A la final, con juego y alma - LA GACETA Tucumán

A la final, con juego y alma

El macizo trabajo colectivo y una tarea majestuosa de Scola fueron los soportes del enorme triunfo sobre Francia en la semifinal por 80-66. Mañana, final con España

14 Sep 2019 Por Eduardo Herrera
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Nadie pudo con el capitán Luis Scola. Como en esta acción, filtrándose entre Mbaye y Gobert. Luifa anotó 28 puntos y tomó 13 rebotes. reuters

Diecisiete años después de aquella final perdida contra Yugoslavia en Indianápolis, que se decidió en la prórroga (77-84), y a 69 de haber conquistado el primer título de la historia contra Estados Unidos en el Luna Park, el seleccionado argentino irá por su segunda corona y el primer oro fuera del país en el Campeonato Mundial de Basquetbol de China.

Una sublime demostración de juego, cimentada desde el campo trasero, le permitió dominar con total autoridad en el cruce semifinal a Francia, 80-66, para citarse con España mañana a partir de las 9 en el Wukesong Sport Arena, de Pekín, el mismo escenario donde horas antes, el equipo de Sergio Scariolo, firmó su boleto a la final en dos tiempos extras ante Australia, 95-88.

Una defensa rocosa, casi impenetrable para los “Bleus”, que venían de convertirle 89 puntos a Estados Unidos, empezó siendo el soporte colectivo esencial en la construcción del triunfo. Ya la había sufrido Serbia en cuartos, aun con sus cinco NBA y talla promedio de 2,05 en su plantilla. Y ante los de Vincent Collet, la “Albiceleste”-además de no concederle ningún cuarto, 21/18, 18/14, 21/16 y 20/18- logró restringir al mínimo la gravitación de sus hombres clave, como Rudy Gobert (2.16), el pivot de Utah Jazz que atormentó en cuartos al “Dream Team”, despachándose con 21 puntos, 16 rebotes, tres tapas y dos asistencias. Ayer, fue una sombra y terminó con tres unidades y 11 capturas en 29’.

Un balance defensivo que rozó la perfeccción conllevaba a ataques fluidos, difíciles de frenar para la marca francesa, cuyos hombres denotaban frustración en sus rostros porque enfrente tenían a un equipo con carácter, talante ganador y que no bajó la intensidad en el ritmo hasta que sonó la bocina final.

Desde lo posicional y lo estratégico, Argentina mandó siempre en el curso del partido, tal como lo ideó Sergio Hernández. Y los jugadores fueron fieles ejecutantes de ese plan. Y más allá de priorizar siempre el sentido colectivo del juego, los nombres propios también resaltan en esta colosal victoria y la marcha invicta en el Mundial.

Primero, “Su Majestad” Luis Scola, que en cada acción parece desmentir los 39 años que indican su matrícula de identidad: 28 puntos (3/4 en triples), dos asistencias y 13 rebotes. Y qué decir del supersónico Facundo Campazzo (12 puntos, siete rebotes, seis asistencias).

La sociedad “Luifa”-“Facu” sacó buenos réditos del pick and pop (bloqueo y apertura), una derivación del movimiento de pick and roll (cortina y continuación), marca registrada años atrás por el “Gran Capitán” y otro base de enorme jerarquía que vistió la blanquiceleste, Pablo Prigioni.

Referencia aparte a la frescura y audacia de Gabriel Deck (13) o el mismo Luca Vildoza (10), despojados por completo del peso que supone jugar una semifinal mundialista.

Aunque en este duelo y en gran parte del torneo hayan cumplido roles menos relevantes, Marcos Delía (el encargado de fajarse con Gobert, de gran evolución e indispensable en el equipo), Nicolás Laprovittola, Patricio Garino, Tayavk Galizzi, Máximo Fjellerup, Agustín Caffaro y Nicolás Brussino (el único que no entró fue Lucio Redivo), sumaron a la causa de un seleccionado que no conoce de derrotas camino a la final.

Para dimensionar la calidad del juego argentino, bien vale destacar la opinión pospoartido del propio entrenador francés: “fue un dominio completo de Argentina, desde el primer hasta el último minuto. Fueron más agresivos. Argentina jugó mucho más en conjunto que nosotros”.

Argentina, está claro, no llegó a China con el rótulo de candidata. Pero fue haciendo su propio camino y en cada partido fue elevando sus producciones, cuanto mayor era el nivel de los adversarios. Fue ganándose el respeto y lo suyo ya no sorprende. Es el “Alma argentina”, apelativo que se ganó por derecho propio. Un equipo que emociona por juego y personalidad, y ya tiene ganado un lugar en la historia.

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