Las elecciones pasaron, las urgencias de Tucumán, no

31 Oct 2019

Hubo una segunda ceremonia oficial en Tucumán el martes, posterior a la asunción de Juan Manzur en su segundo mandato en Tucumán. Fue mucho más reservada que el acto durante el cual el Presidente electo, Alberto Fernández, le colocó los atributos del mando al gobernador, rodeado de mandatarios provinciales, intendentes, empresarios y sindicalistas. Sin embargo, la jura de los ministros en el gabinete tucumano fue igualmente trascendente.

Por un lado, durante este segundo acontecimiento protocolar el jefe del Estado tucumano hizo un mea culpa, poco habitual en él y en la dirigencia política argentina. “Pido disculpas por los errores que cometí”, manifestó Manzur. Que sea un asunto discursivo no implica que se trate de un hecho menor. Este diario, mediante producciones periodísticas en sus diversas plataformas, notas de opinión y desde esta columna editorial, ha marcado en incontables oportunidades los que ha considerado yerros en la gestión pública provincial. La más próxima en el tiempo ha sido el empleo del avión sanitario de la Provincia para trasladar a la intendenta de La Matanza a un acto político aquí, en septiembre, con Fernández. El martes, cuando también estuvo Verónica Magario en la provincia, el traslado del sucesor de Mauricio Macri y compañía se realizó con aviones privados y con aeronaves que no son del Estado tucumano.

Pero hay algo más por rescatar en el discurso de Manzur a sus funcionarios y a los familiares de sus colaboradores: les manifestó que gracias a la pericia de los ministros y de los secretario, muchas equivocaciones son evitadas o, en su defecto, disimuladas. Esa idea de que el Gobierno es un equipo y no el monopolio de una voluntad es una noción necesaria para la democracia. Reforzada por un último planteo: “No les pido que se pongan la camiseta de Manzur o de (Osvaldo) Jaldo, sino la de la provincia”, solicitó el mandatario.

No será difícil saber en el corto plazo si lo invocado por el jefe de Estado se trató de un discurso de ocasión para la platea o si fue un sincero lineamiento de gestión, porque los desafíos que enfrentará la segunda gobernación manzurista (descriptos en la edición de ayer) presentan una complejidad que sólo puede abordarse mediante el trabajo en equipo.

La compensación automática de los salarios de los empleados públicos con la inflación anual será un doble desafío. Por un lado, es económico: la “cláusula gatillo” negociada en 2018 incrementó la planilla salarial en casi un 50%, y se espera otro tanto para los sueldos de este año. No será sencillo obtener los recursos para enfrentar ese acuerdo. Y apenas se afronte esa prueba en enero, al mes siguiente comenzará otra paritaria. Por otro lado, es financiero: mantener el equilibrio fiscal es la clave para llevar adelante una gestión no sólo ordenada, sino también previsible. Nada de eso será posible sin el trabajo conjunto de los ministerios de Gobierno y de Economía. La coordinación gubernamental también será indispensable para encarar políticas sociales integrales destinadas a combatir la pobreza y la inseguridad. El equilibrio del erario también dependerá de una gestión exitosa en materia de exportación y de biocombustibles. A la salud de las cuentas públicas, a su vez, estará sujeta la “paz social” de los municipios y las comunas, y la meta de mantener los 180 días de clases en los ciclos lectivos.

Las elecciones ya han pasado. Las urgencias de Tucumán, no.

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