todos que me dicen que no afloje, que no tome más pastillas, más merca. Los escucho y no puedo sostenerme. Me agarra una convulsión, necesito, necesito, necesito. Acá estoy mas tranquilo y al menos por un rato no pienso en droga”, suelta sin pausa Yoel. Cuando esté recuperado, quiere un trabajo. “Cuesta conseguir trabajo, porque te ven y es como si cargara una pila de sal en la espalda: para mí no hay trabajo”, deja de hablar.

En la vereda, Matías Vera limpia los restos de pintura de la placa de serigrafía. “Esto es bueno, loco, significa que tenemos la oportunidad de hacer algo para nosotros mismos, salir adelante por algo. Así le respondemos a todos los que dicen que los adictos son irrecuperables, que nos tienen que poner una bomba en la villa. Soy adicto, trato de salir y tengo cosas para vivir. Me drogo porque tengo muchos problemas, soy una persona cerrada y no digo nada. Me trago muchas cosas que me duelen y con la droga hago una banda de tonteras”, cuenta en cuclillas, abocado a la limpieza. “Ojalá este taller pueda continuar, que más gente también tenga oportunidades como esta en sus barrios. Ojalá podamos salir de las adicciones, que no haya pobreza, porque está todo muy chombi. Que todos tengan la oportunidad de salir”, termina.

“Lo de Los Vázquez es esperanzador”

“Así como trabajan los chicos de Los Vázquez quizás se pueda terminar de tener narcotráfico. Si bien el consumo se da en todas las clases sociales, es mucho mayor la problemática en los sectores de bajos o nulos recursos. Esos contextos son el caldo de cultivo del narcomenudeo, de la trata y las migraciones. La crisis por el narcotráfico no cesará si no se modifican las condiciones de marginación social. Lo de Los Vázquez es esperanzador”, reflexionó María Teresa Muñoz, secretaria general del Consejo Latinoamericano de Investigación para la Paz.

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