La filosofía hoy: ¿en qué piensan los filósofos cuando piensan?

El jueves 21 la Unesco celebrará el Día Mundial de la Filosofía. Esta disciplina, antes desligada de la experiencia, hoy llega desde el teatro, el cine y las letras

10 Nov 2019 Por Hernán Miranda
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Cuenta la tradición que uno de los jóvenes que corrían detrás de Sócrates se llamaba Platón y escribía tragedias. Tenía 20 años y no quería ser solo filósofo, sino también dramaturgo. Pero Sócrates les imponía una condición a sus alumnos: si querían conversar con él, no debían dedicarse al teatro. Así que Platón rompió las tragedias que había escrito y se dedicó a escribir sus trágicos diálogos.

Aunque la relación entre la ficción y la filosofía no empezó bien, este divorcio no duraría para siempre: por el contrario, desde la década del 30 los filósofos contemporáneos se han acostumbrado a considerar que su actividad y la del dramaturgo son compatibles. Tan compatibles que algunos, como Albert Camus y Jean-Paul Sartre, se rebelaron contra Sócrates y se dedicaron a los dos oficios.

De acuerdo con Lucía Piossek Prebisch, profesora emérita de Filosofía Contemporánea de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), esto sucedió porque muchos pensadores se convencieron del hondo parentesco que existe entre ambas formas de expresión. “Ellos buscan en la forma dramática una filosofía en estado naciente, más fresca y más pura que el pensamiento aprisionado en sistemas sospechosos y tratados convencionales”, explica.

Sin embargo, formas de expresión como la literatura y el cine parecen parientes más cercanos al teatro que la filosofía. ¿O no será que la ficción, como gran metáfora del mundo, es una de las fuentes de la reflexión filosófica? ¿Y no será que los espectadores piensan en lo mismo en que con más solemnidad piensan los filósofos?

Primer acto

Los guionistas y los directores de cine, herederos contemporáneos de los dramaturgos, compartieron desde el principio esta incipiente amistad con la filosofía. José Guzzi, docente de Estética de la UNT, explica que la invención de la cámara acortó la distancia entre el público y la obra de arte: “la técnica en la que se basa el cine contribuye a su propia difusión. Al trabajar con imágenes y reproducirlas, acerca a las masas la posibilidad de pensar las cosas del mundo de otro modo”. Aunque eso no significa, aclara, que todo cine sea filosófico.

Pero antes de llevar la reflexión al gran público, el cine y el teatro han tentado a los guionistas y directores: “hay la irresistible necesidad -transmite Piossek Prebisch- de singularizar lo universal, porque el pensador no puede ocuparse de los abismales conceptos de la vida y el mundo sin concretarlos en una imagen más acorde a nuestra medida. Este es el atractivo mágico del teatro para la filosofía”.

Segundo acto

Sócrates y Platón habían cerrado sus ojos físicos ante el espectáculo de la vida para abrir los ojos de la inteligencia y contemplar las esencias; contra ellos, la filosofía del siglo XX reconoció que el pensamiento debe plegarse con humildad a las contradicciones de la existencia. “En realidad -aclara Piossek Prebisch- lo que ha pasado es que el hombre teórico, antes exclusivo contemplador de esencias, ha reabierto su ojo físico para ver el drama de la existencia y se ha aproximado así al hombre del quehacer teatral”.

Si en una dirección los filósofos han dado un paso hacia la vida cotidiana, en la otra la conversación diaria ha saltado hacia la filosofía. En este sentido, Guzzi nota que su difusión a través de plataformas audiovisuales ha roto la idea de que ella está reservada a una pequeña élite intelectual. “La aparición de la filosofía en el cine, por ejemplo, da cuenta del acercamiento del ciudadano común a los problemas filosóficos. Muchos filósofos hoy pensamos que hay muchos modos de hacer filosofía y que todas las personas, en mayor o menor medida, se plantean preguntas filosóficas”, atestigua.

Tercer acto

De esta manera, el cine y el teatro ilustran las grandes cuestiones que la tradición filosófica siempre trató de abstraer y generalizar. Hace ya tiempo, las obras de Sartre y Camus instalaron en el escenario la idea de absurdo y caos que permeaba el espíritu de su época. Hoy, del mismo modo, una película como “Guasón”, de Todd Phillips, todavía en cartelera, ofrece una metáfora irónica y crítica de los grandes temas del sentido de la vida o la política. “Hay toda una línea de películas sobre superhéroes y antihéroes -observa Guzzi- que no solo ha profundizado los perfiles psicológicos de los personajes, sino que además ha planteado cuestiones relativas a conflictos morales y políticos. Es un ejemplo de cómo la filosofía y el cine coinciden en mostrar un marco problemático de la condición humana”.

Al fin y al cabo, la filosofía, como el arte, se ocupa del problema del hombre. “Estoy convencida -expresa Piossek Prebisch- de que la experiencia vivida es una de las fuentes del pensar filosófico. Y más aún: creo que esa experiencia necesita del pensar para poner de manifiesto el trasfondo de la trama espesa de nuestras vidas”.

Quizá el anciano Sócrates no habría visto en esto una herejía. Tal vez en el mundo inteligible, que fue su cine y su teatro, ya se habían entrometido escenas de la tragedia cotidiana de la vida.

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