Andrés Calamaro: "la música es una lámpara maravillosa"

Con pasaje a Las Vegas, los comentaristas ubican “Cargar la suerte”, el decimoquinto álbum de estudio solista de Andrés Calamaro, entre sus hitos discográficos y en el mismo nivel de “Alta suciedad” (1997) y de “Honestidad brutal” (1999). Esto se refleja en los Grammy Latinos 2020, donde el Salmón es el artista argentino más nominado. Acumula cuatro nominaciones: álbum del año y mejor álbum pop/rock; grabación del año y Mejor canción de rock por “Verdades afiladas”. La ceremonia de entrega será el 14 de noviembre en el MGM Grand Garden Arena, en Las Vegas.

13 Oct 2019 Por Alicia Liliana Fernández
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Es irreverente, sarcástico, inteligente, talentoso, creativo, prolífico... La lista de adjetivos a la medida de uno de los íconos del rock nacional siempre puede alargarse. Mientras se nos van ocurriendo, Andrés Calamaro estará escribiendo canciones que refieran su vida, o no. Estará desplegando su capacidad de crear y de contar historias en sus letras. Las articulará con su música, otra marca. Y al final todos creeremos que hacer canciones es tarea sencilla.

Buenos Aires, varias ciudades de España, Bolivia, Chile, Brasil y Paraguay ya saben cómo suena en vivo su última producción, “Cargar la suerte”, que es también el nombre de la gira que está por desplegar en la etapa argentina.

Este viaje por territorio nacional conocido comenzará en Tucumán el jueves, a las 22, en el Club Floresta (avenida Colón 471). El músico le concedió una entrevista exclusiva a LA GACETA, por la vía epistolar, y al mejor estilo Salmón.

- ¿Cómo fue tu evolución? ¿En tus comienzos te veías componiendo o sólo aspirabas a ser parte de una banda?

- Era aspirante a músico y no pensaba en canciones; la música iba por otro lado más complejo, por la fusión y el jazz rock. Cuando empecé era así. Todos queríamos ser parte de una banda, sólo componían los grandes artistas del rock. En mis primeros 15 años jamás pensé en grabar un disco solo, sin un grupo.

- Desde un libro, una obra de arte o una película trascendente hasta una frase o una anécdota trivial, todo parece inspirarte a componer canciones. ¿Es así?

- Por lo visto sí; no soy un verdadero compositor pero me gusta escribir todos los días. En el texto, las cosas trascendentes y las cotidianas miden lo mismo. Lo mismo pesa un refrán criollo que La Última Cena.

- Trabajás el circuito completo de la música, desde la composición hasta la performance en vivo o la grabación. ¿Hay alguna parte de ese proceso que disfrutés más?

- Disfruto del tiempo entre los procesos, cuando terminan las cosas y me quedo en casa. Antes o después de las giras, antes o después de los discos, está la vida.

- ¿Qué te produce llegar a la escucha de tu música grabada, concluida y redonda?

- Terminar una grabación es un trabajo arduo, en etapas, y lleva tiempo. Creo que nunca escucho el disco redondo y concluido. En las grabaciones, mi parte es trabajar en las canciones por separado, desde las maquetas hasta cantarlas o tocar algún instrumento. El disco “redondo y concluido” no lo escucho; ya escuché 100 veces cada canción. Una vez terminados, no vuelvo a escuchar los discos.

- Sos un compositor muy prolífico. ¿Sentís que no tenés límites creativos ni temporales en tu producción?

- No me tomo muy en serio como compositor. Tengo todos los límites; no podría escribir una sinfonía ni nada con armonías demasiado elaboradas. Escribo versos y textos breves, la mayoría de los cuales no van a ser canciones ni composiciones. Ahora mismo soy un intérprete o una persona sentada escribiendo.

- ¿Componer te demanda mucha energía o no te cuesta tanto?

- Alguna vez les puse demasiada energía a las grabaciones creativas; no sé componer en partituras. Una gira demanda mucha energía, son muchas responsabilidades y viajes permanentes. En cambio, escribir canciones es como estar de vacaciones.

- El amor es un tema esencial en tu música; ¿tanto como en tu vida?

- No. Ni siquiera es una palabra que tenga que estar en los diccionarios. Tiene demasiado significado o demasiado poco. Sólo conozco el amor obsesivo, el de los enamorados; es como una enfermedad mental. Amor por escrito es un invento del bolero o de la religión.

- ¿Cómo te llevás con la soledad?

- Muy bien. La soledad como virtud. Es un estado formidable que debería haber descubierto mucho antes; estábamos advertidos por grandes pensadores alemanes.

- ¿En tus canciones en primera persona, esta te referencia siempre o sólo a veces?

- La primera persona no me referencia a mí. Es como el “Martín Fierro”, que tampoco es José Hernández, pero está escrito en primera persona. La primera persona nos abarca al cantante y al oyente, nos incluye a todos. Otros autores escriben en segunda y tercera persona: todo está bien si está bien. La primera persona siempre está con nosotros.

- ¿Qué les decís a los que te critican por tus ideas fuera de la música?

- No saben cuáles son mis ideas fuera de la música ni tampoco dentro de la música; no tienen nada que criticar porque lo desconocen. Puedo cambiar de ideas como cambio de pantalones; no tiene nada de extraño. No creo en las convicciones demasiado sólidas ni en los principios elevados. Mucho menos creo en alguien que sostenga tenerlos. Fuera del mundo virtual nadie me critica, y el de afuera es el único mundo que existe.

- “Ahora soy torero y bandido”, declarás en “Cargar la suerte”, pero ¿no te sentiste así siempre?

- “Ahora” y “siempre” son la misma palabra.

- Hace unos 40 años que trabajás en la música. ¿Podrías sintetizar qué le ha dado a tu vida?

- Soy muy aficionado; me gusta la música de verdad. El trabajo me gusta menos, pero tiene sus momentos. Otra cosa es escuchar música y hablar de música, eso no tiene fisuras. Pero hacer de la música las responsabilidades es un compromiso. Sintetizando, la música es una lámpara maravillosa.

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