Enseñar a envejecer bien, una buena idea

09 Oct 2019

Según las proyecciones de la Dirección de Estadísticas de la Provincia, la población mayor de 80 años en Tucumán reúne a 32.000 ciudadanos. Si consideramos como adultos mayores a los que superan los 65 años, como lo establece la Organización Mundial de la Salud (OMS), ese número crece a 161.000. La cifra representa el 10% de la población tucumana. Es un segmento social que va en aumento porque las expectativas de vida se han incrementado en los últimos años; por ejemplo, es de 76 años en nuestro país y de 78 en Tucumán. En ese marco, cabe destacarse la iniciativa del hospital Avellaneda de pensar en este grupo etario al abrir talleres para ancianos a los fines de enseñarles a envejecer bien.

¿Se puede envejecer bien, y aprender a hacerlo? La respuesta positiva a esta pregunta por parte de la propia área de Gerontología del nosocomio invita al Estado a apostar por este tipo de iniciativas, si bien es necesario contar con una infraestructura adecuada para acometerla; además de presupuesto para desarrollarla.

El hospital Avellaneda, en ese sentido, tiene espacios para llevar adelante estos talleres donde, entre otras cosas sencillas, enseñan a los mayores algunos tips para evitar caídas que pueden resultar graves y condenarlos a un drama de vida. Más allá, los instruyen a usar el bastón por primera vez, o los hacen practicar ejercicios de baile. Es una forma de prevenir males mayores y de provocar destellos de felicidad, para sobrellevar mejor esta edad.

Si bien existen clínicas privadas para atender adultos mayores, quedan excluidos de la posibilidad de una atención especial los sectores sociales de menores recursos, de los que sí puede y se hace cargo el Estado. El hospital inició un camino que puede ser imitado, aunque haya que considerar los recursos con los que se debe contar. Si como se señala que Tucumán es la provincia más envejecida del NOA, es casi una obligación que se contemplen políticas especiales desde el propio Gobierno.

Esto, en algún momento, por lo que se advierte desde las proyecciones sobre crecimientos poblacionales, se va a convertir en una necesidad a partir de las nuevas costumbres sociales de los grupos familiares que integran a adultos mayores, porque la tendencia es que los integrantes del matrimonio trabajen; justamente los que se supone deben hacerse cargo de los ancianos. Entonces, debe tenerse en cuenta la búsqueda de alternativas no sólo desde el sector privado, sino también desde el ámbito estatal para mejorar la calidad de vida de los adultos mayores. Un desafío para toda la sociedad es ir pensando que ese grupo etario irá en aumento y que se necesitarán propuestas inteligentes para que los ancianos tengan un mejor pasar.

Es valorable, en ese aspecto, lo del hospital Avellaneda. A quien ingresa le realizan estudios generales, controles de visión y un test de marcha. Los profesionales los instruyen para que se alimenten bien, a reducir la ingesta de medicamentos y a prevenir enfermedades respiratorias.

¿Se puede envejecer bien? Se minimizan los márgenes para evitar accidentes a partir de algunos consejos mínimos y se efectúan ejercicios físicos para estimular una vida sana. O sea, se puede colaborar en mejorar la calidad de vida de los adultos mayores; para eso el Estado podría hacer un esfuerzo más en esa línea, pese a la crisis económica que traba cualquier proyecto social. Por lo menos, en un hospital hay sonrisas, eso tiene que provocar algún contagio.

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