Vivir enredados

Manzur se ha concentrado en atender sus preocupaciones cancillerescas de Alberto Fernández, mientras en la provincia hay temas que esperan su voz. La visita de Macri hizo crecer al intendente Noguera. Narcomenudeo apurado.

22 Sep 2019 Por Federico Diego van Mameren
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Vivir en las redes sociales es vivir en el paraíso. Cada uno se mueve en el mundo que le gusta con la gente que quiere y comparte y recibe información que le interesa sólo a esa persona. Lo que ocurre fuera de esa burbuja es ajeno, lejano y son cuestiones que les pasa a otros.

Varios líderes han vivido esta semana como si todo se desarrollara en esa red social y no en el mundo donde cada acción y cada decisión tocan las fibras más íntimas de los ciudadanos.

Juan Manzur se subió al avión y aterrizó entre rascacielos como gobernador de Tucumán y como presidente del Zicosur (Zona de Integración del Centro Oeste de América del Sur). Las alturas de los edificios lo marearon y le hicieron olvidar lo que se estaba viviendo en su provincia y sus roles.

Se puso el saco de canciller del supuesto gobierno del todavía no presidente Alberto Fernández de Kirchner. Y, fue más embajador que nunca. En ningún momento se olvidó de mostrar las habilidades y capacidades de su nuevo ídolo político. Se deshizo en elogios, pero nunca le explicó (o pidió disculpas) a los tucumanos para qué utilizó el avión sanitario de la provincia en beneficio de sus compañeros de cruzada política.

Como esos jugadores habilidosos que de tanto hacer jueguitos en medio de la cancha en vez de avanzar, hizo una de más e hizo retroceder a su equipo. Manzur no fue noticia precisamente, por sus logros sino por sus excesos en los últimos días. Y, tal vez, su yerro mayúsculo es que dejó al descubierto que su relación con Fernández no sólo está anudada por esos fortísimos lazos que suele tejer la amistad. También hay plata de por medio. Fue entonces cuando sorprendió la información que los empresarios tucumanos eran los que más aportes habían hecho a la campaña de la fórmula Fernández-Fernández. Los tucumanos pueden sentirse orgullosos y más peronistas que nunca, pero el problema es que también fue un síntoma de debilidad para la fórmula que necesita conquistar o consolidar votos en otros bastiones con más dudas que Tucumán que, desde siempre, ha sido peronista.

El tío rico

Paralelamente, a estos sucesos se destapó una ficha inesperada. Lo sacaron a pasear a Hugo Sigman, el multifacético benefactor de la política comarcana. Se trata del empresario del Grupo Insud que tiene la mirada puesta en los laboratorios, en el agro, en el cine, la naturaleza y el diseño por citar algunas de sus múltiples actividades e inversiones en la Argentina y del otro lado del Atlántico. Tiene también atado algunos referentes políticos como Felipe González, quien no hace mucho caminó por el Jardín de la República elogiando a Manzur.

Sigman no salió como el sonriente amigo de Juan y Alberto. Fue duramente criticado por la oposición y especialmente por Elisa Carrió, quien vino a presentar su libro Vida, pero de paso habló del país según su particular prisma.

De ser el hombre probo y el empresario emprendedor que estaba cerca de Manzur se convirtió en un empresario que especula con esta campaña y que aprovecha el rol del mandatario provincial.

De nada de esto habló Manzur en los Estados Unidos. Se quedó entusiasmado dentro de su propia red social donde su risa suena más estentórea que nunca, e hizo como si nada pasara a su alrededor. Sólo le preocupó presumir con su candidato a presidente.

El error

Mauricio Macri dio un paseo por Tucumán aprovechando la ausencia de quien alguna vez hubo de haber sido un interlocutor válido. Eran las épocas en las que nacía el canciller Manzur y moría el hombre que José Alperovich pudo inventar. El presidente de la Nación llegó hasta estos lares con los guantes puestos y con esa indumentaria es difícil abrazar.

La visita tuvo más gente de la que se esperaba y ese baño de popularidad el mismísimo día en que se volvía a aumentar la nafta pese a la promesa de congelamiento fue vital para el pulso electoral de Macri.

Sin embargo, el entorno tucumano también se quedó enredado en su red… social. La polémica por la inauguración de un Jardín de Infantes tuvo un solo ganador: el intendente de Tafí Viejo Javier Noguera, a quien se lo conoció en todo el país por sus tuits, por sus ironías y, en todo caso, porque terminó desafiando al Presidente de la Nación. Los cada vez más inexpertos de la comunicación macrista lejos de ayudar a su líder lo dejaron discutiendo innecesariamente con un rival de otra categoría.

Por otra parte, fue triste ver cómo el jardín de infantes se convertía en las armas elegidas para este duelo político. En las redes este tipo de enfrentamiento puede dar que hablar y también réditos (muchos me gusta) pero se quedan en ese circo. No aportan nada específico. Bastaba un pequeño intercambio entre peronistas y macristas y los chicos tenían su jardín. Veinticuatro horas después se consiguió caminar sobre la cordura y abrió esta escuela para niñitos. Pero la confusión es tal que después de que se había solucionado el conflicto y se había decidido la apertura del jardín, el diputado tucumano José Cano insistió con el mismo tema como si estuviera encerrado en su propia burbuja.

Atontados por la droga

En la red social legislativa se hace lo que manda el jefe. Y Osvaldo Jaldo dispuso que se redactara una ley para que cualquier cuestión vinculada al narcomenudeo se trate en la Justicia provincial. Y todos obedecieron, hasta los opositores. Pero la verdad es que esta norma se impuso más que porque Jaldo dio la orden, por la desorientación que tiene la sociedad con el tema droga. La ciudadanía está harta de ver cómo jóvenes, adolescentes, adultos y hasta algunos niños se van metiendo en la droga sin que nadie haga nada. Y, antes que el hartazgo llegue hasta los legisladores, éstos unánimemente hicieron la ley.

Pero simplemente buscaron el aplauso fácil y los pulgares para arriba. El Poder Judicial no está en condiciones de afrontar tamaña responsabilidad, o, en todo caso, carecen de fondos para hacerlo. No tiene los laboratorios para encarar la tarea. Faltan los recursos humanos para afrontar y debería constituir una policía judicial que está muy lejos de ser real por ahora. La estructura debería tener la autonomía que ni siquiera algunos jueces tienen, pero nadie está en condiciones de asegurarla. El presupuesto es incalculable.

Una vez más no han podido dialogar para que este problema de la sociedad sea atacado en forma conjunta. Cada uno se ha quedado en su mundo. Cuando aterrice Manzur no le va a quedar más remedio que dejar de mirar para otro lado y tendrá que promulgar o vetar esta norma fundamental para que la sociedad sienta que, de alguna manera, se preocupan por ella.

El ministro fiscal tucumano advirtió esta semana que es de muy difícil ejecución. Edmundo Jiménez, quien como Manzur mira para otro lado cuando se le consulta sobre el uso partidario del avión de los tucumanos, ha sido muy concreto en la imposibilidad de cumplir con la ley de narcomenudeo. No obstante, espera que aterrice Manzur para ver qué hace con la lapicera.

La red de los cortesanos

En las altas esferas de los Tribunales navegan sobre aguas calmas. La designación de la última vocal, la ex fiscala de Estado Eleonora Rodríguez Campos ha puesto cierto quicio. Ya no hay especulaciones sobre designaciones o vacancias. Esa certidumbre ha puesto cierta tranquilidad en la Corte Suprema.

El otro ex fiscal y también ex peronista Daniel Leiva se ha aferrado a sus costumbres y su vicio de madrugador lo ha convertido en el gran árbitro de los magistrados. Sus controles de horarios y reglamentos ayudan al ordenamiento del Palacio. El trabajo en la presidencia de Daniel Posse tranquiliza a algunos magistrados y a los otros poderes. El problema que afronta el titular de la Corte para ser reelecto en ese rol, tiene cara de mujer. La única que podría reunir más votos es Claudia Sbdar quien hasta ahora podría contar con los votos del propio Posse (que alguna vez prometió su apoyo hacia la rubia vocal) y el de Antonio Estofán. Leiva, en tanto, si bien va ganando respeto con su trabajo interno, no puede aspirar a semejante honor cuando no ha cumplido un año y Eleonora Rodríguez Campos sabe que el tiempo es su mayor capital.

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